La adjudicación de los nuevos canales TDT contenía una llamativa cláusula en el BOE que facilitaba el arrendamiento o la venta de las licencias en un plazo demasiado corto: “Se valorará el compromiso del licitador de no transmitir ni arrendar la licencia transcurridos dos años desde la adjudicación”. Han pasado ya dos años de la adjudicación de las licencias y en abril canales como TEN cumplirán dos años en antena sin ni siquiera vislumbrar el “break even” por unas escuálidas recaudaciones publicitarias y unas audiencias marginales. El citado canal ronda el 0,2% de share, pero la jugosa licencia podría ser vendida o arrendada a Sony, que desde hace años pelea por regresar a la televisión en abierto tras haber roto hace años su acuerdo con Unidad Editorial.

La compañía americana pretende contar con un canal de ficción en abierto y en estos momentos hay tres señales que pueden comprometer a sus editores: Trece, que pese a los 60 millones de euros de pérdidas sigue contando con la confianza de la Conferencia Episcopal; DKiss, que mantiene un acuerdo privilegiado con Discovery; y TEN, que no ha contado con la producción propia prometida por Raúl Berdonés. Sin embargo este trío de operadores sabe que cuentan con un jugoso activo con un valor de mercado que rondaría los 30 millones de euros: la licencia TDT. Este bote salvavidas podría suponer un alivio para las cuentas de Radio Blanca o de los medios de la Conferencia Episcopal, pero en los últimos tiempos se han intensificado la negociaciones de Sony con TEN o Trece. 

En principio el Grupo COPE ha planteado la posibilidad de rebajar su sangría a través de un acuerdo con un operador que le provea de contenidos. El problema es que Trece todavía tiene la intención de mantener dos franjas propias: una matinal para la emisión de la programación socio-religiosa y un espacio de actualidad en prime-time de carácter informativo. Estas dos franjas penalizan la posibilidad de la entrada de Sony, que también sabe de las dificultades de operar a través de DKiss porque Blas Herrero pretende mantenerse como operador, tal y como ha demostrado con su posición activa al frente de un organismo paralelo a UTECA.

El gran favorito para comenzar a emitir la programación de Sony es TEN, que ha irrumpido con muchas dificultades en la TDT pese a la inversión de 22 millones de euros del Grupo Secuoya en su primer ejercicio. Recuerden que la compañía americana tendría dos opciones para volver a la televisión estatal: alquilar la señal (5 millones de euros de pago a Cellnex y otros 2,5 de alquiler al operador) o comprar la misma por alrededor de 30 millones de euros (más el pago anual por emitir). La ventaja con la que cuentan Sony, Discovery, Paramount o Disney es que cuentan con la ingente programación de su matriz americana, hecho que rebaja costes al contar con una parrilla competitiva sin necesidad de acometer grandes inversiones. 

Fuentes del sector señalan que Secuoya no se ha encontrado cómoda con TEN “porque su negocio se sustenta en ser proveedor de contenidos y medios técnicos sus competidores, y no en operar con un canal todavía minoritario”. Esta posible operación marcará en parte el futuro de la TDT, que cuenta con dos grupos divididos: UTECA, liderada por Atresmedia y Mediaset y en situación de bloqueo por los nuevos operadores, que a su vez han puesto en pie la Asociación Española de Televisiones Digitales Terrestres. Ambas trincheras tendrán que enterrar el hacha de guerra para ponerse de acuerdo con su interés común, que es llevar la transición digital a buen puerto. Los pequeños todavía se muestran reticentes porque denuncian que los grandes cuentan con una posición de privilegio al vender el 80% de la publicidad con el 55% de share (maniqueísmo que oculta el share de TVE y que los dos grandes operadores rondan el 70% de share en prime-time y en target-comercial).

Y por eso piden nuevas cláusulas que intervengan su comercialización publicitaria y exigen pagar menos por la emisión de la señal. Los grandes por su parte miran con recelo la política de Marín Quemada (presidente de la CNMC) por las reiteradas multas por diversos asuntos mientras “no se atreven a regular el monopolio de Google, la publicidad erótica de la red o los contenidos para adultos a cualquier hora de plataformas como Netflix”.