El mundo de Valle Salvaje no deja de asombrarnos. Cada secuencia es un polvorín a punto de estallar, y más les valdría la pena recordar que el episodio de este jueves 8 de mayo será uno de los más intensos hasta el momento. La llegada de los Condes de Castromayor contagia los aires de la hacienda con una tensión insoportable.
Victoria, en su zona de confort, se prepara para brillar, pero Mercedes acecha desde un rincón, lista para asestar el golpe mortal. Es en esta coyuntura donde este, el anhelado camino a los secretos que se guardan bajo mil llaves, aparece de pronto ensombrecido. Por otro lado, las relaciones ocultas podrían pagar un precio demasiado alto.
VICTORIA VS. MERCEDES

En Valle Salvaje, Victoria ha invertido demasiado tiempo esta noche como para que no funcione. Desde que se enteró de la visita de los condes, su cabeza se ha puesto en marcha para calcular cada movimiento: el vestido, las joyas, incluso el tono de voz con el que se va a dirigir a ellos. Pero en Valle Salvaje, los planes mejor trazados presentan grietas. Mercedes, siempre a la zaga, ha vigilado uno a uno sus pasos, ha ido analizando sus debilidades. Y ahora, en el momento más delicado de la velada, está preparada para hacerlas estallar.
La cena empieza con una elegancia engañosa. Los condes, unos personajes de modales exquisitos, parecen haber quedado impresionados por la amabilidad de Victoria, pero Mercedes, esa espectadora discreta desde un segundo plano, despliega su estrategia milimetrada. Un vaso de vino derramado «accidentalmente» sobre el vestido que lleva puesto Victoria… Una pregunta incómoda sobre el pasado de Pilara que la deja sin palabras.
Cualquiera que sea la violación -por pequeña que sea- es una puntada de la red que va tejiendo alrededor de su rival. Victoria atrapada ahora entre la furia y la necesidad de mantener las formas siente que va perdiendo el control. El golpe final llega cuando uno de los criados -a órdenes de Mercedes- hace caer un comentario sobre la «verdadera naturaleza» de Victoria.
Los condes a pesar de ser educados, se lanzan una mirada que lo dice todo, en cuestión de segundos meses de trabajo se desvanecen. Es ahora cuando Victoria sabe que ha subestimado a Mercedes, sí, pero la pregunta que se le va a ocurrir es si habrá algo que la ayude a recuperar su terreno perdido o si, esta vez, habrá jugado sus cartas demasiado pronto?
UN AMOR BAJO SOSPECHA EN VALLE SALVAJE

Luisa es consciente de que cualquier encuentro con Alejo es un franco peligro en Valle Salvaje. A pesar de lo que él dice, de que no hay nada que temer, ella se da cuenta de las miradas de los demás criados, de los murmullos que se acallan a su entrada en las estancias que comparte, del amor de Valle Salvaje, que es un lujo reservado a muy pocos. Y ahora, más todavía que antes, porque Isabel le ha dado la voz de alarma, la presión es insoportable.
Alejo, no obstante, abundando en la toma de riesgos, se deja ver en lugares donde no puede aparecer, busca su mirada a través de la convención durante las reuniones de familia. ¿Es valentía o es imprudencia? La conversación que escucha entre Rafael y Úrsula le pone los pelos de punta. No entiende del todo de qué hablan, pero «herencias», «mentiras» y «lo que Pilara escondía» se pronuncian, entrecuñadas, en la conversación.
Luisa tiene sus dudas. Se plantea si debería hablar con Alejo de algo, pero teme que la relación entre ellos ya los haya puesto en lo suficientemente peligro. Además, hay algo en cómo mira Úrsula a Rafael… esa complicidad que no parece encajar con la imagen pública de ambos. Lo que le acaba de dar el empujón es una carta anónima. Un papel arrugado que aparece bajo la almohada: «Deja de salir con Alejo, o pagarás las consecuencias.
Sin firma, Luisa no la necesita para darse cuenta de que lo que lee es verdad. Ahora elige: dejarse llevar por lo que siente y asumir el riesgo, o cortar de raíz lo que siente para sobrevivir. Alejo se entera y se enfada. «¿Vamos a dejar que unas cobardes anónimas decidan por nosotros?», le grita. Pero Luisa ya no cree en nada. ¿Está dispuesta a perderlo todo por su amor?
LA VENGANZA NO CONOCE LÍMITES

Las maletas ya están listas y el corazón de Raimunda se desgarra. Valle Salvaje ya no es su hogar, si alguna vez lo fue. Pero Atanasio, cegado por la rabia, interpreta su huida como una nueva traición. Para él, huir es confesar su culpa. Y no está dispuesto a permitirlo. Mientras ella se despide, en silencio, de aquellos lugares que había amado, Atanasio, por el contrario, reúne «pruebas» sobre ella, convencido de que su venganza tiene sentido.
Pero, ¿qué pasará el día que descubra que quizás el verdadero enemigo no es el que, al final, provocó su venganza? La noche de su marcha, Raimunda recibe una visita inesperada. Atanasio irrumpe en su habitación, con los ojos inyectados de sangre, gritando que confiese. «Admite lo que hiciste», le grita. Ella, agotada, le dice que se lo piense mejor: él sólo escucha lo que quiere oír.
En su manía no repara en que alguien más es quien mueve los hilos. ¿Quién es la que le ha inoculado tal idea? ¿Y ahora, en este momento preciso, justo cuando tiene la intención de dejar el lugar Raimunda? El instante de aire amenazante por el que se concreta este enfrentamiento tiene su propia malicia. A medida que asoma el alba, Raimunda se retira, pero Atanasio asegura que esto no queda así.
«Volveré por ti», sugiere, aunque no hay evidencia ni certeza de si la escucha. Lo que sí escucha, por el contrario, es una risa lejana. Atanasio gira la cabeza, intentando dar con la persona o entidad que ha emitido tan sonoro sonido, sin embargo, no atisba a nadie en el aire lucido que se confunde con la luminaria de la sala. Lo que sí les aseguro es que la venganza de Atanasio no ha hecho nada más que comenzar. Las consecuencias llegarán a alcanzar a todos los habitantes de Valle Salvaje.













































































