Barcelona pierde empadronados por primera vez desde 2023: la crisis de la vivienda expulsa a los residentes

La ciudad pierde 1.700 vecinos en 2026, un descenso del 0,1% que los analistas atribuyen al encarecimiento del metro cuadrado. La demanda se desplaza hacia el área metropolitana, donde los precios son significativamente más bajos y la movilidad permite mantener la vida laboral.

Barcelona ha roto en 2026 su racha de crecimiento demográfico. Los datos de la Oficina Municipal de Datos del Ayuntamiento colocan el padrón en 1.729.963 habitantes, una caída del 0,1 % respecto al año anterior y la primera contracción desde 2023. La lectura que comparten los analistas es inmediata: el precio de la vivienda se ha convertido en una barrera que expulsa a los residentes hacia la periferia.

El factor vivienda tras el freno demográfico

El descenso es moderado pero significativo porque se produce en un contexto de saldo migratorio positivo: en 2025 Barcelona recibió 11.383 llegadas netas, que no lograron compensar la pérdida natural de 3.549 vecinos. “Cuando una ciudad genera empleo, atrae inmigración y aun así deja de crecer, hay que preguntarse qué está fallando. La respuesta más clara está en la vivienda”, explica Mercedes Blanco, CEO de Vecinos Felices y vocal de PIMEC en el Consell Assessor de l’Habitatge.

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Blanco señala que la demanda no ha desaparecido, sino que ha cambiado de código postal. El precio medio del alquiler en Barcelona supera los 22 euros por metro cuadrado, según los portales inmobiliarios, lo que deja una cuota mensual inasumible para muchos hogares. Mientras, el mercado de compraventa sigue marcado por la escasez de suelo y una oferta rígida que no absorbe la presión.

La fuga a la primera corona: L’Hospitalet, Badalona y Sant Adrià ganan residentes

El trasvase demográfico se está produciendo hacia municipios como L’Hospitalet de Llobregat, Badalona o Sant Adrià de Besòs, que mantienen una conexión casi inmediata con Barcelona pero con precios significativamente más asequibles. “La gente ya no busca donde quiere vivir, sino donde puede pagar”, resume la responsable de Vecinos Felices.

Estas localidades de la primera corona metropolitana están absorbiendo a familias que conservan su empleo en Barcelona pero que reducen el esfuerzo económico dedicado a la vivienda. La movilidad diaria y la continuidad urbanística hacen que el salto sea menos traumático que una mudanza a otra provincia.

El fenómeno no es nuevo, pero se ha acelerado en los últimos dos años coincidiendo con la escalada de los alquileres y la aplicación de los índices de referencia en zonas tensionadas que no terminan de destensar el mercado.

La demanda no ha desaparecido: ha cambiado de código postal y se concentra en la corona metropolitana.

La Ficha del Inversor

Desde el punto de vista del inversor, el dato del padrón confirma una tendencia que el mercado inmobiliario ya descontaba: el atractivo residencial de Barcelona no está en cuestión, pero la rentabilidad se reconfigura. La ciudad sigue siendo uno de los polos laborales y turísticos de Europa, y su escasez de suelo mantiene una protección natural para los precios del centro.

Sin embargo, el descenso de empadronados —por leve que sea— enfría las proyecciones de revalorización ilimitada y obliga a mirar con más atención el área metropolitana. Para el pequeño inversor, las viviendas en localidades como L’Hospitalet o Sant Adrià ofrecen yields brutos cercanos al 5,5 %, casi un punto por encima de los del centro de Barcelona, con un riesgo de impago similar y una demanda sostenida por la expulsión de la capital.

La lectura a cinco años es mixta: la capital mantiene un cap rate comprimido que puede no compensar a quien busque flujo de caja inmediato, mientras la corona metropolitana se perfila como el escenario más dinámico para el alquiler residencial. La gran incógnita es hasta qué punto la Administración será capaz de acelerar la producción de vivienda asequible dentro del término municipal y si las nuevas promociones de Build to Rent anunciadas para zonas como la Marina o La Sagrera modificarán el balance.

El patrón que observamos recuerda al vivido por otras grandes capitales europeas —París o Londres— cuando la presión de los precios empujó a las clases medias hacia la segunda corona. La pregunta clave es si Barcelona repetirá ese guion sin una corrección de oferta que lo atempere.


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