A estas alturas nadie duda de que el de los autónomos ha sido uno de los colectivos más perjudicados por la pandemia. Más que por ella en sí misma por las consecuencias económicas que se han derivado.
Aunque esto ya se sabía, ahora un informe del Banco de España ha venido a ratificarlo. Confirmando el empobrecimiento de quienes trabajan por cuenta propia. Ellos han perdido más renta que los asalariados y los jubilados.
Informe del Banco de España

La institución ha presentado el estudio “Desigualdad y bienestar psicológico en tiempos de Covid-19: evidencia de España”. Una de sus conclusiones más importantes es la desigualdad económica generada en los hogares españoles por la pandemia.
Destaca que las rentas más bajas fueron las más afectadas. Las más altas perdieron un 6,8% de sus ingresos y las más altas un 27%. Esto ha contribuido al empobrecimiento de la población.
Los autónomos, los más afectados

El informe también destaca que los autónomos sufrieron una fuerte caída de sus ingresos durante los primeros meses de la pandemia. Situación que afectó más a aquellos trabajadores por cuenta propia que ya tenían rentas bajas.
Los autónomos con menos rendimientos perdieron hasta un 46% de sus ingresos. En noviembre de 2020 apenas habían recuperado un 17% de lo perdido. Y ello a pesar de las ayudas públicas.
Los profesionales con rentas altas tampoco se libraron

Mientras que la pérdida de ingresos en asalariados con rentas altas no fue demasiado elevada, en el caso de los autónomos con ingresos más altos su situación tampoco ha sido buena.
Es cierto que han perdido menos que los profesionales por cuenta propia con rentas más bajas pero, aún así, han tenido pérdidas que se sitúan de media en un 30%.
La diferencia entre ser esencial y no esencial

En muchos casos el volumen de pérdida de ingresos de los autónomos se justifica en función de si su actividad fue declarada esencial o no esencial. Los que realizaban tareas esenciales perdieron un 30% de sus ingresos.
Quienes realizaban actividades declaradas como no esenciales estuvieron más tiempo sun poder trabajar, lo que les llevó a pérdidas de rentabilidad de hasta un 60%.
Una situación muy complicada

La llegada de la pandemia de Covid-19 no se lo puso fácil a nadie. Pero en el caso de los autónomos muchos de ellos tuvieron que pasar semanas y hasta meses sin trabajar, como en el caso de los dedicados al ocio nocturno.
Aquellos que sí pudieron empezar a trabajar tras el confinamiento de 2020, han visto como la recuperación no ha sido tan rápida cómo se esperaba. La llegada de nuevas oleadas de la infección han paralizado o ralentizado la actividad en muchas ocasiones.
La recuperación no llega

A pesar de que la situación ha mejorado, la recuperación económica no termina de mejorar. La caída de ingresos fue tan grande que recuperar lo perdido se ve como algo prácticamente imposible.
A día de hoy dos de cada tres autónomos siguen teniendo un nivel de facturación más bajo que antes de la pandemia. Esto se debe a que la economía de los consumidores se ha visto muy afectada y ahora gastan menos.
La subida de precios no ayuda a los autónomos

Cuando por fin la pandemia empieza a remitir, la situación global sigue sin mejorar. Los últimos meses han estado marcados por la subida de la inflación, que ha provocado una importante subida en los precios.
La falta de suministros también se ha convertido en un fenómeno bastante común. En consecuencia, los gastos de ejercer una actividad por cuenta propia se han disparado, haciendo descender la rentabilidad de los negocios.
La guerra agrava la situación

Los expertos esperaban que la situación de alta inflación empezara a remitir con la llegada del verano, pero el comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania plantea un nuevo escenario muy complicado.
El conflicto está generando importantes subidas en el precio de los combustibles, la luz y el gas, así como nuevas subidas en el precio de los productos básicos. Esto hace que el día a día de los autónomos sea cada vez más complicado, con un incremento de los gastos de actividad difícil de asumir.
La recuperación no llegará hasta 2023

Hace unos meses se vislumbraba 2022 como el año de la recuperación económica para los autónomos, las empresas y las familias, pero ahora todos somos conscientes de que eso no va a ser así.
Los expertos confían en que la situación empiece a cambiar a partir de 2023, pero con la guerra en curso todo es incertidumbre. Además, nadie olvida que el virus sigue aquí y hay riesgo de nuevas variantes que podrían desencadenar nuevas oleadas.
Muchos autónomos se plantean cesar en su actividad

Con la situación tal y como está, y con una negociación sobre la cotización basada en ingresos reales que no termina de convencer a los afectados, muchos declaran que se están planteando darse de baja en el RETA.
Un 8,2% de los encuestados en el XIII Barómetro de ATA manifiestan que su situación es tan mala que se plantean dar por finalizada su actividad el año que viene si las cosas no cambian.







































