En relación con la tosferina, en el corazón de la provincia de León, en la pintoresca localidad de Cubillas de los Oteros, se encuentra una tradición peculiar que ha despertado tanto curiosidad como controversia: el uso del humo del tren como remedio popular contra esta enfermedad. Esta práctica, que puede parecer extraña a las generaciones más jóvenes, era común entre los habitantes del lugar, quienes, en su infancia, acudían a las vías del tren con la esperanza de prevenir esta infección respiratoria.
¿Qué es la tosferina?

La tosferina, es una de las enfermedades altamente contagiosas, lo que ha sido motivo de preocupación en diversas épocas, especialmente entre los más pequeños. En un contexto donde los tratamientos médicos modernos no estaban tan accesibles, los vecinos de Cubillas de los Oteros buscaron soluciones en su entorno, y el vapor de las locomotoras se convirtió en un recurso insólito pero popular.
Este fenómeno no solo refleja la creatividad y la resiliencia de una comunidad ante la adversidad, sino que también plantea interrogantes sobre la relación entre las tradiciones locales y la medicina contemporánea.
La costumbre de poner a los bebés y niños a respirar el humo del tren

A medida que exploramos esta curiosa costumbre, es fundamental considerar los aspectos históricos, culturales y sociales que la rodean. ¿Qué llevó a los padres a confiar en esta práctica? ¿Cuáles eran las creencias y conocimientos de salud de la época? A través de relatos de quienes vivieron esta experiencia, desentrañaremos los mitos y realidades de este singular remedio, al mismo tiempo que reflexionamos sobre la evolución de las prácticas de salud en nuestras comunidades.
La historia de Cubillas de los Oteros no solo es un testimonio de la lucha contra la tosferina, sino también una ventana al pasado que nos invita a cuestionar cómo nuestras raíces influyen en las decisiones de salud en el presente.
Algo arraigado en la memoria de pueblo
En la memoria colectiva de Cubillas de los Oteros, un pequeño pueblo de León, se encuentra una práctica que ha suscitado tanto asombro como reflexión: la costumbre de respirar el humo de las locomotoras de tren como un remedio popular contra la tosferina. Esta curiosa tradición, que puede parecer anacrónica en la actualidad, revela cómo las comunidades han buscado soluciones creativas ante problemas de salud en épocas pasadas. A través de los relatos de quienes vivieron esta experiencia, exploraremos la conexión entre la cultura local y la medicina popular, así como el contexto histórico que rodeó esta práctica.
La voz de la tradición: Machado y el tren

El famoso poeta Antonio Machado, en su obra «El Tren», capturó la esencia del sonido de las locomotoras, describiendo cómo «la máquina resuella y tose con tos ferina». Esta evocadora imagen no solo refleja la realidad de la época, sino que también establece una analogía entre el tren y la enfermedad que afectaba a muchos niños en aquellos años.
Para aquellos nacidos en la década de 1940, el tren no solo era un medio de transporte, sino también un símbolo de esperanza en la lucha contra la tosferina, una enfermedad que en ese entonces causaba estragos en la población infantil.
Recuerdos de una práctica inusual: la orden de los mayores

Delia, una mujer de 81 años oriunda de Cubillas de los Oteros, recuerda vívidamente cómo se organizaban los niños en el andén de la estación cada vez que el tren se acercaba. «¡Niños: uno, dos, tres, respirad ahora!» era la orden que resonaba entre los pequeños, quienes se alineaban expectantes, listos para inhalar los vapores que emanaban de la locomotora. Este ritual, que se repetía con cada paso del tren, era una respuesta a la desesperación de los padres que buscaban proteger a sus hijos de una enfermedad que, sin la existencia de vacunas, podía ser fatal.
El humo como esperanza: un remedio para todos

La escena era conmovedora: decenas de niños, e incluso bebés recién nacidos, acudían a la estación en busca de alivio. Los adultos llevaban a los más pequeños en brazos, convencidos de que el humo del tren podría ofrecer algún tipo de protección o cura. «Recuerdo cómo estábamos en fila, aspirando con fuerza todo el humo que salía al arrancar», relata Delia, quien junto a su madre y hermanos, participaba de esta práctica con la esperanza de evitar la tosferina.
La tosferina y sus consecuencias: una enfermedad letal

La tosferina, causada por la bacteria Bordetella pertussis, era una amenaza real para la salud infantil en la España de la posguerra. Sin las vacunas que hoy consideramos esenciales, la enfermedad podía ser devastadora, especialmente para los bebés menores de seis meses. En un contexto donde los recursos médicos eran limitados, las comunidades se vieron obligadas a confiar en remedios populares y tradiciones locales para proteger a sus seres queridos.
La práctica de respirar el humo del tren en Cubillas de los Oteros es un ejemplo fascinante de cómo las comunidades han lidiado con problemas de salud a lo largo de la historia. Aunque hoy en día pueda parecer una solución insólita, refleja la creatividad y la determinación de un pueblo que buscaba proteger a sus hijos en tiempos difíciles. Este legado cultural nos invita a reflexionar sobre nuestras propias prácticas de salud y cómo, a veces, las tradiciones pueden ofrecer un sentido de comunidad y esperanza en la adversidad.
Un legado cultural

La historia de los niños de Cubillas de los Oteros y su peculiar remedio contra la tosferina es un testimonio de la lucha humana por la salud y el bienestar, un recordatorio de que, en la búsqueda de soluciones, a menudo recurrimos a lo que tenemos a mano: en este caso, el vapor de una locomotora y la fuerza de la comunidad.
Vecinas de la localidad recuerdan vívidamente cómo las madres, en un acto de desesperación y esperanza, llevaban a sus bebés al andén de la estación cada vez que el tren llegaba. La creencia popular sostenía que el humo que emanaba de la locomotora podía ayudar a curar la tosferina y otras afecciones respiratorias. «Les asomaban al andén para que les diera el humo», comenta una de las vecinas, capturando la esencia de una costumbre que, aunque extraña para los estándares actuales, era vista como una solución viable en aquellos tiempos.
El poder del azufre en el humo: un componente curativo

La creencia en los beneficios del humo del tren podría estar relacionada con uno de sus componentes: el azufre. Este mineral, conocido por sus propiedades terapéuticas, se utiliza en la actualidad en muchos balnearios para tratar afecciones respiratorias. La asociación entre el azufre y la mejora de la salud puede haber contribuido a la popularización de esta práctica, dando origen a una tradición que, aunque peligrosa, ofrecía un atisbo de esperanza a las familias.
Documentación histórica de la práctica: referencias en la prensa

En 1926, la Revista Todo Trenes publicó un artículo titulado «Aquel saludable vapor familiar…», que hacía eco de esta costumbre que se extendía por diversas localidades del país. El artículo no solo documenta la práctica, sino que también menciona cómo algunas familias llegaban a pagar a los maquinistas para que mantuvieran el tren parado durante un rato más, permitiendo así que los niños pudieran inhalar el humo por más tiempo. Esta anécdota ilustra la desesperación de los padres y la importancia que otorgaban a esta práctica en su búsqueda de alivio para sus hijos.
El riesgo de los remedios populares: un contexto de desconocimiento

La dependencia de remedios populares como el humo del tren refleja un tiempo de escaso conocimiento médico y una limitada disponibilidad de tratamientos efectivos. Con o sin prescripción médica, estas prácticas, aunque bien intencionadas, podían poner en riesgo la salud de las personas. La inhalación de sustancias nocivas en busca de curas para enfermedades respiratorias puede parecer imprudente hoy en día, pero en aquel momento, era una respuesta a la falta de alternativas.
Un legado cultural y social

La historia de las madres de Cubillas de los Oteros y su peculiar remedio contra la tosferina es un testimonio de la lucha humana por la salud y el bienestar. Aunque hoy en día estas prácticas pueden parecer absurdas, ofrecen una ventana a un pasado donde la comunidad y la tradición desempeñaban un papel crucial en la vida cotidiana.
Este legado cultural nos invita a reflexionar sobre la evolución de la medicina y la importancia de la educación en salud, recordándonos que, a menudo, las soluciones más simples pueden surgir de la desesperación y el amor por nuestros seres queridos.
Las comunidades trataban de curar con lo poco que tenían

En definitiva, la práctica de respirar el humo del tren es un recordatorio de cómo las comunidades han buscado respuestas en tiempos de crisis, y cómo la historia de la medicina popular sigue influyendo en nuestra comprensión de la salud y la enfermedad.






















































































