Endesa y Naturgy se enfrentan a un futuro complejo. Las excepcionales, aunque cada vez más frecuentes, condiciones que vive el mercado del gas en Europa amenazan con dejarlas atrapadas en sus multimillonarios contratos -a muy largo plazo- de importación desde Estados Unidos.

El problema, entre otros, es que los precios en EEUU son más altos que en Europa, a lo que se le añaden los costes de envío. Esto provoca una caída en los retornos previstos. Una situación que, de continuar como parece, podría llevar a que ambas compañías revisen e, incluso, cancelen dichos acuerdos, según señalan fuentes financieras. Una decisión que, por ejemplo, ya tomó Iberdrola en verano.

El movimiento estratégico se cerró años atrás, en concreto en 2014. Así, los altos costes de quemar carbón, con los derechos de emisión por las nubes, y la caída del precio del gas, han empujado a las energéticas a refugiarse en dicha materia prima. En otras palabras, los ciclos han tomado el protagonismo del mercado mayorista de electricidad. Para sacarle un mayor provecho se ideó un abastecimiento al por mayor con la estadounidense Cheniere, con grandes contratos que proporcionaría un precio más barato que terminaría por salir a cuenta. Aunque ahora, los analistas no están tan convencidos.

En concreto, la firma que preside José Bogas, que fue la primera, firmó un contrato con la estadounidense para empezar a recibir hasta 1,5 millones de toneladas de gas. Más tarde cerró otro acuerdo para importar otros 0,7 millones de toneladas más. A la firma le siguió Iberdrola, mientras Naturgy selló su contrato algo más tarde, aunque también en 2014, con dicho formato y empresa.

Asimismo, otro de los grandes problemas es que el volumen de inversión comprometida ha sido muy importante y con ello se compromete la rentabilidad del grupo. Por ejemplo, el primer acuerdo cerrado por Endesa supone un desembolso de más de 6.000 millones de euros, mientras que el de Iberdrola, que más tarde vendió, alcanzó los 4.100 millones.

La idea fructificó a principios de marzo de 2019 cuando se recibieron los permisos, y fue en verano cuando empezar a zarpar los primeros grandes buques desde el puerto de Corpus Christi, en Texas (Estados Unidos). También fue en verano, cuando empezaron los primeros problemas, explican fuentes del sector. En aquel momento, llamó la atención con fuerza de los analistas de que no solo las reservas de gas estuvieran muy por encima de la media de los últimos cinco años sino que, además, se estuviera inyectando más pese a la época del año que era.

A lo anterior, se le añadía que la mayoría de contratos, ya fuera por compañías españolas o extranjeras como Engie o EDP, se cerraban con muy poca flexibilidad, esto es que no había posibilidad de desviar los cargamentos, por ejemplo, a Japón donde su precio era más caro. Todo ello, fue la razón por la que Iberdrola decidió vender sus derechos a los que le sacó una pequeña plusvalía, mientras que Endesa y Naturgy prefirieron arriesgarse.

Ahora, la situación no solo ha hecho más que empeorar. Las reservas de gas siguen en máximos, lo que empuja los precios a la baja y hunde los diferenciales. A lo anterior, se le debe añadir unos costes de envío altos, que podrían ser mayores dada la súbita subida del valor del crudo, que el Henry Hub en EEUU es relativamente más caro y que la diferencia entre el precio del gas en Europa y Asia se hace cada vez más pequeña, una situación que no hace rentable el desvío de buques, por ejemplo, a Japón que era lo que se contemplaba en verano.

ENDESA GASTARÁ MÁS DE 500 MILLONES EN DOS METANEROS

Para mover tal cantidad de gas, Endesa ha invertido una cantidad de dinero importante para obtener dos buques metaneros inmensos. De hecho, el primero de ellos, llamado Adriano Knutsen, es el barco más grande con bandera española gracias a sus 300 metros de eslora y 48 metros de manga. Construido, empezó en 2018 y se entregó en 2019, para la firma española por la naviera noruega Knutsen Oas Shipping tiene una capacidad de 180.000 metros cúbicos (unas 72 piscinas olímpicas), lo que supone abastecer a la demanda de un día de toda España o al suministro anual medio de una ciudad de 170.000 viviendas.

El contrato de fletamento entre Endesa y Knutsen se cerró para un periodo de 7 años, con dos periodos de extensión de 7 y 6 años, que garantizarán parte de las necesidades de transporte marítimo de los contratos de compra de GNL de los próximos años tanto de Endesa como del Grupo Enel. El importe del contrato es de unos 25 millones de dólares anuales y el coste de construcción del metanero asciende a unos 185 millones de dólares. A lo que se debe añadir, la adquisición a la naviera GasLog de otro metanero en 2021 con las mismas dimensiones que el primero y costes similares con un contrato en este caso de 8 años.

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