Washington ha vuelto a tensar la cuerda en Oriente Medio. Donald Trump ha dado a Irán un margen de apenas dos o tres días para cerrar un acuerdo nuclear que ponga fin a una guerra que ya se extiende por 80 días, según informó DW Español en su noticiero del 19 de mayo. La advertencia del presidente estadounidense llega con la amenaza explícita de reanudar los ataques militares a gran escala si Teherán no cede, mientras la diplomacia internacional se moviliza para evitar una escalada catastrófica.
El conflicto en el Golfo Pérsico, que enfrenta a Estados Unidos e Irán, entró el pasado 8 de abril en un frágil alto el fuego que no ha logrado sentar las bases de una negociación real. Durante la última jornada, Trump dejó claro que el tiempo se acaba. «Lo había decidido. Entonces me llamaron, sabían que había tomado la decisión y me dijeron: ‘Podría darnos un par de días más, pensamos que están siendo razonables'», relató el mandatario, visiblemente tenso.
«Yo les dije que dos o tres días, quizá el viernes, el sábado, el domingo o a principios de la semana que viene, un plazo limitado.»
— Donald Trump, presidente de Estados Unidos, según DW Español
Esa llamada de última hora de Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita evitó, al menos de momento, una nueva ofensiva militar. Sin embargo, el diario Wall Street Journal cita a diplomáticos de esos mismos países que aseguran no tener constancia de ningún ataque inminente. José Díaz, periodista de DW en Washington, explicó que en el círculo del presidente hay división: algunos asesores quieren usar la fuerza para forzar a Irán a negociar, pero la veracidad del ataque frustrado genera escepticismo. Mientras, el ejército iraní ha advertido que cuenta con nuevos equipos y métodos y que abrirá nuevos frentes si se reanudan las hostilidades.
La propuesta iraní para salir de la crisis tampoco convence. DW Español reveló que la última oferta de Teherán apenas difiere de la anterior, que Trump tachó de «basura». Las posiciones parecen enquistadas y el margen de dos o tres días —que se cumple este fin de semana— se antoja insuficiente.
Putin aterriza en Pekín cuando la guerra en Ucrania aprieta
Mientras Oriente Medio contiene la respiración, el presidente ruso Vladimir Putin aterrizó este martes en Pekín para una cumbre de dos días con Xi Jinping. La visita, la quinta del líder ruso a China, subraya la dependencia estratégica de Moscú respecto a su gran vecino, especialmente desde el inicio de la invasión de Ucrania en 2022. Según DW Español, el encuentro se produce apenas unos días después de que Donald Trump visitara la capital china, lo que sitúa a Pekín como actor central en el tablero global.
En el centro de la agenda está la energía. Rusia busca desesperadamente que China se comprometa con el gasoducto Fuerza de Siberia 2, un proyecto multimillonario que aliviaría la maltrecha economía rusa. Aunque China ya es el principal comprador de crudo ruso —con 125.000 millones de dólares en exportaciones de materias primas en 2025—, el comercio bilateral cayó un 6,9 % el año pasado. Pekín, con varias alternativas de suministro, mantiene la sartén por el mango.
El G7 urge a reabrir Ormuz, pero afloran las divisiones
En París, los ministros de finanzas del G7 coincidieron en la necesidad imperiosa de reabrir el estrecho de Ormuz, vital para el tránsito de petróleo y afectado por el conflicto con Irán. Francia, que preside el grupo, pidió «una solución duradera» y llamó al Banco Mundial y al FMI a actuar como observadores. Sin embargo, desde DW reconocen que no se concretó ningún plan ni calendario para lograrlo.
Las fracturas no se limitan a Oriente Medio. El Tesoro de EE.UU. extendió la suspensión de sanciones al crudo ruso, alegando altos precios del petróleo, una medida que la Unión Europea rechaza abiertamente. El comisario europeo de Economía insistió en que «no es el momento de aliviar la presión» sobre Moscú, evidenciando las tensiones internas del bloque occidental en plena crisis energética global.
En Bolivia, mientras tanto, se intensifican las protestas por la escasez de combustible y la deriva económica. El gobierno de Luis Arce amenaza con procesos penales, mientras la Iglesia intenta una mediación que devuelva la calma a las calles de La Paz. Un eco lejano pero sintomático de un mundo donde los recursos energéticos dictan la estabilidad política.
El plazo del fin de semana se acerca. Si Irán no da su brazo a torcer, la región podría despeñarse hacia una guerra total que nadie —salvo los halcones— desea. La pregunta que sobrevuela todas las cancillerías es si alguien, con un par de llamadas más, conseguirá detener lo que ya parece un guion escrito para la tragedia.
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