El bloqueo del estrecho de Ormuz ha provocado una contracción en la oferta mundial de gas. Francisco Reynés, presidente de Naturgy, advierte de que el impacto del gas iraní se prolongará más allá del conflicto.
En el VII Foro Internacional de Expansión, el ejecutivo dibujó un escenario de distorsiones duraderas en los mercados energéticos, donde los daños estructurales en infraestructuras clave pesan más que la propia duración de la guerra. “Los impactos en el mercado del gas no dependen únicamente del tiempo que dure la guerra, sino de los daños generados en instalaciones básicas que afecten al choque de oferta”, afirmó.
Un cuello de botella vital para el suministro energético mundial
Por Ormuz transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial y más del 30% del gas que consume China. Su cierre, derivado del conflicto en Irán, no solo ha interrumpido el tráfico marítimo: ha puesto en jaque la producción misma. Reynés detalló que la paralización de plantas de licuefacción en Catar, por ejemplo, está limitando la capacidad global de suministro.
“No solamente es un problema logístico sino que es un problema de producción”, insistió. Esta escasez de oferta —un choque de oferta— se traduce de forma casi automática en precios más altos. “A escasez de oferta, subida de precios”, resumió Reynés. La levedad del diagnóstico no oculta la gravedad de la situación: el mundo se enfrenta a una reducción efectiva del gas disponible durante un tiempo indeterminado.
En España, la situación tiene matices propios. El cierre del gasoducto del Magreb en 2021 ya obligó a multiplicar las importaciones de GNL, y ahora la menor disponibilidad de gas licuado en el mercado global compite directamente con la demanda asiática. Naturgy, como principal suministrador de gas en el país, siente el impacto indirecto en los precios, aunque los contratos a largo plazo con Argelia ofrezcan cierta cobertura. La diversificación, defendida por Reynés, se convierte en un escudo indispensable.
Y aunque la compañía no tiene una exposición directa al estrecho, su presidente reconoció que “como el mercado del gas es global, esto puede impactar”. De hecho, la cotización del gas natural en Europa ya ha reflejado la tensión, con el índice TTF mostrando una volatilidad no vista desde la crisis de 2022. El estrés sobre el mercado de GNL no se limita a Europa. Con China compitiendo por cargamentos, el llenado de los almacenes subterráneos de cara al próximo invierno podría complicarse, repitiendo el escenario de 2022 pero con un agravante: entonces Rusia aún suministraba ciertos volúmenes; ahora, el bloqueo de Ormuz reduce la base exportadora de todo Oriente Medio.
En otro orden de cosas, Reynés restó importancia a los expedientes abiertos por la CNMC a raíz del cero eléctrico del 28 de abril de 2025, asegurando que la compañía ha respondido con creces a lo exigido. “Se nos exigían 330 MW de absorción de reactiva y dimos 478”, recordó, dejando claro que la decisión de acoplar o desacoplar centrales corresponde al operador del sistema.
Menos gas, más carbón: el efecto colateral de la crisis de Irán
La consecuencia más paradójica de la crisis iraní es un revés en la transición energética. “Lo que está ocurriendo es que el carbón, que contamina más que el gas, está sustituyendo al gas en las estadísticas de emisiones”, advirtió el presidente de Naturgy. Las cifras, aunque provisionales, apuntan a que el retorno al carbón se está acelerando en varias regiones para compensar la falta de gas licuado.
Dejémoslo en un ‘ya veremos’. Porque la realidad es tozuda: cuando el gas escasea, la opción más rápida y barata sigue siendo quemar carbón. El carbón vuelve por sus fueros. El círculo vicioso climático es una de esas paradojas que la geopolítica sirve en bandeja.

Geopolítica, dependencia gasista y el espejismo de la transición
Que el gas se convierta en arma geopolítica no es nuevo, pero la crisis de Irán añade una capa más de complejidad. En 2022, la invasión rusa de Ucrania obligó a Europa a rediseñar su mapa de suministro de gas en tiempo récord; ahora, el bloqueo de Ormuz tensa la otra gran ruta hacia Asia y el sur de Europa. La diferencia es que esta vez el daño no es solo logístico, sino productivo: la capacidad de extracción y licuefacción en Oriente Medio está sufriendo un deterioro físico que tardará años en repararse.
Reynés ha hablado en otras ocasiones de “permacrisis energética”, un concepto que define bien el momento. La dependencia del gas natural licuado (GNL) crece en todo el mundo, pero la oferta se concentra en regiones políticamente inestables. Qatar, Irán, el mar Caspio: son nombres que aparecen en todas las carteras de aprovisionamiento. Reducir esa vulnerabilidad, en opinión del presidente de Naturgy, pasa por diversificar fuentes y por apostar con más decisión por el biometano y otras alternativas renovables de origen local. Naturgy ha identificado en el biometano una de sus apuestas estratégicas para reducir la dependencia del gas licuado, pero la producción nacional apenas cubre una fracción del consumo.
Sin embargo, la transición energética no puede permitirse titubeos. Recurrir al carbón para capear una crisis gasista no solo es una derrota climática, sino que envía una señal pésima a los inversores. ¿Se están construyendo las infraestructuras renovables y los almacenes de energía necesarios para que una perturbación en Ormuz no nos devuelva al siglo XIX? La respuesta, hoy, es negativa. Incluso en Europa, donde el Green Deal ha movilizado cientos de miles de millones, la realidad es que los ciclos combinados de gas siguen siendo el respaldo indispensable ante la intermitencia renovable.
Esta redacción cree que la advertencia de Reynés es un toque de atención incómodo pero necesario. La transición energética no puede diseñarse sobre un tablero de ficción en el que el gas fluye sin contratiempos. La crisis de Irán demuestra que la seguridad energética y la descarbonización no son objetivos secuenciales, sino simultáneos. Seguir postergando la inversión masiva en almacenamiento, redes inteligentes y biometano es una temeridad que el precio del gas nos cobrará con creces.




