Iberdrola suministra vapor renovable a Bayer y recorta 6.500 toneladas de CO2

La instalación, aún en fase de pruebas, combina un PPA de 15 MW con almacenamiento térmico de sales y ha requerido 18 millones de euros. Es el primer gran proyecto de calor electrificado con contrato HPA en España.

El vapor renovable de Bayer en Langreo ya sustituye al gas y evita 6.500 toneladas de CO2 al año.

La factoría que la farmacéutica alemana tiene en La Felguera, en el concejo asturiano de Langreo, fabrica principios activos desde hace más de ocho décadas. El más conocido es el ácido acetilsalicílico, la molécula que hay detrás de la Aspirina y que sale de este centro hacia mercados de todo el mundo. También otros principios activos que se distribuyen desde Asturias. Es, en la práctica, uno de los nodos estratégicos de Bayer a escala global, y así lo presenta la propia compañía.

Publicidad

Hasta hace unos meses, ese proceso productivo necesitaba quemar gas para generar el vapor que mueve la planta. Ahora no. Iberdrola ha electrificado la producción de vapor y lo suministra con origen 100% renovable. El resultado inmediato son 6.500 toneladas de CO2 anuales que dejan de salir por la chimenea, según los datos facilitados por las dos compañías. El gas queda fuera de la ecuación del principio activo.

El detalle importa por el lugar. La Felguera está en la cuenca minera asturiana, un territorio que construyó su economía sobre el carbón y que lleva años buscando una reconversión que no dependa de subvenciones. Que una planta química con ochenta años de historia sustituya el gas por electricidad renovable tiene más de mensaje industrial que de gesto ambiental. El proyecto se presentó, de hecho, con un mural titulado Del Negro al Berde, realizado con el colectivo BERDE y con dirección artística de Manuel García, en el que participaron personas con diversidad funcional.

La inversión comprometida supera los 18 millones de euros y ha movilizado a más de 60 profesionales. La instalación se encuentra ahora en fase de pruebas, el paso previo a su operación continua. No es un piloto de laboratorio. Sustituye el consumo de gas de un proceso químico que opera sin interrupciones y con estándares farmacéuticos.

El almacenamiento térmico puede descarbonizar hasta la mitad del calor que consume la industria española. La Felguera es la primera prueba a escala industrial.

Sales fundidas para producir vapor a cualquier hora

El corazón técnico del proyecto no es la caldera, sino el depósito. La instalación incorpora un sistema de almacenamiento térmico de sales que permite guardar la energía renovable y producir vapor a cualquier hora del día. Cuando la electricidad es más competitiva —es decir, cuando hay más generación renovable en el sistema—, el calor se acumula en sales fundidas. Después se libera según lo pida el proceso industrial. El vapor no depende del viento ni del sol en el momento exacto en que la fábrica lo necesita. Ahí está el nudo.

El contrato no vende electricidad: vende calor. Ese matiz es el que permite financiar la descarbonización de procesos que llevan un siglo quemando gas.

Para cubrir la demanda eléctrica, Iberdrola ha articulado un PPA de 15 MW de energía renovable y ha añadido una instalación fotovoltaica de autoconsumo de 2,5 MW en el propio emplazamiento. La fórmula comercial es un HPA (Heat Purchase Agreement), un acuerdo de compraventa de calor a plazo que en España apenas tenía precedentes. La energética factura vapor; Bayer paga por el calor que consume y no asume la inversión en la infraestructura.

Inerco, el IDAE y el Fondo de Innovación de la UE: quién sostiene el proyecto

Iberdrola Bayer Asturias

La integración del almacenamiento térmico corre a cargo de la ingeniería española Inerco. El respaldo institucional llega por cuatro vías: el IDAE y el Instituto para la Transición Justa, ambos adscritos al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico; el Principado de Asturias; el Ayuntamiento de Langreo; y el Fondo de Innovación de la Unión Europea, en el marco del programa Innovation Fund gestionado por CINEA.

El director de la planta de Bayer en Asturias, Jorge Álvarez, situó el hito en clave de competitividad: ‘Este hito supone un gran paso no solo para Bayer, sino también para el sector farmacéutico y productivo, reforzando el liderazgo de Asturias y de España como referente en desarrollo industrial y sostenible’. En su intervención subrayó que La Felguera es un centro estratégico para el grupo a escala global y que el proyecto refuerza capacidades industriales que la compañía considera estratégicas en Europa.

David Martínez, CEO de Iberdrola Energía España, puso el acento en la escalabilidad: ‘El almacenamiento térmico es una tecnología disponible que puede descarbonizar hasta el 50% del calor consumido por la industria en España. La compañía presenta la instalación como el primer gran proyecto de electrificación de vapor con almacenamiento térmico del país y uno de los mayores del mundo, además de una referencia exportable a otros mercados industriales.

La cuenca minera como laboratorio: qué se juega el calor industrial español

El vapor de proceso es uno de los últimos frentes de la descarbonización. Electrificar un turismo o una calefacción doméstica tiene una hoja de ruta razonablemente clara; producir vapor a alta temperatura para una reacción química, no. Buena parte del calor que consume la industria española sigue viniendo del gas natural, y ese es el segmento que menos ha avanzado en los últimos años. Por eso la planta asturiana funciona como testigo: si el modelo no sale aquí, difícilmente saldrá en instalaciones con menos volumen y menos horizonte.

Las alternativas sobre la mesa son cuatro: biomasa, hidrógeno verde, captura de CO2 y electrificación. Cada una tiene su propio mapa de costes y sus propias servidumbres. La electrificación gana cuando hay excedente renovable y el proceso demanda calor de forma estable; pierde cuando el precio del mercado mayorista se dispara o cuando el gas abarata la factura. El cuello de botella es económico, no tecnológico: las sales fundidas llevan años operando en plantas termosolares y su comportamiento está documentado.

El HPA resuelve parte del problema porque traslada la inversión al proveedor energético y convierte el coste del vapor en una cuota previsible para el industrial. Pero exige dos condiciones que no todas las fábricas cumplen: volumen suficiente y un horizonte de producción largo. Con 18 millones de euros por instalación y ocho décadas de actividad a la espalda, La Felguera encaja. Una planta mediana con paradas estacionales, no. La cuenta no siempre sale.

Hay una segunda derivada que conviene mirar sin entusiasmo. Electrificar el vapor no elimina la demanda eléctrica: la multiplica y la traslada a la red. Cada proyecto de este tipo añade presión sobre la capacidad de conexión en nudos industriales, un recurso escaso y cada vez más disputado en España. El almacenamiento térmico modula el consumo, pero no lo hace desaparecer. Y ese coste de conexión acaba repercutiendo en la factura del proyecto.

El marco regulatorio tampoco lo pone fácil. El almacenamiento térmico no tiene todavía un encaje retributivo nítido en el mercado eléctrico, y los proyectos dependen de fondos competitivos europeos para cerrar la ecuación económica. Que el Fondo de Innovación haya respaldado esta instalación dice tanto de la calidad técnica del proyecto como de la dificultad de financiarlo sin ayuda pública. Un riesgo de precio que no desaparece con la tecnología.

La comparación con el resto de Europa invita a la prudencia. Alemania, Países Bajos y Dinamarca acumulan proyectos de electrificación de calor industrial con contratos a largo plazo y marcos regulatorios que reconocen el almacenamiento. España llega con una ventaja —coste renovable bajo y horas de electricidad muy baratas— y una desventaja: un mercado mayorista volátil que complica la fijación de precios a plazos largos, justo lo que un HPA necesita para bancarse.

De fondo late una pregunta que trasciende a Bayer. Si el calor electrificado se consolida, el mapa de consumo de gas industrial español se mueve, y con él las previsiones de demanda que sostienen parte de la infraestructura gasista y de los peajes que la financian. Es un movimiento lento, pero acumulativo. Cada planta que se descuelga del gas reduce la base de clientes que paga esa red.

La Felguera, mientras tanto, encara la recta final de sus pruebas. De cómo funcione en operación continua dependerá que el modelo se replique en otras fábricas. Queda la parte difícil. El hito a seguir es la entrada en servicio comercial de la instalación y las próximas convocatorias del Fondo de Innovación europeo, que decidirán si el vapor renovable de Bayer es un caso aislado o el primer capítulo de una serie industrial.

Publicidad

Publicidad