El BOE confirma la compra de nuevos radares veloláser para la Guardia Civil, con multas de hasta 500 euros.
La adjudicación no llega sola. La DGT mantiene en marcha un programa para ampliar su red de control de velocidad que combina cinemómetros ligeros, radares fijos y radares de tramo, y que en los próximos meses cambiará la forma en que te vigilan en carretera.
El contrato se adjudicó a Tradesegur por 1.020.000 euros sin IVA y contempla únicamente equipos con tecnología Doppler, capaces de medir la velocidad tanto con el vehículo policial detenido como en movimiento. La publicación en el BOE, fechada el 6 de abril, convierte en oficial un programa que llevaba meses en marcha.
Qué cambia exactamente y a quién afecta
Los nuevos equipos no son idénticos a los veloláser que ya operan, pero se les parecerán mucho. El pliego exige tecnología Doppler y uso dinámico: radares que pueden ir montados en el propio coche de la Agrupación de Tráfico y medir mientras el agente conduce. Los actuales funcionan con láser y se colocan en el arcén, en un guardarraíl o en una farola.
Un veloláser mide menos de 50 centímetros y pesa menos de dos kilos: no hace falta una instalación fija para multar, basta un arcén.
Los datos técnicos explican por qué Tráfico insiste en esta familia de cinemómetros. Miden entre 30 y 250 km/h, vigilan ambos sentidos de la circulación, trabajan de día y de noche y aguantan cinco horas de autonomía. Se conectan por 4G y WiFi, así que envían la imagen y la velocidad al agente sin que este tenga que estar al lado del aparato.
Hay un detalle que te interesa. No emiten el destello de flash de los radares convencionales.
Eso sí: su radio de acción es limitado y su punto fuerte no es la gran autovía. Su terreno son los carriles bici, las zonas 30 y los tramos donde un cinemómetro fijo no cabe.
Cuándo entra en vigor y qué queda fuera
La adjudicación ya es oficial, pero el suministro se hará de forma progresiva durante los próximos meses, sin una fecha cerrada de despliegue. En paralelo, la DGT anunció en febrero la entrada en servicio de 33 nuevos radares, veinte fijos y trece de tramo, dentro de un plan que contempla 122 nuevos puntos de control de velocidad en toda España.

Ahí está la letra pequeña, que importa tanto como la cifra. Estos son los límites del contrato y los huecos que deja:
- Vehículos afectados: turismos, motocicletas, ciclomotores y cualquier vehículo que circule por las vías vigiladas.
- Carriles bici y zonas 30: los nuevos equipos están pensados también para entornos urbanos y carriles reservados, donde la velocidad media es baja.
- Fuera de rango: no miden por encima de 250 km/h ni por debajo de 30 km/h.
- Calendario: el contrato no fija fecha de despliegue ni número exacto de unidades.
Cómo evitar la multa con un radar veloláser
La primera regla es la de siempre: respetar el límite. La segunda es entender cómo funciona el aparato. Un veloláser no sanciona por una punta de velocidad en un punto concreto, sino por la velocidad instantánea que capta en el momento del disparo, y puede hacerlo desde cualquier ángulo.
Frenar al ver el coche de la Guardia Civil en el arcén no siempre llega a tiempo. El radar no avisa.
En carriles bici y en vías limitadas a 30 km/h el margen es aún más estrecho, porque ahí no hay tramo que promediar: la sanción se calcula con una sola medición. Sin señal, sin margen.
Para saber qué hay señalizado, la DGT publica el mapa de radares fijos y de tramo en su página oficial, y el BOE recoge la adjudicación del contrato en el Boletín Oficial del Estado. Ese mapa no incluye los móviles ni los veloláser, y ahí está el detalle que importa.
Análisis: más radares y la misma pregunta
Pongamos la cifra en perspectiva. 1.020.000 euros es el coste de los equipos, no de las sanciones: con 2.040 multas de 500 euros se cubre el importe del suministro. La pregunta razonable no es si Tráfico va a recuperar el dinero —lo hará— sino si estos aparatos resuelven el problema que dicen resolver.
El veloláser tiene virtudes reales. Es barato, se instala en un minuto, no necesita obra ni conexión eléctrica, y puede colocarse donde un radar fijo no cabe. En entornos urbanos, donde la convivencia entre ciclistas, peatones y vehículos es más frágil, un control a 30 km/h tiene más sentido que un cinemómetro de autovía. Ahí la norma es proporcionada y de fácil cumplimiento: basta con no pasar de treinta.
La cosa cambia en el otro extremo. Un aparato que no destella, que cabe detrás de un guardarraíl y que se instala sin obras convierte la vía en un examen sorpresa. La sanción llega por correo semanas después, cuando ya no recuerdas a qué velocidad ibas. Ahí la medida se vuelve fácil de percibir como recaudatoria, y esa percepción también tiene coste: erosiona la confianza en el resto de controles, incluidos los que sí salvan vidas.
Hay un riesgo práctico que conviene vigilar. Los veloláser se colocan a menudo en tramos de límite bajo y buena visibilidad, justo donde el conductor baja la guardia. Si el despliegue se concentra en esos puntos, el mensaje que cala no es «ve más despacio», sino «no sabes dónde te están mirando».
Qué puedes hacer hoy. Comprobar el límite real de la vía antes de que el GPS te lo cante, asumir que en carriles bici y zonas 30 la vigilancia ya no es testimonial y dejar de confiar en la memoria del arcén. La Agrupación de Tráfico tiene equipos nuevos, un contrato de más de un millón de euros y ningún incentivo para no usarlos.
🚨 Ficha de la Normativa
- Infracción / Novedad: Exceso de velocidad detectado por los nuevos cinemómetros móviles (veloláser y equipos Doppler) adjudicados a la Guardia Civil.
- Sanción económica: Hasta 500 euros.
- Puntos del carnet: No aplica en la información publicada: el BOE recoge la compra del equipo, no el detalle de puntos de cada exceso.
- Entrada en vigor: Adjudicación ya publicada en el BOE (6 de abril); el despliegue de los equipos será progresivo y sin fecha cerrada.





