El yacimiento San Esteban, en el corazón de Murcia, ha retrocedido dos mil años en una sola campaña de excavación. Bajo los suelos del arrabal islámico, los sondeos han alcanzado un nivel anterior: ánforas, dolias, carbón y cenizas del siglo I.
La secuencia documentada es, en sí misma, un resumen de la historia de la ciudad. Sobre las estructuras medievales aparecen estancias de los siglos X al XIV; por debajo, a una cota inferior, han emergido estructuras de época romana que apuntan a un pequeño asentamiento de hace más de 2.000 años. Los materiales asociados a ese nivel son, sobre todo, recipientes de gran tamaño —ánforas y dolias—, además de restos de carbón y cenizas.
El equipo no habla de certeza absoluta, pero sí de una probabilidad altísima: los arqueólogos consideran que hay ‘un 99,9% de probabilidades’ de que esos niveles correspondan a un asentamiento de época romana. El estudio detallado sigue pendiente. Hay, además, un obstáculo físico. El nivel freático —la presencia de agua en el subsuelo— dificulta la investigación, y está previsto realizar nuevas intervenciones puntuales para extraer el agua y examinar las estructuras con mayor precisión. Tampoco se ha determinado si corresponden a viviendas o a espacios de trabajo.
Cincuenta y nueve sondeos, un dedal y dos huellas en un ladrillo

La primera fase de los trabajos arrancó el pasado 2 de marzo y afronta su recta final: concluirá a lo largo de este mes de noviembre, después de completar 59 sondeos de los 79 previstos en el conjunto del proyecto. Dicho de otro modo, esta campaña ha peinado tres de cada cuatro puntos de muestreo del solar. El equipo es multidisciplinar: arqueólogos, restauradores, antropólogos, ingenieros y técnicos especializados.
De la etapa islámica ha salido una colección de objetos que devuelve la vida cotidiana al primer plano: tinajas, cazuelas, jarras decoradas con almagre, candiles, tapaderas, y pequeños recipientes. Algunas cerámicas lucen técnicas ornamentales de los siglos XI, XII y XIII, como la decoración tallada en la superficie. Entre las piezas más curiosas aparecen un dedal, un cascabel, un colgante y una pequeña pieza de hueso decorada.
Dos huellas de animales sobre un ladrillo fresco resumen mejor que cualquier inventario cómo era la vida en aquel arrabal.
Hay ladrillos que conservan las marcas de los animales que pasaron por encima cuando el barro aún estaba blando. Una huella corresponde a una vaca; otra, a un perro. Son escenas domésticas impresas en el material y conservadas durante siglos: una cápsula del tiempo involuntaria.
Los restos óseos añaden otra capa de información: équidos —caballos o burros— y dromedarios. La presencia de estos últimos es singular en el ámbito levantino y en buena parte de la península ibérica, y aporta pistas sobre la actividad económica y los intercambios comerciales que pudieron desarrollarse en el antiguo arrabal. A ello se suman los sistemas de saneamiento y alcantarillado, que muestran cómo las construcciones se fueron adaptando a las necesidades de quienes ocuparon el espacio a lo largo del tiempo.
También han aparecido los primeros sistemas de climatización del enclave. Los arqueólogos han identificado estructuras de suelo radiante en algunas estancias, especialmente en las alcobas: se creaba una cámara bajo el pavimento y se introducía material combustible, normalmente carbón, para calentar la habitación. Es el mismo principio que en el mundo romano recibe el nombre de hipocausto, aplicado aquí a una zona especialmente húmeda de la ciudad.
El 85% del yacimiento ya está protegido con grava y, durante los próximos días, se terminará de cubrir el resto para dar por concluida la intervención arqueológica. La primera fase ha contado con una inversión de 1,2 millones de euros aportados por el Gobierno regional a través de la Consejería de Cultura.
Lo que un ánfora del siglo I añade al mapa de la Murcia romana
La arqueología de una ciudad no avanza a golpe de titular, sino de estrato. Y aquí el estrato importa: cuando se depositaron aquellas ánforas, la Murcia que hoy conocemos no existía. La ciudad islámica se fundaría siglos más tarde, y el sureste peninsular llevaba ya mucho tiempo inserto en la Hispania romana, con un poblamiento articulado en torno a núcleos como Carthago Nova, la actual Cartagena. Un asentamiento modesto en el solar de San Esteban encajaría en ese modelo de explotación agrícola y de almacenamiento disperso por la vega del Segura. Encajaría, eso sí, como hipótesis todavía por confirmar.
Conviene tomar distancia con el dato más repetido. Ese ‘99,9% de probabilidades’ no es un intervalo estadístico calculado con un modelo: es la forma que tiene el equipo de decir que la adscripción romana del nivel apenas ofrece dudas razonables. La conclusión se sostiene en la posición estratigráfica —los restos aparecen por debajo de las estructuras islámicas— y en el repertorio cerámico asociado, no en una datación absoluta ya publicada. El propio equipo reconoce que aún no sabe si aquellas estancias eran viviendas o talleres, ni si podrán recuperarse para el futuro espacio expositivo. Quedarán, en cualquier caso, documentadas y geolocalizadas para su estudio científico.
Me interesa más la escala humana del hallazgo que el porcentaje. Un dedal, un cascabel y la huella de una vaca sobre un ladrillo cuentan cosas que ningún muro puede contar: qué se cosía, qué sonaba en las calles, qué animales circulaban entre los hornos de pan. La cerámica tallada de los siglos XI al XIII, el almagre de las jarras y los dromedarios del arrabal dibujan un barrio conectado con rutas comerciales largas, no una aldea cerrada sobre sí misma.
El proyecto entra ahora en su segunda etapa, adjudicada a Acciona y Fernández Molina con un plazo de ejecución de 38 meses: más de tres años de obras para levantar una gran plaza y un jardín andalusí en superficie y para poner en valor los restos. La actuación se enmarca en la colaboración entre el Ayuntamiento, la Comunidad Autónoma y el Gobierno central. La alcaldesa de Murcia, Rebeca Pérez, aseguró durante la visita institucional del lunes que el inicio es ‘inminente’ y que la empresa adjudicataria ya ha realizado los primeros trabajos de replanteo sobre el terreno.
Queda una pregunta abierta que el agua mantiene, literalmente, tapada: qué hay exactamente en ese nivel inferior. Las intervenciones de drenaje dirán si San Esteban guarda un asentamiento estable o una escala más modesta dentro de una ruta comercial. Cuando se cumplan los 38 meses, el visitante caminará por una plaza construida sobre el mismo suelo que pisaron romanos, andalusíes y vecinos del siglo XXI.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: estructuras y materiales de época romana del siglo I bajo los niveles islámicos del yacimiento, con ánforas, dolias, carbón y cenizas, además de una secuencia de ocupación que se extiende del siglo X al XIV.
- Dónde: yacimiento de San Esteban, en el centro urbano de Murcia (Región de Murcia, España).
- Institución responsable: equipo multidisciplinar de arqueólogos, restauradores, antropólogos, ingenieros y técnicos, con financiación de la Consejería de Cultura del Gobierno regional y colaboración del Ayuntamiento de Murcia y del Gobierno central.
- Cuándo: primera fase de excavación iniciada el 2 de marzo de 2026 y cerrada a lo largo de noviembre de 2026, tras completar 59 de los 79 sondeos previstos.
- Impacto a futuro: amplía la cronología conocida de Murcia hasta la época romana y condiciona el proyecto de plaza y jardín andalusí que pondrá el yacimiento a la vista del público.




