La CFTC ha abierto la puerta a los futuros perpetuos sobre acciones individuales en Estados Unidos. El regulador de derivados confirmó este martes que estos contratos, a los que su presidente, Michael S. Selig, llama equity perps, podrán cotizar por primera vez en plataformas supervisadas del país.
Un perpetuo es un contrato de futuros sin fecha de vencimiento. En lugar de liquidarse un día concreto, las posiciones largas y cortas se intercambian pagos periódicos —la financiación, o funding— que mantienen el precio del contrato pegado al del activo de referencia. Ese mecanismo lleva años dominando el mercado de derivados cripto. Ahora desembarca en el mercado de valores.
Hasta hoy ese negocio vivía casi entero fuera de la jurisdicción estadounidense. El grueso del volumen de estos productos se concentran en plataformas offshore, muchas sin licencia local, y el inversor estadounidense tenía que sortear obstáculos para acceder a ellas. La decisión cambia el mapa: el mismo contrato, pero con reglas de margen, liquidación y vigilancia de dos agencias federales.
El comunicado no nombra ningún exchange, no detalla qué contratos se listarán y no fija fecha de lanzamiento. Esos datos llegarán de las propias plataformas, que deberán sumar dos registros: uno como mercado de contratos designados (DCM) ante la CFTC y otro ante la SEC como mercado nacional de valores para futuros sobre valores. El contrato queda sujeto a la ley de comercio de materias primas, a la legislación federal de valores y a los reglamentos de ambas agencias.
Qué son los ‘equity perps’ y por qué no existían en EE.UU.
La figura legal no es nueva. La ley de modernización de futuros sobre materias primas del año 2000 ya creó un régimen compartido entre CFTC y SEC para los security futures, los futuros cuyo subyacente es una acción o un índice de acciones. Lo que faltaba era la armonización práctica: ambos supervisores firmaron un memorando de entendimiento el pasado 11 de marzo para coordinar su regulación y su labor sancionadora.
El presidente de la SEC, Paul S. Atkins, ha descrito esos productos como atrapados durante años en una suerte de tierra de nadie regulatoria. La aprobación se apoya en la regulación 40.3 de la CFTC, una vía que permite dar por aprobado un contrato sin autorización expresa caso por caso: basta con que el mercado cumpla los requisitos y no reciba objeción en plazo. Las normas que enmarcan esos contratos están publicadas en la web oficial del regulador.
Un contrato sin vencimiento deja de ser una rareza cripto y entra en el mercado de valores con dos supervisores mirando la misma operación.
Del bitcoin a las acciones: cinco meses de aprobaciones
La secuencia importa. El 29 de mayo, la CFTC dio por aprobado el primer perpetuo de bitcoin listado en el país, el BTCPERP de Kalshi, una plataforma de mercados de predicción que se expandió a los derivados. Ese mismo día, el personal de la agencia concedió una exención (no-action relief) que permite a Coinbase Financial Markets canalizar clientes estadounidenses hacia liquidez de perpetuos y opciones en el exterior. En septiembre llegaron los perpetuos de oro y plata.
El salto a la bolsa es el paso siguiente, y el más delicado. Un perpetuo sobre una acción individual mezcla dos mundos con lógicas distintas: la volatilidad y el apalancamiento del derivado cripto, por un lado, y la vigilancia de un mercado de valores con obligaciones de información, por otro. Ahí está la novedad que el sector llevaba años pidiendo.
Las objeciones tampoco se han hecho esperar. En junio, CME Group demandó a la CFTC por la aprobación del perpetuo de Kalshi, con el argumento de que un contrato construido sobre pagos de financiación es un swap —un derivado extrabursátil, regulado bajo la ley Dodd-Frank— y no un futuro. El litigio sigue pendiente. Una versión sobre acciones añade la jurisdicción de la SEC y previsiblemente atraerá nuevas impugnaciones desde el lado de los participantes bursátiles.
El apalancamiento y el robo a Binance: por qué ahora
La aprobación llega cinco días después del mayor robo de la historia del sector. El 29 de octubre, unos atacantes vinculados por TRM Labs y Chainalysis al grupo norcoreano TraderTraitor vaciaron alrededor de 6.300 millones de dólares de las carteras calientes de Binance en unos veinte minutos. El exchange reabrió los retiros el domingo y asegura haber repuesto cerca del 95% de los activos afectados.
Selig utilizó el episodio para reforzar su argumento. En una entrevista en CNBC el 30 de octubre sostuvo que el problema de fondo son las plataformas extraterritoriales sin las salvaguardas del mercado estadounidense, y que el hackeo venía a demostrar su tesis. La agencia trabaja en una propuesta, anunciada en octubre, para crear una vía voluntaria de registro federal de exchanges cripto con requisitos de ciberseguridad, prueba de reservas y custodia. El propio presidente ha reconocido que convertir ese registro en obligatorio exige una ley del Congreso.
De ahí el razonamiento que atraviesa toda la decisión: si el producto no se puede frenar, se le mete dentro del perímetro. Quien quiera operar con contratos de futuros sobre acciones tendrá margen vigilado, cámara de compensación y obligaciones de reporte. A cambio, la CFTC asume un riesgo nuevo: que el apalancamiento pensado para un activo que cotiza 24 horas se aplique a una acción con horario de apertura y cierre, y con huecos de precio que en cripto no existen igual. Ese es el nudo.
Ahí está la contradicción de fondo. El discurso de protección del inversor convive con un producto diseñado para operar con apalancamiento elevado, y las plataformas offshore lo ofrecen con múltiplos que superan con creces los de los futuros tradicionales sobre acciones. El comunicado no aclara qué límites se aplicarán en la versión estadounidense, porque no hay todavía ni un contrato presentado. Falta el detalle.
El calendario, en cambio, sigue vacío. Todo depende de los mercados que se animen a listar los productos y de cómo responda la SEC. También del litigio de CME, que puede reordenar el mapa regulatorio de todo el complejo de perpetuos. De momento hay una certeza y una incógnita: la puerta está abierta, pero nadie ha dicho cuánto puede apalancarse quien la cruce.





