El Ibex 35 despidió octubre con una caída del 3,88% y perdió el nivel de los 18.700 puntos. Es su peor mes desde marzo y el segundo saldo negativo consecutivo, con la banca y las dudas sobre el gasto en inteligencia artificial como detonantes.
La última sesión del mes confirmó la tendencia. El selectivo cedió un 1,09% y se instaló por debajo de esa referencia, arrastrado por el bloque financiero y por el tono débil de Wall Street.
Octubre deja al Ibex 35 en el entorno de los 18.600 puntos
El retroceso fue escalonado, no un desplome. La cota de los 18.800 puntos se perdió a mediados de mes con Acerinox y Solaria entre los valores más castigados, y el cierre se resolvió cerca de los 18.600 puntos. Un recorrido de algo más de 200 puntos que resume bien el tono del periodo: ventas constantes, sin pánico.
No hubo capitulación. Se vendió, no se huyó. El castigo se concentró en los valores de mayor peso y en los nombres que mejor se habían comportado en el tramo previo, que es el patrón típico de una recogida de beneficios.
Conviene mirar la secuencia con perspectiva. Dos meses consecutivos en negativo rompen la dinámica de un ejercicio que había tenido en el sector financiero su principal argumento. La corrección llega, además, desde arriba y con margen, no desde un suelo que hubiera que defender.
La banca deja de sostener al índice
El sector financiero ha sido durante buena parte del año el motor del selectivo. En octubre cambió de papel. Los grandes bancos del índice —Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell—, concentran una parte desproporcionada de la capitalización y del peso del IBEX 35, de modo que cada revisión de expectativas sobre los tipos de interés se traduce en un movimiento brusco del conjunto.
El segundo frente llegó desde fuera. Las dudas sobre el ritmo real de inversión en centros de datos y en capacidad de cómputo golpearon a los valores tecnológicos estadounidenses y se trasladaron a Europa. En España, Solaria y el resto de nombres ligados a la electrificación acusaron el cambio de relato: si la inversión en IA se enfría, la demanda eléctrica que la sostiene también se revisa a la baja.
El Ibex no cae por lo que ocurre en España, sino por lo que el mercado descuenta que va a ocurrir con los tipos y con la factura eléctrica de la IA.
Cambió el precio, no el negocio. El castigo no procede de un deterioro de los beneficios publicados por la gran banca, sino de una revisión del múltiplo que el inversor está dispuesto a pagar por ellos. Es una diferencia sustancial que conviene no perder de vista.
El riesgo de concentración que el Ibex 35 no ha resuelto
Hay una lectura más incómoda. Un índice en el que el sector financiero pesa más que en cualquier otra gran plaza europea es un índice estructuralmente sensible a las decisiones del Banco Central Europeo. Llevo tiempo señalando lo mismo: la diversificación del Ibex es más nominal que real. Cuando el mercado cambia de opinión sobre los tipos, el selectivo entero se mueve como si fuera un banco.
Eso tiene dos consecuencias. La primera es la volatilidad: octubre demuestra que basta un ajuste de expectativas para borrar en cuatro semanas lo que costó dos meses construir. La segunda es la asimetría. En las subidas, la banca tira del índice y maquilla la debilidad de otros sectores; en las bajadas, la caída se generaliza porque el inversor institucional vende el bloque completo, no los nombres individuales.
El contrapeso tendría que venir de la industria y de las utilities, pero ni Acerinox ni Solaria están en condiciones de ejercer ese papel este año. La primera arrastra un ciclo industrial flojo en Europa; la segunda depende de una narrativa, la de la electrificación, que el mercado acaba de poner en cuarentena. El resultado es un índice sin muleta cuando el sector dominante se gira.
Para el inversor minorista la lección es incómoda, porque el Ibex se ha vendido durante años como una exposición amplia a la economía española y en la práctica funciona como una apuesta concentrada al ciclo del crédito en la eurozona. Quien haya comprado el índice pensando en diversificar ha comprado, sobre todo, riesgo de tipos.
Tampoco conviene exagerar. Una caída del 3,88% devuelve al selectivo a niveles de hace unas semanas y no rompe ninguna tendencia de fondo. Lo que sí hace es fijar la próxima prueba: la temporada de resultados de enero y cada reunión del BCE. Ahí se sabrá si octubre fue una pausa técnica o el primer tramo de una corrección más larga.





