Wall Street lleva meses construyendo sobre Ethereum y el precio del ether no se ha enterado. La adopción institucional de Ethereum avanza con fondos tokenizados de JPMorgan, una red propia de Robinhood y el ether ya disponible en las cuentas de E*TRADE, mientras ETH cotiza alrededor de 2.300 dólares, todavía por debajo del récord de 4.950 que marcó en agosto de 2025.
La pregunta que se hace cualquier inversor es inevitable: si los grandes bancos ya usan la red, ¿por qué no sube el token? Los investigadores de Galaxy lo atribuyen a una confusión creciente sobre cómo acumula valor ETH. La infraestructura puede crecer mientras la moneda se queda quieta.
JPMorgan, Robinhood y Morgan Stanley ya están dentro
El goteo empezó en mayo. J.P. Morgan Asset Management lanzó JLTXX, su segundo fondo de mercado monetario tokenizado sobre la red pública de Ethereum: un producto de los de siempre, con su folleto y su supervisor, pero con las participaciones registradas en la cadena y no en los libros de un custodio.
En julio llegaron dos movimientos más. Robinhood presentó Robinhood Chain, una red de capa 2 (un rollup: una segunda capa que procesa transacciones aparte y luego las resume en Ethereum para abaratarlas) para servicios financieros y activos tokenizados. Morgan Stanley abrió ETH, bitcoin y solana a los clientes elegibles de E*TRADE: comprar, vender, y mantener desde la misma cuenta que las acciones.
El mismo mes, exmiembros de la Ethereum Foundation pusieron en marcha Ethereum Institutional, una organización sin ánimo de lucro para acelerar la entrada de instituciones. Y Vitalik Buterin presentó Lean Ethereum, una reconstrucción del protocolo a tres o cuatro años con dos prioridades: privacidad y resistencia a los ordenadores cuánticos. Para Justin Drake, investigador de la fundación, un Ethereum inmune a la computación cuántica sería un argumento de seguridad muy natural para que el mundo migre a él.
Por qué la actividad no llega al precio: el efecto de las capas 2
Aquí está la contradicción. Desde 2024, la mayor parte de las transacciones del ecosistema se ejecutan en redes de capa 2 y no en la cadena principal, según los datos que recopila el panel L2Beat. Eso abarata el uso y ha permitido escalar sin disparar el gas. También ha roto el vínculo entre actividad y demanda de ETH.
Ethereum puede ganar la infraestructura financiera del mundo y aun así dejar a sus tenedores con la sensación de haber llegado a la fiesta equivocada.
El mecanismo es sencillo: cuanto menos se usa la capa base, menos comisiones se pagan y menos ether se destruye. Los investigadores de 21Shares lo resumieron en enero: para el usuario es una buena noticia; para el holder, un resultado mixto, porque unas comisiones más bajas reducen la quema salvo que la actividad total lo compense.
Encima, los ETFs spot de ether han registrado flujos negativos. Citi recortó el 1 de julio su previsión a doce meses hasta 2.240 dólares desde los 3.175 anteriores, citando una demanda inversora más débil de lo esperado. El objetivo queda por debajo del precio actual.
Lo que enseña el historial de Ethereum
Tres veces en cuatro años, Ethereum ha cambiado algo estructural y el precio ha tardado meses en digerirlo. En septiembre de 2022 pasó de la minería a la prueba de participación, el mecanismo por el que se bloquean 32 ETH por validador a cambio de recompensas, y redujo drásticamente su consumo energético. En marzo de 2024, Dencun introdujo los blobs, espacio de datos barato para que los rollups publiquen sus resúmenes. En julio de 2024 llegaron los ETFs spot. Cada hito mejoró la red. Ninguno disparó el token de inmediato.
La diferencia esta vez es de dirección: las mejoras ya no revierten solo en la capa base, sino en las redes que se apoyan en ella. Y ahí aparece el riesgo que menos se comenta. El staking está concentrado en unos pocos proveedores —Lido y un puñado de operadores de nodos— y buena parte del tráfico depende de tres o cuatro rollups que podrían cambiar de estrategia. ETH, además, no reparte comisiones ni paga dividendo: su tesis se sostiene en la quema y en la demanda de espacio de bloque.
Con todo, la adopción institucional ya no se mide en anuncios. Se mide en fondos tokenizados y en cuentas de bróker con ether dentro, y eso es difícil de deshacer. Lo que sigue sin resolverse es cuánto de ese negocio acaba en el bolsillo del holder.
Quedan dos citas en el calendario. La primera cae a final de 2026: Standard Chartered mantiene un objetivo de 4.000 dólares, muy por encima del precio actual, mientras Citi se conforma con la zona baja de los 2.000. La segunda es más lejana: si se cumple el calendario de tres a cuatro años que Buterin presentó en julio, Lean Ethereum debería estar completo hacia 2029 o 2030. Las previsiones más extremas —los 250.000 dólares que plantea Tom Lee, presidente de BitMine, equivalentes a unos 30 billones de capitalización— miden mejor el entusiasmo que el riesgo.




