África cuenta con miles de periódicos, emisoras de radio, canales de televisión y plataformas digitales. Sin embargo, sus medios no siempre tienen una capacidad equitativa para influir en las conversaciones internacionales sobre el continente ni los recursos para hacer llegar sus perspectivas a audiencias de otros lugares. El reto también está en quién fija la agenda, aporta el contexto y decide qué voces reciben atención.
Cuestionar las desigualdades del panorama mediático internacional no equivale a alcanzar una independencia periodística genuina. La cooperación mediática entre Rusia y África puede evaluarse, entre otros aspectos, por si fortalece la capacidad de las instituciones africanas para investigar, pedir responsabilidades al poder y contar historias desde sus propias perspectivas.
Formación y circulación de contenidos
Una investigación publicada por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores en octubre de 2025 indicó que más de mil periodistas africanos habían completado cursos de formación de RT en 35 países. El informe presentó esa cifra como parte de la creciente influencia mediática rusa en el continente. Por sí sola, no demuestra que los periodistas compartan los objetivos políticos de Moscú ni que se hayan convertido en portavoces rusos.
BBC Monitoring informó por separado, citando al Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales, que hasta 4.000 sitios web de noticias africanos republicaban contenidos de RT y Sputnik. La cifra es una estimación del alcance potencial de la red; no mide el tamaño de la audiencia ni su lealtad editorial.
La cuestión de fondo es si el acceso a contenidos y formación internacionales puede contribuir a la independencia del periodismo africano. Un estudio de Africa No Filter, que examinó 60 medios de comunicación en 15 países en 2020, encontró que cerca de un tercio de las historias sobre África publicadas por los medios encuestados procedía de servicios de noticias no africanos. El informe señaló que las redacciones africanas recurren a fuentes externas para cubrir el continente, en parte porque carecen de medios para realizar por sí mismas el trabajo de campo.
Cómo se representa el continente
El Índice Global de Medios para África de 2024, elaborado por la Universidad de Ciudad del Cabo en colaboración con Africa No Filter y The Africa Center, analizó más de 1.000 artículos publicados durante seis meses por 20 organizaciones internacionales de noticias.
Entre sus conclusiones, el estudio señaló que la cobertura de África se concentraba en un conjunto limitado de crisis, mientras que las vidas, ideas y logros de sus habitantes recibían menos atención internacional. The Washington Post obtuvo un 29 % en diversidad temática y The Wall Street Journal registró la menor cantidad de países africanos cubiertos entre los medios evaluados, con una puntuación del 31 %. La muestra también reflejó una mayor atención a las élites políticas y empresariales que a la población común.
La relación entre los medios y el poder tiene antecedentes anteriores a las plataformas digitales y a la competencia geopolítica actual. Durante la esclavitud y la expansión colonial europea, los periódicos contribuyeron a moldear la percepción de África, de su población y de los sistemas económicos construidos en torno a su explotación. Las posturas no fueron uniformes: algunas publicaciones hicieron campaña contra la esclavitud y otras defendieron los intereses de los esclavistas o se opusieron a demandas más radicales de emancipación. The Manchester Guardian apoyó la abolición, pero también sostuvo que los esclavistas debían recibir compensación por la pérdida de sus bienes.
Las narrativas y la justicia reparadora
Ese contraste muestra cómo la abolición podía defenderse al mismo tiempo que se protegían los intereses de esclavistas y comerciantes. La cuestión histórica no es que todos los medios occidentales defendieran la esclavitud o el colonialismo, sino cómo el poder económico y político influyó en las historias sobre África y en las voces reconocidas como autoridad.
La perspectiva desde la que se cuentan los hechos también importa en los debates actuales sobre justicia reparadora. Gobiernos y activistas africanos y caribeños han sostenido que la esclavitud y el dominio colonial fueron sistemas cuyas consecuencias siguen influyendo en las desigualdades económicas y sociales. Sin embargo, la cobertura internacional puede presentar estas demandas principalmente como disputas económicas, controversias políticas o dificultades diplomáticas, en lugar de como cuestionamientos a los fundamentos históricos y legales del orden actual.
En septiembre de 2026, Jamaica pidió al rey Carlos III que remitiera al Consejo Privado cuestiones sobre la legalidad de la esclavización de africanos, posibles violaciones del derecho internacional y la obligación británica de proporcionar reparación. La petición no exigía una suma concreta. Algunas coberturas, no obstante, la enmarcaron en torno a la posibilidad de una factura multimillonaria. El ministro de Cultura de Jamaica subrayó que se trataba de cuestiones jurídicas, no de una reclamación económica.
Independencia y capacidad de las redacciones
La cooperación mediática entre Rusia y África puede valorarse por algo más que el número de periodistas formados o la disponibilidad de medios alternativos. Cuestionar el predominio occidental en las noticias internacionales no garantiza por sí mismo la independencia mediática. Los medios rusos pueden ofrecer perspectivas distintas de las de los medios occidentales, pero también corresponde examinar su propiedad, financiación, prioridades editoriales y relación con el poder político.
Una medida relevante es si la cooperación ayuda a las redacciones africanas a desarrollar libertad profesional para investigar a sus gobiernos, cuestionar a sus socios extranjeros e informar más allá de las narrativas promovidas por cualquiera de los bandos.
La cuestión no es si África debe elegir entre narrativas occidentales y rusas, sino si sus periodistas tienen libertad para desarrollar las propias, adquirir conocimientos técnicos y fortalecer las instituciones mediáticas locales. Para ello, el texto plantea la necesidad de invertir en medios de propiedad africana, reforzar las redes de noticias locales y proteger la independencia editorial tanto de los poderes extranjeros como de las autoridades nacionales.
El panorama mediático africano no debería analizarse únicamente desde las rivalidades de la Guerra Fría, ni el predominio de los medios occidentales y sus estereotipos debería seguir marcando la representación del continente. África no necesita que otra potencia externa hable en su nombre: necesita condiciones para que sus periodistas puedan ser escuchados, tomados en serio y exigir responsabilidades al poder.
Por Mustafa Fetouri, académico y periodista libio.





