Los desarrolladores core de Ethereum han cancelado el calendario de pruebas de Glamsterdam tras encontrar un fallo de seguridad en dos de sus propuestas estrella. El error, localizado en las EIP-8037 y EIP-8038, podía cambiar el modo en que los contratos inteligentes ya desplegados gestionan el gas y, con ello, cómo se procesan los depósitos de staking. La testnet Hoodi se queda, por ahora, sin fecha.
Conviene ponerlo en contexto. Glamsterdam es el próximo hard fork de Ethereum: una actualización que llega a la vez a todos los nodos y cambia las reglas del protocolo, aquí tanto en la capa de ejecución como en la de consenso. Las EIP son las propuestas de mejora que se discuten en abierto en el repositorio oficial de Ethereum, y son las piezas que componen ese paquete. Dos acaban de pinchar.
Qué falla en las EIP-8037 y EIP-8038
El gas es la unidad con la que Ethereum mide el coste de cómputo de cada operación: cada llamada a un contrato reserva una cantidad y, si se agota, la transacción se revierte. Hasta aquí, nada nuevo. Muchos contratos en producción incluyen salvaguardas construidas sobre ese comportamiento, del tipo ‘si no hay gas suficiente, haz esto otro’. Las dos propuestas citadas modifican la contabilidad de ese gas, y ahí salta la trampa: el mismo código puede comportarse después del fork de forma distinta a la que diseñó su autor.
La firma de seguridad ChainSecurity identificó al menos 13 contratos de finanzas descentralizadas (DeFi, los protocolos que prestan, intercambian y custodian activos sin intermediarios) con salvaguardas expuestas. No es que el código esté mal escrito. Es que estaba escrito para unas reglas que están a punto de dejar de existir.
El vector que más preocupa afecta al staking, el depósito de 32 ETH que habilita a un validador para participar en el consenso. Ese depósito suele viajar por contratos intermedios. Si una estimación de gas distinta hace que la llamada tome un camino no previsto, quien construye el bloque, el builder, queda en posición ventajosa y puede quedarse con parte de ese flujo. Los builders son las entidades que ordenan las transacciones de cada bloque y capturan el MEV, el valor extra que se extrae de ese orden. Ahí estaba el riesgo: que parte de los depósitos acabara en sus manos en lugar de en el validador.
Los equipos no han apagado Hoodi. Tampoco hay nada que afecte a la red principal. Lo que se ha cancelado es el despliegue del fork en esa testnet, la red de pruebas donde se ensaya todo antes de producción, a la espera de medir también los efectos indirectos sobre los contratos existentes.
Un contrato que lleva dos años funcionando igual puede romperse sin que nadie lo edite: basta con que cambien las reglas del gas que lo rodea.
El testnet Hoodi espera fecha nueva
La pregunta que recorre los canales de desarrollo no es si Glamsterdam llegará, sino cuándo. Los responsables fijarán un calendario nuevo cuando terminen de revisar qué le hace el cambio a todo lo construido asumiendo las reglas anteriores. Hoodi sigue operativa, así que la prueba no se ha detenido del todo, pero la foto del fork en mainnet se aleja. Sin fecha pública, cualquier cálculo es especulación.
La respuesta ha tenido un componente que hace dos años habría sonado a ciencia ficción. Derek Chiang, investigador de Eth Labs, explicó que su equipo y la Ethereum Foundation desplegaron por separado agentes de inteligencia artificial para rastrear vulnerabilidades y que, al ver que usaban enfoques equivalentes, montaron un tablón de coordinación en un repositorio de GitHub. El método se extendió: un tablón paralelo examina la EIP-8198, conocida como Quick Slots y prevista para Hegota, el fork posterior.

Por qué este parche importa más allá de Glamsterdam
Ethereum ya ha vivido sustos parecidos. Shanghai, en abril de 2023, habilitó la retirada del staking y obligó a revisar supuestos congelados durante dos años. Dencun, en marzo de 2024, introdujo los blobs, espacios de datos baratos para los rollups, y cambió de facto la economía de las capas 2. En ambos casos la red llegó a puerto, con retrasos, y parches de última hora. La diferencia ahora es la superficie expuesta: hay mucho más dinero y más contratos que dependen de que el gas se comporte como siempre.
Hay una contradicción que conviene mirar de frente. Cuanto más se apoya el ecosistema en contratos inmutables, más caro sale cambiar las reglas por debajo. Y el fallo apareció tarde, en una fase avanzada del desarrollo, algo que el propio Chiang reconoció al explicar la urgencia. Su conclusión es la sensata: el análisis del impacto sobre los contratos existentes debería empezar en las primeras fases de cada propuesta, no cuando el fork ya tiene fecha.
Que dos equipos lleguen a la misma conclusión con agentes de IA no sustituye la revisión humana, pero acelera el barrido. Bitcoin Core ha ido más allá: clasifica los fallos que un modelo de lenguaje corriente puede redescubrir y publica parches cuanto antes en lugar de mantener el embargo habitual. La lógica es incómoda y sólida: si la IA hace fácil encontrar el agujero, el secreto ya no protege a nadie.
Para el holder de ETH, el impacto inmediato es nulo. No hay fondos en riesgo ni mainnet afectada. Para quien sigue el roadmap, el mensaje es otro: Glamsterdam no llegará hasta que el paquete pase el examen completo, y Hegota ya está en la mesa de revisión. El próximo hito no es una fecha, es el nuevo calendario de Hoodi.




