Two Delta, la startup israelí de IA que acelera el entrenamiento de modelos, acaba de sumar a Bill Ackman a su accionariado. La lección para cualquier founder: el valor ya no está en construir el modelo, sino en aplicarlo.
El movimiento encaja en un patrón que el fundador de Pershing Square Capital Management lleva dos años repitiendo: equipos pequeños, propiedad intelectual concentrada y sectores donde el riesgo estructural juega a favor del especialista, como la ciberseguridad y la defensa tecnológica. Lo explicó en una entrevista con Calcalist durante la cumbre ARC del Sheba Medical Center, en Israel.
Qué hay detrás de la ronda de Two Delta
Vamos a los números. Ackman ha invertido cerca de 100 millones de dólares en Israel, según sus propias cifras, y asegura que sigue buscando operaciones. Unas van por Pershing Square, firma que gestiona 33.000 millones; otras, a título personal. La entrada en Two Delta pertenece al segundo grupo. El importe de la ronda no ha trascendido.
Ese silencio sobre la cifra es la primera lección. Cuando un inversor de primer nivel confirma participación y la compañía no publica ni importe ni valoración, la operación funciona como señal de validación, no como referencia de precio. Un founder que se compare con Two Delta a partir de este anuncio está leyendo mal el dato.
En la misma conversación apareció otra operación: Ackman participó en la última ronda de Kela, el unicornio israelí de defensa tecnológica. En el accionariado de Two Delta figura también Eric Schmidt, exconsejero delegado de Google, según la información publicada sobre la operación. Dos nombres que, juntos, valen más que cualquier nota de prensa.
Un fondo que gestiona 33.000 millones de dólares no compra tickets: compra acceso a la siguiente ronda antes de que exista.
El retorno que Ackman presume no viene de una startup. Una semana después del 7 de octubre de 2023 compró cerca del 5% de la Bolsa de Tel Aviv por 25 millones de dólares, tras una presentación de una hora. Esa participación vale hoy en torno a 250 millones: un múltiplo de diez que él mismo describe como retorno de venture capital.
La tesis: una empresa de un billón de dólares saldrá de Israel
La predicción que sostiene la operación es enorme. Ackman sostiene que de Israel saldrá una compañía valorada en un billón de dólares —un millón de millones— en los próximos cinco años y, si no, en una década. Su argumento interesa a cualquier emprendedor: la IA reduce el peso de la escala.

La lógica es la siguiente: Israel tiene 10 millones de habitantes frente a los 350 millones de Estados Unidos, pero con IA un equipo de veinte personas puede atacar un mercado global. A eso se suma que una economía grande arrastra también una carga fiscal grande; Ackman citó la deuda nacional estadounidense, en torno a 40 billones de dólares, como contrapeso. Para él, lo que decide la década es la densidad de talento por habitante, no el tamaño del mercado doméstico.
También descartó que el país haya perdido el tren de los grandes modelos de lenguaje. Su tesis es que solo un puñado de constructoras de modelos alcanzará valoraciones de billón y que el grueso del valor lo capturarán las empresas que apliquen esa tecnología a un problema concreto. Two Delta, que trabaja en entrenamiento y aceleración de modelos, es exactamente esa apuesta intermedia.
📦 Caso de estudio: Two Delta
- El reto: competir en IA desde un país sin ningún gran modelo de lenguaje propio y con 10 millones de habitantes.
- La jugada: posicionarse en la capa de entrenamiento y aceleración de modelos, con un equipo pequeño y capital de inversores globales.
- El resultado: entrada confirmada de Bill Ackman y Eric Schmidt en el accionariado; la compañía no ha desvelado importe ni valoración.
- La lección: si no puedes ganar en la capa más cara, ocupa la capa donde cada euro de capital rinde más.
Lo que este caso enseña a un founder sin Ackman en el capital
El precedente útil no es Two Delta, es la Bolsa de Tel Aviv. Ackman compró el 5% en 2023 y multiplicó por diez en un mercado que entonces cotizaba con descuento de guerra. La lectura sirve igual para una ronda semilla que para la apertura de una tienda física en un barrio en rehabilitación: el mejor momento para entrar es cuando el riesgo percibido supera al riesgo real.
Ahora la parte incómoda. La tesis del billón de dólares es una opinión con pedigrí, no un dato. Israel tiene un ecosistema denso —ciber, agrotech, deep tech— y una concentración de talento técnico que España envidiaría, pero también un mercado doméstico diminuto, y una dependencia total del capital extranjero. La diferencia con el ecosistema español no está en el talento: está en la masa crítica de fondos capaces de escribir un cheque de 20 millones en una Serie B. Ahí, ENISA o Lanzadera cubren la fase temprana; la escala se sigue financiando fuera.
Ese es el punto donde la mayoría de los fondos europeos mira hacia otro lado y donde se decide de verdad si un ecosistema compite. Israel no ha ganado por tener mejores ingenieros, sino por tener un comprador recurrente de riesgo tecnológico: hedge funds, family offices y fondos globales que aceptan la pérdida total como parte del juego. Sin ese comprador, el talento emigra.
Para un founder que esté preparando una ronda, la lección operativa es otra: el nombre del inversor abre la puerta de la siguiente ronda, pero no arregla los unit economics. Si tu MRR crece al 8% mensual y tu coste de adquisición se come el margen, ningún business angel con 3 millones de seguidores en X convierte el negocio en invertible. El capital de validación compra tiempo; el runway se gasta igual.
El nombre del inversor abre la siguiente ronda; los unit economics deciden si esa ronda llega a cerrarse.
Ackman, además, está montando Pershing Square Ventures, un vehículo de capital riesgo que será una fracción pequeña de los 33.000 millones que gestiona el grupo. Esa es la señal que de verdad importa: no el cheque puntual, sino la estructura permanente para repetirlo. Cuando un hedge fund institucionaliza una pata de venture, el mercado local gana un comprador recurrente. Eso es lo que a España le sigue faltando.
🚀 Hoja de Ruta para Emprender
- Lee la señal, no el titular: si una ronda no publica importe ni valoración, trátala como validación de tesis y nunca como referencia de precio para tu propia operación.
- Ocupa la capa rentable: si no puedes competir en la infraestructura más cara, especialízate en la aplicación donde cada euro invertido genera más retorno.
- Mide antes de ampliar: un 8% de crecimiento mensual con margen negativo no justifica una ronda; el capital acelera lo que ya funciona, no lo que aún busca su mercado.
- Diseña para un mercado global: con equipos pequeños y herramientas de IA, el tamaño del país de origen deja de ser la excusa que era hace cinco años.





