El precio de la luz deja seis horas a 0 euros y un pico de 245 €/MWh este domingo.
La jornada, además, dura 25 horas por el cambio de hora, así que el mercado publica un precio más de lo habitual. La estampa del PVPC es la de un mercado partido en dos: franjas en las que la electricidad no cuesta nada y tramos que se pagan a precio de gas.
El calendario añade una peculiaridad que no se repite cada año. Al retrasarse los relojes a las 03:00, la jornada gana una hora y el mercado mayorista publica 25 precios horarios en lugar de 24. Esa hora de más entra en la media del día y, según cómo se resuelva, puede mover unas décimas el precio de referencia que después traslada el recibo.
Quien fija esas 25 subastas es el operador del mercado ibérico (OMIE), que casa cada hora la oferta de generación con la demanda prevista. Con la fotovoltaica cubriendo buena parte del mediodía y los ciclos combinados esperando su turno, el resultado es el que ya conocen los consumidores acogidos a la tarifa regulada.
Seis horas a 0 euros y un techo de 245 €/MWh
Las horas más baratas de la luz se concentran, como es habitual en domingo, en la madrugada y en el tramo central del día. Son seis horas a coste cero, un nivel que en el mercado mayorista significa que sobra generación: las renovables producen más de lo que el sistema necesita y el precio se va al suelo.
El otro extremo llega en los tramos de mayor demanda, con la fotovoltaica ya de salida y el ciclo combinado marcando el precio marginal. Ahí aparecen los 245 €/MWh, un salto de 245 euros entre la hora más cara, y la más barata que resume la volatilidad del sistema eléctrico español.
Seis horas gratis y una tarde a 245 euros no describen un mercado roto, sino un mercado sin almacenamiento para tender el puente entre los dos extremos.
Conviene precisar una cosa antes de echar cuentas: 0 €/MWh no equivale a factura a cero. El término de energía es solo una parte del recibo. Los peajes de acceso, los cargos del sistema, el impuesto eléctrico, el IVA y el alquiler del contador siguen ahí, y en bastantes hogares suman más de la mitad de lo que se paga cada mes.
Qué pesa de verdad en la factura eléctrica de octubre
Para un hogar acogido al PVPC, el precio de cada hora se traslada casi íntegro al término de energía. Programar la lavadora o el lavavajillas en una de esas seis horas nulas ahorra céntimos por ciclo, no euros. Acumulado a lo largo de un mes, la diferencia se nota, aunque nunca tanto como sugiere el titular del día.
El cliente de tarifa fija apenas percibe lo que ocurra hoy: su precio por kilovatio hora está cerrado y el domingo le da igual. Quien vive del PVPC del domingo, en cambio, lo nota hora a hora, y no siempre a favor.
La media del mes no se conocerá hasta el cierre del día 31, y hasta entonces cualquier cálculo es una aproximación. Lo que sí se puede medir ya es el efecto del cambio de hora: una hora extra de mercado que, en una jornada con precios tan dispares, altera ligeramente la media que después se aplica.

El problema de fondo: precios nulos y ninguna batería que los aproveche
El detalle del domingo no es una anécdota de calendario. Es la fotografía de un sistema que ha instalado mucha generación solar y muy poca capacidad de guardar la electricidad que produce a mediodía. Cuando el sol aprieta, el precio cae a cero; cuando se pone, el sistema tira de gas para encender las casas. Entre esas dos horas hay un hueco de almacenamiento que nadie ha llenado al mismo ritmo que se han llenado los tejados.
La paradoja tiene consecuencias contables. Los tramos a cero no compensan los de 245: el consumidor acogido al PVPC paga la media, y la media la marcan las horas en las que el gas fija el precio. Son 25, no 24, pero la lógica es la misma que se repite desde que la fotovoltaica se convirtió en la primera fuente del sistema.
Los registros de demanda de Red Eléctrica permiten seguir ese patrón hora a hora y comprobar dónde se rompe la curva. La secuencia se repite los fines de semana desde primavera: valle profundo al mediodía, repunte al caer la tarde.
Hay un riesgo que conviene nombrar: si los precios nulos se multiplican, la retribución de la nueva fotovoltaica se estrecha y con ella el incentivo para seguir instalando, justo cuando Europa aprieta con los objetivos de 2030. Y hay una contradicción del propio diseño: el país necesita horas baratas para electrificar la calefacción y el coche, pero también necesita que alguien invierta en guardar esa energía.
Mi lectura, con la prudencia que exige un solo día de mercado, es que el debate ya no está en generar más sino en poder mover esa electricidad cuatro o cinco horas. La prueba de fuego llegará con la media de noviembre y con el primer episodio serio de frío, cuando la calefacción eléctrica y la bomba de calor se crucen en la misma franja de la tarde. Ese día se sabrá si los 245 euros de hoy son un pico anecdótico o el nuevo suelo de las horas punta.





