Vladimir Putin no está negociando. Está administrando el calendario. Esa es, resumida, la tesis que Fernando Moragón defendió en su última intervención en Negocios TV, un análisis en el que desmontó la idea de que la diplomacia de estas semanas —las ofertas cruzadas entre Washington y Moscú, la aparente cesión de Volodímir Zelenski— esté acercando el final de la guerra. Para el analista, lo que se representa sobre la mesa es un teatrillo, y el único actor que parece haber leído el guion completo es el Kremlin.
El punto de partida del debate era concreto. Donald Trump habría trasladado a Moscú una propuesta: Rusia se queda con todo el Donbás y, a cambio, Ucrania recibe garantías de seguridad por parte de la OTAN. Putin respondió que está abierto a un acuerdo, con dos matices de fondo: la paz tiene que perdurar en el tiempo y Europa debe quedar, de algún modo, contenida. Moragón no ve ningún giro en ese intercambio.
Un mediador que en realidad es una de las partes
El primer malentendido que el analista quiso desmontar es el de la neutralidad de Washington. Desde la llegada de Trump al poder, sostiene, se ha presentado a la administración estadounidense como una suerte de mediador imparcial cuando, en su lectura, es una de las partes en conflicto. Republicanos y demócratas responden, a su juicio, a una misma lógica imperial con estrategias distintas: unos apuntan a Irán y otros a Rusia, pero el objetivo compartido es frenar a China antes de que consolide por derecho propio su primacía económica. Todos los caminos, ironizó, ya no conducen a Roma, sino a Pekín.
En ese marco, ¿qué persigue Trump en Ucrania? Relaciones económicas con Rusia. Moragón recuerda que el auge energético estadounidense de la última década, el del gas y el petróleo de fracturación hidráulica, tiene los años contados, y que en la próxima década Washington necesitará volver al crudo y al gas convencionales. Con Qatar fuera de juego por lo ocurrido en Oriente Medio, solo ve un proveedor capaz de cubrir ese hueco: Rusia. A ello suma las tierras raras y otros minerales estratégicos. El restablecimiento de los lazos comerciales no sería, por tanto, un adorno de la paz, sino su verdadero motor.
El Donbás como papel para romper y tirar
Las condiciones rusas, recuerda, están fijadas desde hace años y no se han movido un milímetro. Por eso interpreta cada ronda de contactos, desde Estambul hasta los encuentros anunciados con gran despliegue, como una coreografía sin sustancia. Lo que se ha puesto sobre la mesa es, en sus palabras, papel para romper y tirar. El motivo es de correlación de fuerzas: Ucrania está perdiendo y, según su pronóstico, perderá de forma relativamente rápida, con una economía que se desmorona mientras Moscú golpea de manera sistemática la infraestructura energética y logística, primero al este del Dniéper y ahora también al oeste.
‘Putin está ganando y va a ganar. Lo que hay sobre la mesa es papel para romper y tirar.’
— Fernando Moragón, en Negocios TV
El invierno que puede terminar de quebrar Ucrania
Moragón maneja una cifra que, advierte, conviene retener: en torno a 20 millones de personas bajo control de Kiev. Un Estado fallido en términos demográficos y, tras el invierno, probablemente también económicos. Su descripción del panorama es dura: almacenes de alimentos destruidos, expertos locales recomendando a la población que se desplace a los pueblos y un mercado inmobiliario al alza en el oeste del país por el traslado interno de población desde el este. La guerra energética, insiste, no es un daño colateral, sino el instrumento principal.
De ahí el nerviosismo europeo, alimentado por las advertencias veladas de Zelenski: o llega más dinero o la caída ucraniana empujará a millones de personas hacia la Unión Europea. El analista va más allá y afirma que parte de esos fondos no acaba en el frente. También descarta la lectura habitual sobre la opinión pública rusa: la presión que dice percibir sobre Putin no es para que negocie, sino para que golpee con mucha más dureza, incluidos objetivos europeos.
Dos paces posibles, y solo una se va a imponer
La segunda intervención del programa, a cargo de Santiago, desplazó el foco del corto al largo plazo con una idea incómoda: la paz no se negocia, se impone. En su opinión, solo existen dos escenarios. El primero es una paz estadounidense, que reforzaría el paraguas de Washington sobre Europa vigente desde 1945 y revalidado tras 1991. El segundo es una paz rusa, que supondría una reordenación completa de las relaciones internacionales y devolvería a Moscú la capacidad de condicionar la política exterior de países que no son Rusia.
La asimetría entre ambos bandos es, para este analista, decisiva. Rusia se juega su continuidad como Estado y como proyecto político; Estados Unidos se juega su capacidad de seguir imponiendo su orden en Europa, algo esencial pero no existencial, dado su aislamiento geográfico. Lo ilustró con dos episodios históricos —las tropas británicas que incendiaron la capital en 1812 y las incursiones de Pancho Villa— para subrayar que el territorio estadounidense no ha vuelto a estar seriamente amenazado. De ahí su conclusión: tampoco hay acontecimiento global, sea electoral o bélico, que no conecte con Ucrania, con Irán o con la pugna por los BRICS en Brasil.
Contexto: lo que el vídeo da por sabido
Conviene situar el debate. La guerra iniciada en febrero de 2022 llega a este otoño de 2026 sin un acuerdo de paz firmado, después del fracaso de los formatos anteriores, desde Minsk hasta las conversaciones de Estambul. La discusión sobre el Donbás y las garantías de seguridad no es nueva: ya estuvo en el centro de la agenda en la cumbre de la OTAN de Bucarest en 2008 y en cada intento de alto el fuego desde entonces. Lo que sí ha cambiado es el tono de Washington, más centrado en el coste del conflicto para Europa que en la defensa del territorio ucraniano, y un mercado energético global en el que el gas licuado ha pasado de ser una promesa a una dependencia. En ese tablero, el análisis de Negocios TV debe leerse como lo que es: una interpretación geopolítica, no un parte de guerra.
Qué significa esto para el lector europeo
Si la lectura de Moragón es correcta, las consecuencias se sienten mucho antes de cualquier firma. Para el ciudadano europeo, el primer efecto es la factura energética: si Washington prioriza un acuerdo con Moscú para asegurarse crudo y gas convencionales, el coste de la transición industrial europea se encarece y la posición negociadora de Bruselas se debilita. El segundo es la seguridad. Una paz impuesta por Rusia no se limitaría a líneas de frente: implicaría aceptar que un país vecino de la Unión pueda vetar la orientación exterior de otros Estados, algo que choca de frente con el diseño institucional comunitario.
El tercer efecto es político interno. La amenaza de una nueva oleada migratoria ucraniana ya funciona como palanca en los debates presupuestarios y alimenta a los partidos que exigen rebisar el apoyo a Kiev. Y hay un cuarto, más silencioso: la normalización de la idea de que la paz tiene vencedor y vencido, con todo lo que eso supone para el derecho internacional y para la confianza en los marcos multilaterales que sostienen el comercio europeo.
Conviene además subrayar el sesgo del propio análisis. Moragón no oculta su marco: interpreta la política exterior estadounidense como un engranaje imperial en el que Ucrania es un medio, no un fin. Quien lo escuche debería contrastarlo con otras fuentes, porque buena parte de los datos que maneja —el agotamiento del fracking, la retirada catarí del mercado, el volumen real de población bajo control de Kiev— proceden de estimaciones propias o de lecturas discutibles. Lo sólido del diagnóstico es la pregunta de fondo; lo demás admite matices.
Una pregunta que sigue sin respuesta
Lo que queda tras dieciséis minutos de conversación no es un pronóstico, sino una duda razonable: si la paz es siempre la paz del vencedor, y Moscú avanza mientras las infraestructuras ucranianas se apagan una a una, ¿qué está dispuesto a entregar Occidente para no tener que reconocerlo? Moragón lo tiene claro. Santiago, también: el reloj corre en una sola dirección. El invierno, como casi siempre en esta guerra, decidirá parte del debate.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.





