Palantir sitúa a Israel como única excepción al dominio de EEUU y China en IA

El consejero delegado de Palantir calcula que Estados Unidos mantiene una ventaja de unos seis meses sobre China. La lección para un founder español está en elegir una capa del stack que pueda defender con datos propios.

El ecosistema IA de Israel es la única excepción que Alex Karp concede al duopolio de Estados Unidos y China, y su lectura deja una lección incómoda para cualquier founder: sin stack tecnológico propio no hay asiento en la mesa.

El consejero delegado de Palantir lo dijo en una conversación con Leon Kalvaria, presidente global de banca de Citigroup, que la compañía publicó en vídeo el 23 de octubre. ‘Con una pequeña excepción en Israel, son los únicos países relevantes’, afirmó sobre Washington y Pekín. Ni un nombre de empresa. Ni una cifra.

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Ese silencio es información. Una frase suelta en un vídeo corporativo no es un informe, y conviene tratarla como lo que es: una tesis estratégica, no un dato. Karp no aclaró si su excepción se refiere a la capacidad militar en IA de Israel, a su industria de ciberseguridad o a su ecosistema de startups. Lo que sí hizo fue ordenar la carrera en términos que cualquier emprendedor entiende: la disputa es por el control del stack completo, desde los chips hasta la capa de aplicaciones que usan las empresas.

‘Todo eso está actualmente en la América occidental y/o en China’, añadió. ‘Y todo el que no está ahí es una especie de derivado raro. No cuenta. No pueden competir’. Duro. Y útil, porque marca exactamente dónde se rompe la cadena.

La ventaja de seis meses y el país que no sale de la lista corta

Karp estimó que Estados Unidos mantiene una ventaja de unos seis meses sobre China y resumió la asimetría en una frase: ‘Nuestra ventaja es la creatividad. La suya es la escala’. El gigante asiático compensa con modelos que corren con menos cómputo, precios más bajos y destilación, la técnica de entrenar modelos pequeños con las salidas de los grandes. No es una carrera que se gane con un solo lanzamiento.

La pregunta ya no es quién tiene el mejor modelo, sino quién controla las capas que sostienen ese modelo.

Por qué Israel sí cuenta (y por qué Karp no lo explica)

Israel entra en la lista corta por una vía que no pasa por el consumo masivo. Su gasto en I+D ronda el 5% del PIB, el porcentaje más alto de la OCDE, y el ecosistema se construyó alrededor de la tecnología profunda: ciberseguridad, semiconductores, visión artificial y defensa. De ahí salieron compañías como Mobileye, CyberArk o Wiz, que escalaron fuera de su mercado doméstico. El país tiene poco mercado interno y una obligación: vender fuera desde el día uno.

Israel no compite por tamaño de mercado: compite por ser imprescindible en la capa donde nadie más quiere entrar.

startup nation

Palantir lleva años con un pie ahí. La compañía, cuyo historial de operaciones puede consultarse en Crunchbase, anunció en enero de 2024 una alianza estratégica con el Ministerio de Defensa israelí para suministrar tecnología, después de una visita de directivos y una reunión de consejo en Tel Aviv. Los términos no se hicieron públicos. Entonces Karp describió Israel como ‘una parte no comercialmente relevante de nuestro negocio’. Dos años después lo llama excepción. No hay contradicción: hay diferencia entre caja de resultados y posición estratégica.

Vamos al detalle que importa.

📦 Caso de estudio: Palantir

  • El reto: vender software a gobiernos y ejércitos cuando todo el sector empujaba hacia el cliente corporativo masivo y la nube estándar.
  • La jugada: IA ‘soberana’, con el cliente manteniendo el control de sus datos y su propiedad intelectual en lugar de cederla al proveedor del modelo.
  • El resultado: dos décadas de contratos en defensa y sector público que sostienen su posición en la conversación global sobre inteligencia artificial.
  • La lección: en mercados regulados, la confianza y la soberanía del dato pesan más que el benchmark del modelo.

Europa tendrá que comprar: el aviso que también interpela a España

El diagnóstico sobre Europa fue más seco. El continente ‘va a tener que comprar uno de esos productos’, una perspectiva que él mismo calificó de lamentable. Añadió que le gustaría ayudar, pero que no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado. Traducido a un comité de dirección: si tu empresa depende de un modelo que no controlas, no eres un actor de la carrera. Eres su cliente.

Eso no condena a nadie a la irrelevancia. Condena a quien confunde usar IA con construir con IA. La capa que se puede defender sin fábricas de chips es la del dato propietario, la distribución y el conocimiento de un sector vertical. Un fondo de venture capital lo llamaría foso competitivo; un founder, la única razón por la que un competidor con más caja no te copia en un trimestre.

España tiene dos bazas razonables en ese esquema: talento técnico comparativamente barato y el puente con Latinoamérica, que sigue siendo el mercado natural de muchos productos locales. Y tiene una baza mala: la tentación de ser un ‘derivado raro’ más, la enésima capa de aplicación montada sobre una API ajena.

Lo que este diagnóstico enseña a un founder (y qué haría con él)

Conviene situar la frase de Karp donde corresponde: es un ejecutivo defendiendo su posición, no un analista con datos. Su excepción israelí encaja con su historial —la alianza con Defensa en 2024 lo demuestra— y le sirve para explicar por qué Europa queda fuera del tablero. Ni siquiera él se molesta en detallar qué hace especial a Israel. Eso debería activar el escepticismo de cualquier lector.

Con esa cautela, la fotografía es coherente con lo que se ve en las rondas. Las compañías europeas que compiten de tú a tú lo hacen en verticales concretos y con ingresos recurrentes, no con demos. La ola del cloud dejó el precedente: Spotify se construyó sobre infraestructura estadounidense y aun así compite globalmente porque su foso está en producto, datos y distribución, no en el servidor. La mayoría de los fondos europeos prefiere esperar a la ronda serie A antes de mojarse. Con la IA pasará igual, con un matiz: el coste de cambiar de proveedor de modelo es más bajo que el de cambiar de nube, así que la retención hay que ganarla en el flujo de trabajo y no en el contrato.

Para un founder en fase semilla, la traducción práctica es esta: si tu ventaja desaparece cuando OpenAI o Anthropic lanzan la siguiente versión, no tienes ventaja, tienes una capa temporal. Si desaparece cuando tu cliente cambia de herramienta, tienes negocio.

Hay un detalle que Karp añade y que afecta de lleno a quien emprende: si la concentración de riqueza que genera la IA empuja un impuesto patrimonial, dijo, ese impuesto ‘mataría a las startups’ que aspiran a desafiar a compañías como la suya. Es una opinión interesada, y conviene leerla como tal. Pero deja una pregunta útil para cualquier equipo: qué parte de tu crecimiento depende de estructuras que no controlas.

Y la ejecución se mide en unit economics, no en titulares.

🚀 Hoja de Ruta para Emprender

  • Elige tu capa antes de escribir código: define si tu defensa está en los datos, la distribución, la integración o el cumplimiento normativo. Lo demás es sustituible en un trimestre.
  • Mide el coste de cambio de tu cliente: si migrar de tu producto cuesta menos de una semana de trabajo, tu retención es decorativa y tu MRR frágil.
  • Vende fuera desde el mes uno: los ecosistemas pequeños no financian ciclos largos de desarrollo. Valida con clientes internacionales antes de escalar plantilla.
  • Busca capital que entienda tu ciclo: programas como Lanzadera o las líneas de ENISA dan aire, pero no sustituyen a un inversor acostumbrado a ciclos de deep tech.

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