El Glamsterdam de Ethereum se queda, de momento, sin ensayo general. Los equipos core han paralizado el despliegue del próximo hard fork —la actualización coordinada que cambia las reglas de la red— en Hoodi, la testnet donde se ensaya todo antes de tocar la red principal, tras el aviso de ChainSecurity sobre dos propuestas que debilitarían las defensas de contratos inteligentes ya en producción.
La fecha marcada era el 26 de octubre. Ya no. La Ethereum Foundation confirmó el aplazamiento para dar tiempo a estudiar cómo interactúan esas propuestas con el código ya desplegado, y el calendario hacia mainnet —donde los equipos manejaban principios de diciembre— queda en el aire.
El aviso llevaba días sobre la mesa. El 13 de octubre, ChainSecurity señaló que la EIP-8037 y la EIP-8038 podían abrir un flanco en la gestión de las transacciones fallidas. Ocho días después, el investigador seudónimo pcaversaccio calificó los riesgos de ‘serios’ en GitHub y pidió reevaluar la bifurcación. El viernes, la firma reconoció haber localizado 13 ejemplos del mundo real y estar coordinando la divulgación con los proyectos afectados.
Qué ha pasado: Hoodi se queda sin fecha y el gas está detrás
Conviene empezar por lo básico. Cada operación en Ethereum paga un peaje llamado gas: una unidad de cómputo que el usuario abona en ether y que retribuye a los validadores y frena los bucles infinitos. Un contrato inteligente —el programa que vive en la cadena y se ejecuta solo— administra ese presupuesto porque de él depende que la operación termine o se revierta.
Las dos propuestas tocan justo esa contabilidad. Bajo las nuevas reglas, el gas podría devolverse a un contrato después de que una operación haya fallado, lo que le permitiría seguir ejecutándose cuando antes se habría detenido en seco. Suena inocuo, incluso deseable. El problema es que muchos contratos usan el gas restante como termómetro: si queda poco, asumen que algo va mal y abortan. El detalle de ambas puede consultarse en el repositorio oficial de propuestas de Ethereum.
El griefing por gas insuficiente, explicado sin jerga

Aquí entra el ataque que preocupa a ChainSecurity, bautizado como griefing por gas insuficiente. La idea es sencilla: un atacante envía una transacción legítima pero con demasiado poco gas para que se complete. El contrato no puede terminar la operación, consume el presupuesto y deja al usuario en un limbo. Nadie gana dinero con esto. El objetivo es molestar, bloquear o degradar el servicio; de ahí el nombre, griefing, ganas de fastidiar.
El código que lleva años funcionando sin sobresaltos es justo el que nadie revisa. Ahí duele un cambio de gas.
Con las reglas actuales, la mayoría de los contratos bien escritos se protege de ese escenario. Con las que traería Glamsterdam, no todos. ChainSecurity describe un caso concreto: un contrato afectado podría eliminar la reclamación de un usuario o desactivar la opción de reintentar, dejándole sin salida, aunque su petición fuera válida. La firma matiza que no todas las comprobaciones quedarían inservibles, pero los desarrolladores tendrán que revisarlas una a una.
El frente no se agota en los contratos. La Ethereum Foundation ya había advertido de que el nuevo modelo de gas puede romper billeteras, indexadores y estimadores, esas herramientas invisibles que calculan cuánto costará una operación antes de firmarla. Glamsterdam se activó en Sepolia el 6 de octubre sin incidentes graves; Hoodi era el último escalón antes de mainnet.
En el ecosistema, el movimiento más visible es el de Lido DAO, el mayor protocolo de staking líquido de la red —depositas ETH para ayudar a validar Ethereum y recibes un token que representa ese depósito y circula por DeFi—. Según las informaciones publicadas en torno al aplazamiento, el equipo valora revertir su despliegue en la testnet y esperar a que el modelo de gas quede cerrado.
Qué se juega el calendario de mainnet y qué pasó con Dencun
Glamsterdam no es un ajuste menor. El paquete reordena el modelo de gas y prepara el terreno para las fases siguientes del roadmap. El precedente más cercano no es un parche cualquiera: en marzo de 2024, Dencun introdujo los blobs —espacios de datos baratos reservados a los rollups, las segundas capas que procesan transacciones fuera de la red principal y luego las resumen en ella— y cambió la economía de todo el ecosistema. Aquella actualización también se deslizó meses.
Antes hubo otros hitos que sirven de brújula. Shanghai, en abril de 2023, abrió por fin la retirada del ETH depositado en staking. The Merge, en septiembre de 2022, fue el salto al consenso de prueba de participación. En los tres casos el patrón se repite: el código se prueba en testnets, alguien encuentra un borde afilado y el calendario cede. Eso no es un fracaso del proceso, es el proceso.
El riesgo, eso sí, existe. Un cambio de gas toca a todos los contratos desplegados a la vez, y los 13 casos que ChainSecurity aún no ha publicado podrían ser la punta del iceberg. Si los proyectos no revisan su código a tiempo, el problema aterriza en mainnet con dinero real dentro. La condición que cambiaría el panorama es concreta: que la firma publique los ejemplos y los equipos afectados confirmen parches antes de que los core developers vuelvan a fijar fecha. Si eso ocurre en las próximas semanas, diciembre sigue vivo. Si no, el Glamsterdam de Ethereum se va al primer trimestre de 2027.




