La AIE proyecta un récord de consumo de carbón: 8.940 millones de toneladas en 2026 y el fin del plateau

El estancamiento de 2025 se rompe por el corte de suministro en el estrecho de Ormuz tras el ataque a Irán. La AIE advierte además de que la inversión en carbón alcanzó en junio máximos de 14 años.

La AIE proyecta un récord de consumo de carbón de 8.940 millones de toneladas en 2026, un giro que rompe el estancamiento de 2025 y devuelve al combustible más contaminante a una senda que se daba por agotada.

El diagnóstico del año pasado era el contrario. La Agencia Internacional de la Energía sostenía que la demanda mundial del carbón había tocado techo y que empezaba a declinar. Doce meses después, el organismo con sede en París proyecta un máximo histórico de 8.940 millones de toneladas. No es una corrección menor: es el final del plateau que se anunció como definitivo.

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¿Qué ha cambiado? La respuesta cabe en un estrecho. El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán en febrero de 2026 cortó buena parte del suministro de petróleo y gas que circula por el estrecho de Ormuz y empujó al mundo a su segunda crisis energética de la década, tras la que provocó la invasión rusa de Ucrania en 2022. Muchos países tiraron del carbón como sustituto de emergencia.

El fin del plateau: 8.940 millones de toneladas que nadie esperaba

La lógica del mercado lo explica sin adornos. Daan Walter, responsable de investigación estratégica del think tank Ember, resume el mecanismo: el carbón sube porque el gas baja. Cuando el suministro de gas se encarece o desaparece, la generación que estaba llamada a retirarse vuelve a entrar en el despacho por precio, no por convicción.

El resultado es una fotografía incómoda: centrales que ya tenían fecha de cierre reactivadas y precios mayoristas en niveles que algunos analistas compararon con un impuesto al carbono de facto. El encarecimiento del gas hizo el trabajo que no había hecho la política climática.

El carbón no vuelve por convencimiento: vuelve porque el gas se ha encarecido, y esa diferencia de precio decide qué central se enciende.

La letra pequeña: un bache corto no es un renacimiento del carbón

AIE carbón 2026

Aquí empieza la parte que los titulares de resurrección se saltan. Christine Shearer, analista de carbón de Global Energy Monitor, la entidad que rastrea centrales y proyectos energéticos en todo el mundo, insiste en separar dos cosas que se parecen: un repunte puntual del consumo y un resurgimiento real de la industria. Lo primero es un dato de coyuntura. Lo segundo exigiría inversión sostenida en nueva capacidad.

Un repunte de consumo en un año de shock no reabre una industria: solo alarga la vida de las plantas que ya estaban construidas.

El detalle que sí incomoda está en la inversión. En junio, la AIE advirtió de que el capital destinado al carbón había alcanzado su nivel más alto en 14 años. Ahí no hay coyuntura: hay una señal de precio que los inversores están leyendo como permanente, y una planta de carbón que se construye hoy opera durante décadas.

El marco político tampoco acompaña. En la cumbre del clima de Glasgow, en 2021, casi todos los países del mundo acordaron reducir progresivamente el carbón. Es el combustible más sucio por unidad de energía: emite más CO2 y más contaminantes atmosféricos que el petróleo o el gas natural.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • Consumo proyectado: 8.940 millones de toneladas de carbón en 2026, máximo histórico según la AIE.
  • Inversión: el capital destinado al carbón alcanzó en junio su nivel más alto en 14 años.
  • Intensidad de emisiones: más CO2 y más contaminantes por unidad de energía que el petróleo o el gas.
  • Contrapeso renovable: India ha cuadruplicado su capacidad limpia hasta unos 300 GW en una década.

El efecto dominó: Queensland, Alberta y la fiebre del azúcar

Con el precio alto, los proyectos vuelven a la mesa. El jefe del gobierno del estado australiano de Queensland, David Crisafulli, se ha mostrado dispuesto a estudiar nuevas centrales de carbón para alimentar los centros de datos de inteligencia artificial de Anthropic. En Canadá, la minera Northback trabaja para reabrir una explotación en Alberta cerrada hace casi 60 años, con el argumento de que el mundo seguirá necesitando carbón la próxima década.

Walter lo llama la fiebre del azúcar: una avalancha de iniciativas lanzadas con el pico de precio delante y la tendencia de demanda detrás. Su pronóstico es que muchos de esos planes son temerarios y que el bajón llegará antes de que las plantas estén terminadas. Cuando el gas se normalice, esas centrales competirán contra renovables que ya son la opción más barata de instalar.

El otro lado del shock: la crisis también acelera la transición

La segunda mitad de la historia no va de carbón. El Fondo Monetario Internacional señaló hace unos días que el crecimiento de la energía limpia ha amortiguado el golpe económico del shock petrolero, aunque avisó de que el mundo se acerca a los límites de su capacidad de resistencia ante nuevas perturbaciones. La renovable ya hace de colchón; el problema es el grosor del colchón.

India es el mejor ejemplo de las dos verdades a la vez. El responsable de su sector eléctrico ha advertido de que el país podría verse obligado a añadir mucha más capacidad de carbón de la prevista, por la subida de la demanda y la menor producción hidroeléctrica tras un monzón flojo. Al mismo tiempo, ha cuadruplicado su capacidad renovable hasta unos 300 GW en la última década y va por delante de sus objetivos de París.

El pico del carbón no se decide con un solo año

La comparación con 2022 es inevitable. Entonces, la invasión de Ucrania disparó el gas europeo, el carbón subió y se anunció su vuelta. Lo que vino después fue una aceleración de la instalación renovable en Europa y un descenso del consumo de gas. Los shocks de oferta siguen un patrón: primero se quema lo que hay, después se compra lo que no depende de nadie.

El riesgo real no está en la cifra de 2026, sino en la inversión que se firma con ella. Un récord de consumo es reversible; una central de carbón aprobada hoy y conectada en 2032 no lo es. Ahí está la trampa: el pico del carbón puede ser cierto en la tendencia y convivir con activos que bloquean la descarbonización durante 40 años.

La lectura de Walter, que compara al carbón con el hombre más poderoso del Titanic, apunta en la misma dirección: su peso relativo dentro de la generación fósil crece mientras el conjunto de los fósiles se encoge frente a la solar y la eólica. La AIE se equivocó en el plazo, no necesariamente en la dirección. Pero el plazo es justo lo que la política climática no puede permitirse, y el mensaje para el inversor es que el carbón sigue siendo una apuesta con fecha de caducidad.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: cada gigavatio renovable que sustituye a una central de carbón evita emisiones durante tres décadas; India ya suma unos 300 GW de capacidad limpia.
  • Modelo que cambia: la generación fósil de respaldo pierde la batalla del coste frente a la solar y la eólica cuando el precio del gas se normaliza.
  • Para las próximas generaciones: el récord de 8.940 millones de toneladas es reversible; la capacidad de carbón que se apruebe este año, no.

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