Las salidas de los ETF de Ethereum suman ya 1.100 millones de dólares en tres semanas y el grifo sigue abierto. Los fondos cotizados que compran ether al contado encadenan su cuarta semana consecutiva de reembolsos y arrastran en la caída a Coinbase, el custodio de la mayoría de estos productos en Estados Unidos.
La cifra duele más por lo que tiene de costumbre que de susto aislado. Los reembolsos han perdido intensidad semana a semana, pero nunca han llegado a cero. Ese goteo sostenido es lo que incomoda en las mesas institucionales: no es un inversor asustado que se marcha, son muchos llevando tres semanas sin encontrar motivo para volver.
Tres semanas, tres tandas de reembolsos
El desglose, recogido por el agregador de datos SoSoValue y publicado por Yahoo Finance y 24/7 Wall St., dibuja una escalera descendente. Del 5 al 9 de octubre salieron 542,1 millones de dólares. Del 12 al 16, otros 320 millones. Y del 19 al 22, en apenas cuatro sesiones, 225 millones más, con un pico de 110,5 millones solo el día 22. Las cifras del 23 seguían pendientes al cierre de esta pieza.
El protagonista del éxodo tiene nombre propio. El iShares Ethereum Trust (ETHA) de BlackRock concentró cerca de 1.010 millones de esas salidas, en torno al 93% del total del sector. Su patrimonio pasó de unos 9.900 millones el 5 de octubre a unos 7.800 millones el día 23, una jornada en la que el fondo registró flujos netos cero. Ni entrada ni salida.
Hay una lectura menos dramática. Entre el 19 y el 22, ETHA perdió unos 233 millones, más que los 225 millones que salieron de todo el conjunto de fondos en ese mismo tramo. Si el dinero estuviera huyendo del ether, esa resta no saldría. Lo que revela es una reasignación: parte del capital abandona el vehículo más grande y caro para colocarse en competidores más pequeños.
No es una fuga del ether, sino una mudanza dentro del mismo edificio: el dinero cambia de ETF, aunque el precio ya no lo nota igual.
Staking, una caída del 11,5% y un upgrade que se retrasa
Los analistas consultados por ambas publicaciones señalan tres fuerzas detrás del éxodo. La primera es la competencia por el rendimiento. Quien quiere cobrar por mantener sus ether lo hace mejor por su cuenta o mediante un proveedor de staking, el mecanismo por el que se bloquean 32 ETH para validar transacciones y recibir recompensas. Un ETF al contado replica el precio, pero no reparte esa renta, y compite en desventaja contra una estrategia que sí lo hace.
La segunda es el precio. ETH se ha dejado alrededor de un 11,5% en octubre, y un producto que cotiza en bolsa sin rendimiento extra convierte esa caída en pérdida pura para quien mira la cuenta cada mañana. La tercera es de calendario: el retraso de Glamsterdam, el siguiente gran paquete de cambios de la red, ha enfriado la expectativa de mejoras de capacidad que el mercado descontaba para este otoño. Su hoja de ruta puede consultarse en la hoja de ruta pública de Ethereum.
Coinbase, el termómetro que nadie quiere mirar
Coinbase custodia la mayoría de los ETF spot de cripto en Estados Unidos, así que sus números funcionan casi como un espejo. El 23 de octubre cerró en torno a 164 dólares por acción, un 17% por debajo de hace un mes. En el segundo trimestre facturó 1.220 millones, un 18,5% menos interanual, y sus ejecutivos citaron expresamente las salidas de los ETF entre los factores que explican el descenso.
El otro indicador es la prima de Coinbase, la diferencia entre el precio del ether en Coinbase y en otros exchanges. Sirve de termómetro de la demanda estadounidense, la que mueve tamaño institucional. Ahora cotiza en mínimos desde junio, lo que confirma que el comprador americano está quieto o vendiendo, no esperando la ocasión.
Qué ha cambiado desde julio de 2024
Cuando los ETF spot de ether recibieron el visto bueno en julio de 2024, el mercado descontó una entrada de dinero institucional estructural. El patrón posterior se pareció más a una marea que a un grifo abierto: entradas fuertes en las semanas de euforia, salidas veloces en cuanto el precio se giraba. El fondo de Grayscale, tras su conversión a ETF, sangró durante semanas. Buena parte de esta demanda es táctica: compra momentum y lo suelta cuando el impulso se apaga.
Hay un cambio de fondo que sí importa. Ethereum ya no es la red de 2021. Tras The Merge (septiembre de 2022, el paso a la prueba de participación) el suministro crece mucho menos, y desde Dencun (marzo de 2024) los rollups publican sus datos con blobs, archivadores temporales que abarataron el uso de las capas 2. Nada de eso se ha revertido. Lo que se ha revertido es la prima que el mercado pagaba por adelantado esas mejoras.
El riesgo que veo es de concentración. Que el 93% de las salidas venga de un solo fondo significa que la historia de los ETF de ether es hoy, en la práctica, la historia de BlackRock y de su custodio. Si ese vehículo se vacía, el precio del activo subyacente lo nota, porque las redenciones obligan a vender monedas y no solo a cambiar de cajón. Mientras un ETF al contado no pueda repartir el rendimiento del staking, ese flanco seguirá abierto.
Las tres señales que dirán si esto ha terminado
- La cuarta semana: si los reembolsos netos vuelven a ser negativos, la racha se alargará más allá de lo visto desde el lanzamiento de estos productos.
- ETHA en cero dos veces seguidas: dos jornadas consecutivas sin flujos en el fondo de BlackRock indicarían suelo, o al menos pausa.
- Glamsterdam: una fecha firme para el próximo upgrade devolvería parte de la narrativa técnica que el mercado ha dejado de pagar.
Ninguna de esas señales es concluyente por sí sola. Lo que dicen los datos de este octubre es más modesto y más útil: el dinero institucional que llegó con los ETF no es fiel al activo, es fiel al rendimiento. Cuando el rendimiento aparece en otro sitio, se mueve. Y eso vale tanto para las salidas de ahora como para las entradas que vengan después.




