Macron cae a su mínimo de popularidad: el 82% de los franceses rechaza su gestión y dispara la prima de riesgo francesa

El barómetro de Ipsos BVA-Cesi para La Tribune Dimanche deja a Macron con un 15% de opiniones favorables, su registro más bajo desde 2017. El desplome llega con el presupuesto atascado en una Asamblea sin mayoría y con la mirada del mercado puesta en el diferencial entre la OAT f

El 82% de los franceses rechaza la gestión de Emmanuel Macron, el nivel más bajo desde que llegó al Elíseo en 2017. He repasado el último barómetro publicado este fin de semana y la cifra confirma lo que los sondeos venían anticipando desde hace meses: solo el 15% de los encuestados mantiene una opinión favorable del presidente, un punto menos que hace un mes.

El estudio lo firma Ipsos BVA-Cesi para La Tribune Dimanche y se realizó en formato online los días 7 y 8 de octubre sobre una muestra de 1.000 adultos. La encuesta llega apenas unos días después de que Mediapart publicara su primera entrega sobre los mensajes antisemitas y conspiranoicos atribuidos a Jordan Bardella, el pasado 28 de septiembre. A siete meses del final de su segundo mandato, Macron afronta el tramo más difícil de su presidencia en términos de opinión pública.

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El desgaste más profundo desde 2017

Los números dibujan un deterioro sostenido y no un simple bache coyuntural. Estas son las tres cifras que mejor resumen el estado de ánimo del electorado francés:

  • 15% de opinión favorable sobre Macron, un punto por debajo del dato de hace un mes y el registro más bajo desde 2017.
  • 82% de rechazo a su gestión, el nivel más alto desde que llegó al Elíseo.
  • 22% de valoración positiva del primer ministro Sébastien Lecornu, que sube dos puntos en un mes.

El descontento se apoya en tres preocupaciones muy concretas. El poder adquisitivo sigue encabezando la lista, mencionado por el 54% de los encuestados, una cifra estable respecto al mes anterior. Le sigue el futuro del sistema de bienestar, que preocupa al 44% y sube cuatro puntos, y el nivel de deuda pública, que aparece en tercer lugar con un 33% y avanza tres puntos. Ese tercer puesto de la deuda es, en mi lectura, el dato más significativo de todo el barómetro.

El contexto político no ayuda a revertir la tendencia. Las protestas de estudiantes de secundaria, una crisis de combustible y un debate presupuestario que ha arrancado mal en la Asamblea Nacional, donde el Ejecutivo no tiene mayoría, configuran una agenda legislativa complicada. Cada uno de esos frentes alimenta la percepción de un Gobierno que administra urgencias más que un proyecto.

Bardella y Le Pen también retroceden

La paradoja de este sondeo es que el desgaste presidencial no está engordando al bloque alternativo. Jordan Bardella sigue liderando el ranking de figuras con proyección presidencial, con un 33% de opiniones favorables, pero pierde tres puntos respecto al mes anterior. Marine Le Pen se queda en el 32% y cae cuatro. Las revelaciones de Mediapart sobre mensajes antisemitas atribuidos a la antigua cuenta de Facebook del líder del Rassemblement National, que él ha negado, han pasado factura a los dos nombres mejor situados de la extrema derecha.

Por detrás, el ex primer ministro Edouard Philippe ocupa la tercera posición con un 20%, un punto más. Completan el top cinco Sarah Knafo, figura destacada de Reconquête, y el expresidente socialista François Hollande, ambos con un 18% y ninguno de los dos ha anunciado todavía una candidatura. Jean-Luc Mélenchon aparece después, con un 17% empatado con Gabriel Attal y Bruno Retailleau, aunque su tasa de rechazo es excepcional: el 69% de los franceses se sentiría insatisfecho si llegara al Elíseo.

Francia déficit

Una fragmentación que el mercado vigila con atención

Lo que me interesa de esta encuesta no es tanto el desgaste de Macron como la ausencia de un recambio reconocible. Los tres bloques que estructuran hoy la política francesa —centro, izquierda radical y extrema derecha— están todos por debajo del umbral que sugiere una mayoría, y esa fragmentación es exactamente lo que descuentan los mercados de deuda. El diferencial entre la OAT francesa a diez años y el Bund alemán funciona como termómetro del riesgo político y del riesgo fiscal, y la disolución de la Asamblea en 2024 ya mostró con qué rapidez se reprecian esos spreads. La contradicción que los datos no resuelven es esta: si el bloque alternativo se debilita, la aritmética parlamentaria no se simplifica, se complica. El hito que conviene seguir no son los sondeos, sino la tramitación del presupuesto en la Asamblea y las próximas reuniones del Consejo de Gobierno del BCE. Y, en el horizonte, las presidenciales de abril y mayo de 2027.

🌍 El impacto en España y Europa

El efecto directo sobre la economía española es indirecto, pero no inocuo. Francia es uno de los principales destinos de la exportación española, de modo que un deterioro prolongado de su demanda interna o un retraso presupuestario acaban notándose en la cartera de pedidos de la industria y del sector servicios. Además, Bruselas mantiene a Francia bajo el procedimiento de déficit excesivo, una vigilancia que no desaparece con un cambio de humor en los sondeos.

  • Euríbor: el índice a 12 meses se forma con los tipos del BCE y las expectativas del mercado sobre ellos, no con el diferencial francés. Aun así, si el spread entre la OAT y el Bund sigue ensanchándose, arrastra al alza los yields de toda la eurozona y puede retrasar los recortes esperados; ese retraso acaba trasladándose a las hipotecas variables con un desfase de unos meses.
  • Inflación y poder adquisitivo: una demanda francesa más débil enfría ligeramente los precios europeos, un alivio limitado para el consumidor español.
  • Empresas y financiación: las compañías del IBEX con filiales o clientes en Francia verán tensionada su facturación, y un ensanchamiento del riesgo soberano francés encarece la emisión de deuda en el conjunto de la eurozona, España incluida.
  • BCE y política fiscal: el Consejo de Gobierno tendrá que calibrar sus recortes con una gran economía del euro sin presupuesto aprobado y con un Parlamento sin mayoría.

La conclusión que extraigo es sencilla: la prima de riesgo francesa deja de ser un asunto doméstico cuando la fragmentación política impide aprobar unas cuentas. Y ese es, hoy, el principal riesgo que Europa tiene sobre la mesa.


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