Paul Krugman sostiene ahora que Francia puede quebrar. El mismo economista que hace una década acusaba a los mercados de conspirar contra el modelo francés. En su último análisis, Juan Ramón Rallo disecciona ese giro y lo sitúa en el peor contexto posible: la deuda pública francesa acaba de vivir su semana más negra en quince años.
La tesis del vídeo es incómoda. Si alguien con el historial de Krugman, premio Nobel y azote de la austeridad europea durante toda la pasada crisis del euro, avisa del riesgo de impago, quizá el problema no sea ideológico. Quizá sea aritmético.
De ‘El complot contra Francia’ al reconocimiento del riesgo
En noviembre de 2013, Standard & Poor’s recortó un escalón la nota de la deuda francesa. Krugman respondió en el New York Times con una columna titulada El complot contra Francia. Su argumento: el país estaba siendo castigado por motivos ideológicos, por haber reducido su déficit subiendo impuestos en lugar de desmantelar su Estado de bienestar. Los regañones fiscales no se lo perdonaban.
Al año siguiente insistió. Buena parte de lo que aquejaba a Francia era hipocondría, escribió: una nación convencida de padecer males que no tenía. Doce años después recupera el mismo título con una respuesta opuesta. La senda fiscal es insostenible, la deuda es muy alta y se sigue engordando con déficits que no justifica ninguna emergencia: ni una guerra, ni una recesión severa, ni una pandemia.
Rallo subraya el dato que resume el desmarque. Francia es el único Estado de la Unión Europea que hoy tiene más deuda pública sobre el PIB que durante la pandemia. Su población envejece, el gasto en pensiones crece más rápido que los ingresos y, a diferencia de Estados Unidos, destaca por su incapacidad persistente para ser realista con sus problemas fiscales.
Lo revelador no es solo el diagnóstico, sino que ahora sea el propio Krugman quien regañe a los mercados por ser demasiado optimistas con la situación fiscal francesa.
— Juan Ramón Rallo
Lo más llamativo del artículo, según este análisis, es que el Nobel considere demasiado baja la probabilidad de impago que descuentan los mercados. Recuerda como se desarrolló la crisis de deuda europea entre 2009 y 2012, con Grecia, Portugal, España e Italia en el punto de mira: al principio parecía improbable y de repente todo se movió a la vez. Tampoco admite haberse equivocado entonces. Sostiene que su posición de 2013 estaba tan justificada como la actual, porque la deuda era del 93% del PIB frente al 120% de hoy y los tipos eran mucho más bajos.
El mercado ya pone precio al impago
Los números que cita Rallo son elocuentes. El bono francés a diez años se acerca a pagar un 5% anual y los CDS a cinco años, los seguros contra un impago del Estado, pasaron de unos 30 puntos básicos a comienzos de septiembre a alrededor de 85 a comienzos de octubre. Traducido a probabilidades bajo los supuestos habituales, el mercado asigna a Francia un 1,4% de probabilidad anual de quiebra.
Parece poco hasta que se acumula: a cinco años, esa probabilidad se dispara hasta el 6 o el 7%. No es una crisis griega, concede el presentador, pero hace dos años nadie se planteaba ponerle precio a algo así. Con un déficit que ronda el 6% del PIB, Francia ya se financia más caro que Italia.
Las calles arden mientras el Estado necesita recortar
El trasfondo social complica cualquier salida. El movimiento estudiantil arrancó a finales de septiembre en la región de París y se ha extendido por el país, con más de 350 institutos bloqueados y casi medio millón de personas en la calle en una de las jornadas. Reclaman más gasto público en educación, justo a un Estado que según este diagnóstico tendría que hacer lo contrario.
Le Pen y el giro hacia la austeridad
En ese clima, Marine Le Pen ha dado un giro programático. El 6 de octubre presentó un plan con un ahorro neto de 140.000 millones de euros en 2032 respecto a 2026, déficit por debajo del 3% en 2030 y del 2,2% en 2032, deuda estabilizada en torno al 120% del PIB y una regla de oro presupuestaria blindada en la Constitución.
Rallo desconfía del aterrizaje. Los 140.000 millones son netos: con 30.000 millones de rebajas fiscales y 15.000 de gasto nuevo, el ajuste real ronda los 185.000 millones, el 6% del PIB. Para comparar, el gobierno actual suda para sacar adelante 43.000 millones en un solo presupuesto. Un 20% del ahorro vendría de limitar el acceso de los extranjeros a las prestaciones, 9.000 millones de recortar la aportación francesa al presupuesto europeo y entre 15.000 y 20.000 de las pensiones, mientras se promete bajar la edad de jubilación a los 62. Las cuentas no cuadran. Tampoco ayuda proyectar un crecimiento cercano al 2% cuando el Banco de Francia estima un 0,5%.
Tres salidas: ajuste, rescate del BCE o reestructuración
El vídeo ordena el futuro en tres escenarios. El primero es el ajuste presupuestario. El segundo, que el Banco Central Europeo intervenga para rebajar la prima de riesgo francesa saltándose sus propios estatutos. El tercero, que no ocurra ninguna de las dos cosas.
Sobre el rescate, Rallo es escéptico a corto plazo. El gobernador del Banco de Francia repitió esta semana que la situación es seria, pero que no se dan las condiciones para intervenir. En 2012 los países rescatados habían aplicado antes recortes y podían reclamar el auxilio; Francia se aleja hoy de esa senda. Habría resistencia de los acreedores, empezando por Alemania, y también de España, Portugal o Grecia, que se ajustaron como condición para recibir ayuda. A eso se suma el tamaño: es la segunda economía de la eurozona.
Aun así, el presentador apuesta por que el BCE terminaría acudiendo si la alternativa fuera dejar caer al país. Puede ser demasiado grande para ser rescatada, sostiene, pero es todavía mayor para dejarla caer. El problema es el precio. Comprar deuda francesa exige crear euros, y esos euros los usan también alemanes, italianos y españoles. Sin demanda equivalente, el resultado es más inflación. Es la tragedia de los comunes aplicada a una moneda compartida.
El tercer escenario es el que dibuja Krugman. Si nadie ajusta y nadie rescata, los tipos suben, el gasto financiero crece, el déficit se agrava y la deuda se engorda hasta resultar impagable. Ahí aparece la reestructuración de la deuda, con consecuencias sistémicas para la banca europea y contagio probable a Italia y quizá a España. No es un pronóstico apocalíptico: es lo que estuvo a punto de ocurrir en 2012, cuando el riesgo no era Francia, sino España e Italia.
El calendario electoral añade presión. Francia vota a su presidente el año próximo, Le Pen aparece en cabeza en los sondeos que menciona el vídeo y el precedente italiano se lee como aviso y como esperanza a la vez. Meloni llegó al Gobierno en 2022 con recelos parecidos y, en lugar del desastre que muchos auguraban, Italia pasó de un déficit superior al 7% del PIB en 2023 a un 3,1% en 2025. Hoy su prima de riesgo es unos 123 puntos básicos inferior a la francesa. Sobre París pesa además un procedimiento europeo por déficit excesivo.
¿Por qué debería importarle esto a un lector español sin un euro invertido en bonos franceses? Por varias razones que el vídeo deja sobre la mesa. La deuda gala es la segunda mayor del eurozona y está repartida por balances bancarios y fondos de medio continente. Si el BCE monetiza el problema, la factura llega en forma de inflación compartida. Si hay reestructuración, llega en forma de quita para quienes confiaban en que un Estado grande nunca incumple. Y si el ajuste se hace por fin, llega en forma de recortes que tensionan la política francesa y, de rebote, la europea. La lección para España no es que estemos peor, porque el análisis nos sitúa en una posición bastante más sólida que la francesa. Es que la solvencia de un vecino grande pesa en el precio que pagamos todos y en la credibilidad del euro como proyecto.
Queda la pregunta que recorre todo el vídeo. Si el agujero fiscal no lo pagan los contribuyentes franceses, ni los receptores del gasto recortado, ni los inversores en deuda gala, lo pagaremos los europeos a través de una inflación más alta. Alguien terminará comiéndose la irresponsabilidad de unos políticos que prometen gasto sin decir de dónde sale el dinero. La duda razonable es si ese alguien seremos también nosotros.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.




