Hacienda activa la cuenta de inversión: un billón del ahorro español pone rumbo a la Bolsa

El Ministerio de Economía que dirige Carlos Cuerpo ultima un vehículo que la banca distribuirá entre sus clientes para captar el dinero que hoy duerme en depósitos. La meta es movilizar hasta un billón de euros hacia la financiación productiva.

Hacienda ultima la cuenta de inversión que aspira a canalizar hasta un billón de euros del ahorro de los hogares españoles hacia la Bolsa. Los bancos ya preparan su oferta comercial para captar a un ahorrador que, hasta ahora, ha mantenido su dinero mayoritariamente aparcado en depósitos.

El instrumento lo pilota el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa que dirige Carlos Cuerpo, y llega con un nombre que ya circula en los despachos: la Cuenta Financia Europa. Buena parte de la prensa económica la ha saludado como la mayor reforma del ahorro español en décadas. No es para menos: si funciona, moverá el eje de dónde guardan su dinero las familias.

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Del depósito a la Bolsa: así funcionará la nueva cuenta de inversión

La lógica de la cuenta de inversión es directa. El ahorro de los españoles vive, en su mayor parte, en cuentas corrientes y depósitos a plazo que apenas remuneran. El objetivo es ofrecer un vehículo sencillo, canalizado por la banca, para que ese dinero acabe financiando empresas a través de los mercados. En otras palabras: sustituir el colchón por la Bolsa, aunque con red de seguridad.

Las cifras que maneja el Gobierno hablan de un potencial de hasta un billón de euros, el equivalente a más de la mitad del PIB español. No es una promesa cerrada, sino el techo teórico del dinero que podría mudarse de los depósitos al mercado de capitales si el producto cala entre los ahorradores. Hablamos de una masa de ahorro que hoy rinde muy poco y que, con los tipos a la baja, se queda cada vez más rezagada frente a la inflación.

España parte de una posición incómoda. El patrimonio de las familias está concentrado en la vivienda y en el efectivo, y la participación directa en renta variable es de las más bajas de Europa occidental. Ese desequilibrio deja al ahorro español lejos de la financiación productiva y lo expone, en cambio, al ciclo inmobiliario. La Comisión Europea lleva meses empujando en la misma dirección con su estrategia de unión del ahorro y la inversión, y España quiere colocarse entre los primeros.

Los bancos ya mueven ficha para colocar la Cuenta Financia Europa

nueva cuenta de inversión

El reparto dependerá de las entidades. Los grandes bancos, con redes de oficinas y potentes gestoras de fondos, son los candidatos naturales a distribuir el producto. Habrá que ver si lo colocan como una cuenta independiente o lo integran en sus propias carteras, donde ya tienen comisiones que defender. Ese detalle, que parece técnico, decidirá buena parte de su éxito comercial.

Una cuenta nueva no cambia por sí sola la cultura financiera de un país; solo abre una puerta que el ahorrador tiene que querer cruzar.

No faltan voces críticas. Quien invierte en Bolsa no siempre gana, y un producto que empuja a los ahorradores hacia el mercado puede convertirse en un problema si el ciclo gira. El riesgo de venta agresiva —colocar acciones a quien solo buscaba un depósito algo mejor pagado— planea sobre cualquier lanzamiento masivo. Hacienda, eso sí, quiere que el ahorrador arriesgue, y en el fondo hace bien: sin riesgo no hay rentabilidad, y sin rentabilidad el ahorro no financia nada.

El riesgo de fondo: convencer al ahorrador de que deje los depósitos

El éxito de la cuenta de inversión no se medirá por su diseño legal, sino por su capacidad de seducción. La banca española lleva años vendiendo productos garantizados porque es lo que el cliente pide. Cambiar esa inercia exige algo más que un folleto bien maquetado: hace falta confianza, educación financiera y tiempo. Ninguna de las tres cosas se legisla de la noche a la mañana.

Hay además una contradicción que conviene señalar. El mismo sistema que ahora anima al particular a invertir es el que, durante décadas, le enseñó a desconfiar de la Bolsa y a fiarlo todo al ladrillo. En 2008, millones de ahorradores aprendieron a golpe de pérdidas que el mercado no perdona. Superar ese trauma colectivo es el verdadero reto del proyecto, y no se resuelve con una simplificación administrativa.

Hubo precedentes. La gran ola de privatizaciones de los noventa llenó España de pequeños accionistas que, en la mayoría de los casos, vendieron en cuanto llegó la primera corrección. La lección es incómoda pero útil: sin una cultura de largo plazo, el inversor doméstico entra tarde y sale pronto, y acaba alimentando la volatilidad que luego le asusta.

Me parece, sin embargo, que el diagnóstico de fondo es correcto. Un país donde el ahorro se queda quieto es un país que financia su pasado en lugar de su futuro. Que Hacienda empuje en esa dirección es una buena noticia; el cómo, en cambio, sigue en el aire. Y conviene decirlo sin adornos: si el producto no se explica bien, la primera caída bursátil se llevará por delante la confianza de toda una generación.

El calendario marcará la prueba de fuego. Los bancos tienen por delante los próximos trimestres para perfilar la oferta, y será entonces cuando se vea si la cuenta de inversión se convierte en un producto masivo o en una vitrina bonita que nadie usa. La primera fotografía real llegará con las primeras suscripciones. Hasta entonces, el billón es solo una promesa.


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