Francia quiere cobrar impuestos a los inversores en criptomonedas que se marchan del país, y quiere hacerlo antes de que vendan nada. El impuesto cripto de salida que estudian los legisladores franceses se aplicaría a las ganancias no realizadas de las carteras que superen los 800.000 euros, una cifra que deja fuera a la gran mayoría de ahorradores.
La medida es una enmienda al proyecto de presupuesto de 2027 presentada por el diputado de izquierda Nicolas Sansu junto a otros 16 cofirmantes. El comité de finanzas de la Asamblea Nacional la adoptó el 8 de octubre. Un día después, ese mismo comité tumbó toda la sección fiscal del presupuesto con 31 votos en contra y 3 a favor.
Todo vuelve, por tanto, a la casilla de salida. El debate se reanuda el martes desde el borrador original del Gobierno, cada enmienda tendrá que aprobarse de nuevo y después seguir su tramitación en el Senado. Nada garantiza que salga adelante.
El mecanismo grava lo que en la jerga fiscal se conoce como ganancias latentes: dinero que existe solo en el papel. Si alguien compró monedas por 200.000 euros y ahora valen 1 millón, tiene una plusvalía de 800.000 euros que hoy no tributa. Con la enmienda, ese inversor tendría que pagar al trasladar su residencia fuera de Francia aunque no haya vendido ni un solo token.
Qué cuenta como renta: exchanges, carteras propias y monedas en el extranjero
La propuesta se aplicaría a cualquier persona que haya vivido en Francia durante seis de los últimos diez años. Cuentan las criptomonedas depositadas en un exchange, las que el inversor guarda en su propia cartera digital (lo que el sector llama wallet) y también las que tenga fuera del país. Quien se mude tendrá además que declarar una por una cada moneda que posea.
Francia no inventa nada: ya aplica un impuesto de salida equivalente a las acciones cuando un residente acaudalado se va del país. Lo que cambia es que las criptomonedas estaban exentas de ese régimen. Los autores de la enmienda sostienen que hoy sale más barato marcharse con millones en bitcoin que con la misma fortuna invertida en bolsa. Esa asimetría es el argumento central de la propuesta.
El debate no es si las criptomonedas tributan, sino cuándo: Francia quiere cobrar en el momento de irse, no en el de vender.
Stablecoins y permutas: la segunda enmienda que cambia las reglas
Una segunda propuesta de Sansu, adoptada el 7 de octubre, apunta a las stablecoins, los tokens digitales que buscan mantener un valor estable vinculado a una moneda como el dólar o el euro. Hoy, cambiar bitcoin por una stablecoin no tributa en Francia hasta que el inversor convierte a dinero en efectivo. Desde enero de 2027, esa permuta contará como una venta y se gravará al tipo fijo del 31,4%.
Los autores consideran que el tratamiento actual es un vacío legal y recuerdan que Reino Unido e Italia ya aplican impuestos a este tipo de intercambios. La enmienda busca cerrar esa vía antes de que se convierta en costumbre.
Una tendencia europea que va más allá de Francia
El movimiento francés encaja en un patrón más amplio. La agencia tributaria británica ha puesto en marcha una campaña de control sobre multimillonarios y empezará a recibir datos de exchanges de criptomonedas a partir de 2027. La Unión Europea, por su parte, ha publicado una previsión de recaudación por impuestos cripto de 23.000 millones de dólares.
Lo interesante del caso francés es la lógica que hay detrás. Durante años, la fiscalidad cripto se ha construido sobre un principio sencillo: solo se tributa cuando el inversor convierte sus monedas en dinero real. Gravar la plusvalía latente rompe ese principio y obliga a pagar por un dinero que quizá nunca llegue a materializarse. Si el mercado se hunde justo después del traslado, el inversor habrá tributado por una riqueza que ya no tiene. Ese es el riesgo clásico de los impuestos sobre ganancias no realizadas, y explica por qué la mayoría de países los han evitado hasta ahora.
Hay además una dificultad práctica que la enmienda no resuelve del todo: localizar las monedas. Un inversor que se muda a Portugal o a Suiza puede mantener sus bitcoin en una cartera propia y no declararlos. La obligación de declararlo todo existe en el papel, pero perseguirla depende de la cooperación internacional y de que el contribuyente colabore.
Para el ahorrador español, la propuesta solo es relevante si vive o ha vivido en Francia. Pero marca una dirección que conviene seguir, porque el impuesto de salida es una de las fórmulas que más están creciendo en Europa para ampliar la base fiscal sin subir los tipos nominales.
Queda pendiente lo más importante: qué decide la Asamblea el martes. Si el impuesto de salida vuelve a aprobarse, tendrá que sobrevivir después al Senado, donde la mayoría puede ser distinta. Y si finalmente sale adelante, Francia será uno de los primeros grandes países europeos en tratar las criptomonedas como el resto de activos financieros a efectos de salida.





