El FMI confirma que las acciones tokenizadas ya tienen demanda minorista real. Eso sí, advierte de que son 1,5 veces más volátiles y bastante menos líquidas que las acciones que replican. El organismo ha publicado un análisis de 365 días, y el retrato que deja es el de un mercado con compradores, pero todavía frágil.
Qué ha encontrado el FMI tras un año de seguimiento
El estudio examinó cinco productos digitales estadounidenses de acciones e índices en 11 lugares de negociación distintos, a lo largo de un año completo. El Fondo Monetario Internacional encontró actividad real, pero con un patrón muy concreto: más de la mitad de las operaciones se ejecutó fuera del horario regular de los mercados de Estados Unidos.
El otro dato que llama la atención es el tamaño de las compras. Cerca del 80% de las operaciones involucró menos de una acción completa. Es decir, la mayoría de los usuarios no compra un título entero de Tesla, o de Nvidia, sino una fracción. Eso apunta a una demanda clara de entradas pequeñas, útil para quien quiere exposición al precio sin desembolsar cientos de dólares de golpe.
El análisis incluyó tokens vinculados a Tesla y a Nvidia, además de instrumentos que siguen el S&P 500. Cuando los mercados tradicionales reabrieron, las acciones convencionales absorbieron entre el 87% y el 99% de los movimientos nocturnos registrados por sus versiones tokenizadas. Los precios on-chain (los que se registran en la cadena de bloques) parecen, por tanto, contener información útil sobre lo que hará el activo subyacente al día siguiente.
Un mercado de 2.300 millones concentrado en dos emisores
Aquí llega el matiz que rebaja el entusiasmo. El valor total del mercado de acciones tokenizadas ronda los 2.300 millones de dólares, una escala mínima comparada con las bolsas que estos productos intentan replicar. Y más del 70% de esa actividad se reparte entre solo dos emisores: Ondo Finance y xStocks, de Backed Finance.
Conviene aclarar algo que el propio FMI subraya: son tokens sintéticos. Ofrecen exposición al precio, pero no propiedad directa de la acción. Tener uno no equivale a ser accionista. No hay derechos de voto ni, en principio, dividendos en el sentido clásico. Es una diferencia que mucha gente pasa por alto.
Que un token siga el precio de una acción no significa que quien lo compra tenga una acción: la exposición al movimiento y la propiedad del título son dos cosas distintas.
El riesgo real no es el que parece
La tentación es leer el informe como una buena noticia: los precios anticipan movimientos y hay demanda. Pero el propio FMI pide cautela. El mercado es tan pequeño que operaciones modestas mueven el precio mucho más de lo que moverían en una bolsa real. La volatilidad superior no viene de la tecnología, sino de la falta de profundidad: pocos compradores y vendedores a cada lado del libro de órdenes.
El precedente ayuda a entenderlo. Cuando la tokenización de activos del mundo real (lo que el sector llama RWA) empezó a crecer, los primeros productos tenían exactamente el mismo perfil: mucha expectativa, poca liquidez y precios que se despegaban del activo original en cuanto llegaba la volatilidad. Con las acciones pasa lo mismo, agravado porque el público objetivo es minorista y opera a horas en las que casi nadie vigila.
El problema se agrava en las plataformas descentralizadas. El propio informe señala que en esos intercambios los precios se alejaron más de los mercados tradicionales. La razón es simple: cuanto menos profundo es el mercado, más fácil es que una operación mediana mueva la cotización.
El organismo propone dos medidas concretas: disyuntores para la negociación continua (mecanismos que frenan temporalmente las operaciones ante movimientos extremos) y una vigilancia más estrecha de las conexiones con los mercados tradicionales. La pregunta de fondo es si un mercado abierto 24 horas puede sostenerse sin amplificar los desajustes.
Por ahora, el FMI considera que los riesgos sistémicos son limitados. Es la palabra clave: limitados hoy, no mañana. Todo depende de si el volumen crece, de si la concentración en dos emisores se rompe y de si aparecen productos con derechos reales sobre la acción. Para el inversor, la lectura práctica es sencilla. Si buscas exposición a Tesla o a Nvidia sin comprar el título entero, estas plataformas lo permiten. Eso sí, pagas esa comodidad con menos liquidez y más volatilidad. Y recuerda siempre lo mismo: no eres accionista, solo sigues un precio.





