El staking se ha convertido en una de las vías de rentabilidad más disputadas del mercado cripto. Los principales protocolos blockchain pagan hoy entre el 3% y el 10% anual por bloquear tokens, según los datos que maneja Crypto Finance, el proveedor de servicios de activos digitales propiedad de Deutsche Böerse. La cifra sitúa esta estrategia en la comparativa directa con cualquier producto de ahorro tradicional.
Su funcionamiento es sencillo de explicar y más delicado de ejecutar. El inversor bloquea temporalmente sus criptomonedas en una cartera para que la red funcione, y esas monedas actúan como un depósito de garantía que evita que quienes validan las transacciones manipulen el sistema. A cambio, el usuario recibe recompensas en la misma criptomoneda. El beneficio, resume James Bennett, consejero delegado de Stable Mint, es obtener una rentabilidad sobre un activo que, de otro modo, no generaría ningún rendimiento más allá de la propia fluctuación del precio.
Cuánto paga el staking y quién lo ofrece
Las tasas de recompensa anualizadas varían en función de la red elegida. En los principales protocolos se sitúan entre el 3% y el 10%, según expone Stijn Vander Straeten, consejero delegado de Crypto Finance. En Bit2Me, uno de los operadores de referencia en España, los rendimientos oscilan entre el 6% y el 8%. Son cifras que, sobre el papel, compiten con la mayoría de los depósitos a plazo.
El acceso se ha ampliado. Las grandes plataformas empezaron a ofrecer servicios con criptoactivos en Europa a partir de 2024 y extendieron el staking a determinados clientes en Estados Unidos durante 2025. El grueso de ese crecimiento no procede del inversor minorista, sino de empresas que destinan activos de sus tesorerías a estrategias generadoras de rentabilidad y de emisores de ETF que incorporan mecanismos de staking cuando el marco regulatorio lo permite.
La letra pequeña: volatilidad, costes e impuestos
Aquí llega la parte que los folletos suelen dejar para el final. Javier Pastor, director de Formación Institucional de Bit2Me, lo resume con una advertencia que conviene subrayar: una rentabilidad del 6% en un criptoactivo no equivale a un 6% en euros. El inversor puede aumentar un 6% el número de criptos que posee y, al mismo tiempo, sufrir una caída del valor de ese activo frente al euro. Recompensa y riesgo de mercado se analizan juntos o no se analizan.
A eso se añaden los costes operativos, incluidos los gastos de custodia y de gestión de validadores, que recortan la rentabilidad neta que finalmente llega al inversor.
El reclamo del 10% anual es real, pero se cobra en una moneda que puede devolver ese mismo porcentaje en pérdidas en una sola sesión.
La fiscalidad tampoco es neutra. En España, estas recompensas se valoran por su valor de mercado en euros cuando se reciben y se consideran rendimientos del capital mobiliario, incluidos en la base imponible del ahorro del IRPF, con tipos que oscilan entre el 19% y el 30% según detalla Vander Straeten. Hacienda no hace excepciones: la Agencia Tributaria los suma como cualquier otro ingreso del ahorro.
Queda, además, el factor del bloqueo. Los activos pueden quedar inmovilizados durante un periodo determinado antes de poder venderse, lo que limita la capacidad de reacción del inversor si el precio se gira en su contra. Es la contrapartida que Bennett señala: la recompensa se paga en un token volátil y el dinero no siempre está disponible cuando se necesita.
Staking, depósitos y MiCA: la disputa silenciosa por el ahorro
La pregunta de fondo es si el staking puede morder el terreno de los depósitos bancarios. Pastor cree que no, porque la naturaleza de ambos productos es muy distinta. Reconoce, eso sí, que genera más competencia por el ahorro del cliente. No conviene confundir las dos cosas: un depósito tokenizado es la representación digital de un pasivo bancario, con un tipo fijado por la entidad emisora, mientras que en el staking el inversor conserva la propiedad del criptoactivo y su recompensa depende de la economía del propio protocolo.
Mi punto de vista es que la comparación con el depósito es útil como reclamo, no como análisis. El depósito tiene garantía de fondos hasta 100.000 euros; el staking no tiene red de seguridad alguna. Lo relevante no es el porcentaje bruto, sino la rentabilidad ajustada al riesgo. El dinero institucional empieza a moverse: la entrada de inversores con perfiles conservadores sigue condicionada por la claridad regulatoria de marcos como MiCA, que permite acceder a este mercado a través de infraestructuras auditadas y reguladas.
El hito a seguir está en ese frente: cada nuevo avance normativo bajo el paraguas europeo abre la puerta a productos de staking empaquetados para carteras que hoy ni se lo plantean. Si esa puerta se ensancha, la conversación dejará de ser sobre cripto y pasará a ser sobre dónde coloca el ahorrador español su próximo euro. Mientras tanto, el 10% anual seguirá ahí, con su letra pequeña y su volatilidad de serie.





