La intensidad energética de España se ha desplomado un 42% desde 1990. Entonces hacían falta 460 barriles de petróleo para generar un millón de euros de PIB; hoy bastan 266. La economía produce el doble con la mitad de crudo por cada euro de riqueza, un cambio estructural silencioso que reordena el peso de las energéticas en el parqué nacional.
La cifra la pone sobre la mesa un análisis económico publicado este domingo y confirma algo que el mercado llevaba tiempo intuyendo: cada vez que el barril de brent da un latigazo, el PIB español acusa menos el golpe. No obstante, la factura se traslada al bolsillo de las familias y a los resultados de sectores muy concretos de la Bolsa española.
De 460 a 266 barriles por cada millón de euros de PIB
La comparación es elocuente. En 1990, España necesitaba 460 barriles por cada millón de euros de producción, una cifra que apenas se movió hasta 2008, cuando el brent marcó su récord de 144 dólares justo antes de la Gran Recesión. A partir de ahí, el ajuste se aceleró. Fábricas, camiones, tractores y oficinas consumen hoy la mitad de petróleo por cada euro generado.
El ajuste, eso sí, no es homogéneo. La industria ha hecho los deberes; los hogares solo han recortado su consumo en torno a un 25%. El gasóleo de calefacción es ya residual, menos de un barril al año por familia, pero el verdadero consumo familiar sigue aparcado en el garaje.
Esa asimetría explica por qué cada choque petrolero pesa menos en el PIB y más en la cesta de la compra. El brent determina una parte cada vez menor de lo que se paga en el surtidor: entre el barril y el carburante median dos márgenes que se han comido su protagonismo.
El margen de refino se ha disparado en 2026 por razones coyunturales y estructurales. El corte de los destilados del Golfo Pérsico, con el estrecho de Ormuz cerrado desde marzo, tensionó el suministro, y Europa refina menos que en 2008. El margen de distribución, que recoge logística, reservas estratégicas y biocarburantes obligatorios, se ha duplicado desde 2013 según los datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.
Cada euro de PIB español consume hoy la mitad de petróleo que en 1990, pero el crudo ya no manda en el precio del surtidor.
Del petróleo al gas y la electricidad

A medida que el petróleo pierde peso, ganan protagonismo el gas y la electricidad. El gas juega por partida doble: en calderas y cocinas y, de forma indirecta, en el recibo eléctrico. En un sistema marginalista, la última central en entrar, a menudo un un ciclo combinado, fija el precio de la luz en el mercado mayorista.
El reparto del gasto energético familiar lo refleja con nitidez. En 2008, de cada 100 euros que los hogares destinaban a energía, 61 iban a carburantes y 39 a gas y electricidad. Hoy el equilibrio es casi perfecto: 53 euros frente a 47.
La política fiscal, por último, sorbe y sopla. Abarata los hidrocarburos con un impuesto fijado en céntimos por litro y sin actualizar con la inflación, que ha perdido desde 1995 la mitad de su capacidad recaudatoria. Y en cada crisis suma una rebaja explícita: la bonificación de 20 céntimos de 2022 o la del propio impuesto en 2026.
Al mismo tiempo, se crean incentivos a la electrificación, con ayudas al vehículo eléctrico y bonificaciones sobre el precio de la luz. El resultado es una señal de precios contradictoria. Si el objetivo es la transición ecológica, la coherencia exige dejar actuar al mercado y reservar las rebajas generales para los más vulnerables.
Qué significa para las cotizadas del IBEX 35 y del Mercado Continuo
La caída de la intensidad energética no es una abstracción macro: redibuja la tesis de inversión de buena parte de la Bolsa española. Con menos barriles por cada euro de PIB, el coste del crudo importado pesa menos en los márgenes empresariales, pero el hueco lo ocupan el gas, la electricidad y unos márgenes de refino y distribución que hoy mandan en el precio final.
Las refineras son las primeras en notarlo. Repsol opera con márgenes de refino disparados en 2026 por el cierre de Ormuz y la escasez de destilados. Es una bendición coyuntural, no una renta permanente. En mi lectura, el riesgo está en que el mercado trata ese pico como si fuera estructural: cuando se normalice el suministro del Golfo, la comparativa anual será incómoda.
Las eléctricas del IBEX viven el reverso de la moneda. Iberdrola, Endesa o Naturgy se benefician de la electrificación progresiva y del papel creciente del gas como puente energético. La paradoja es evidente: España ha recortado un 42% su dependencia del petróleo desde 1990, pero la dependencia energética no ha desaparecido. Se ha camuflado detrás del gas, el refino, los márgenes y los impuestos.
La contradicción fiscal complica el cuadro. El mismo marco que bonifica el carburante en cada crisis ralentiza la transición que dice perseguir, y las rebajas generales benefician más a quien más consume. Un inversor que siga solo el brent se pierde la mitad de la película; el cuadro de mando exige ahora mirar márgenes de refino, tarifas eléctricas y fiscalidad.
¿Es este un cambio estructural o un espejismo de dos años con márgenes altos? La respuesta llegará cuando se normalice el suministro del Golfo y se publique la próxima cosecha de resultados del sector. Ahí se sabrá si el ajuste del 42% es una renta sostenible o una foto fija que el mercado ya descuenta.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: El dato es estructural y no responde a una sesión concreta, pero llega con el barril de brent como referencia en torno a los 131 dólares por el cierre del estrecho de Ormuz desde marzo. Es el nivel que el mercado vigila para calibrar el margen de las refineras del IBEX.
Clave técnica: Con 266 barriles por cada millón de euros de PIB, el impacto de un brent a 131 dólares sobre el beneficio agregado del IBEX es hoy menos de la mitad que el que tendría en 1990. Para la cartera, eso reduce el riesgo macro de una nueva escalada del crudo, aunque concentra la exposición en los márgenes de refino de Repsol.
Apunte macro: El gasto energético de los hogares se reparte hoy casi al 50% entre carburantes (53 euros de cada 100) y gas y electricidad (47), frente al 61/39 de 2008. Esa rotación explica por qué la factura eléctrica pesa ya tanto como el surtidor en la cesta de las familias españolas.





