Los fondos cotizados (ETF) al contado de ether han captado 1.500 millones de dólares en lo que va de 2026, más que los 985 millones que han entrado en los ETF equivalentes de bitcoin. Es la primera vez que Ethereum gana la partida de los flujos netos a su rival más directo desde que ambos productos existen en el mercado estadounidense.
Una cifra que rompe la jerarquía del mercado
Los datos, recogidos por la plataforma de seguimiento SoSoValue, dibujan un cambio de liderazgo que hace dos años parecía improbable. Cuando la SEC aprobó los primeros ETF al contado de ether, en julio de 2024, casi nadie esperaba que Ethereum pudiera plantar cara en captación de capital a los fondos de bitcoin, que llevaban medio año de ventaja y un ejército de gestoras detrás.
El giro es real, pero conviene matizarlo. Los ETF de ether adelantan a los de bitcoin en unos 525 millones de dólares si se compara la tasa anual de entradas netas. La distancia es modesta y se apoya en un año especialmente flojo para el producto de referencia del sector.
Porque 2026 ha sido, para los fondos de bitcoin, un ejercicio de dos mitades muy distintas. Durante el primer semestre estos productos registraron salidas netas de casi 5.000 millones de dólares, con un episodio especialmente duro a finales de enero, cuando una sola jornada se llevó por delante 818 millones. El giro llegó en verano: el tercer trimestre cerró con entradas de 6.300 millones, más de seis veces lo captado en todo el año hasta entonces.
Esa recuperación explica por qué la cifra anual de Bitcoin (985 millones) parece tan discreta frente a su propio tamaño. Y también por qué el liderazgo de Ethereum, aun siendo real, es más frágil de lo que sugiere el titular.
Ethereum gana la carrera de los flujos de 2026, pero en tamaño total de activos el rival sigue siendo seis veces más grande.
A quién beneficia este giro y a quién no
Para el inversor que ya tiene ether, el mensaje es que la demanda institucional por Ethereum ha dejado de de ser un experimento. Los ETF al contado son la puerta de entrada de fondos de pensiones, aseguradoras y family offices que no quieren custodiar claves privadas, y ese flujo sostenido sostiene el precio de forma estructural.
Para el que aún no ha entrado, el aviso es otro. Un ETF de ether no equivale a tener la moneda: el producto cotizado replica el precio, pero no da acceso a la red, no permite usar esos ETH en finanzas descentralizadas y carga con comisiones anuales que suelen moverse entre el 0,15% y el 0,25% del capital invertido.

Aquí llega el dato que enfría el entusiasmo. Pese al mayor flujo del año, los ETF de bitcoin administran alrededor de 109.000 millones de dólares en activos, mientras que los de ether se quedan en unos 18.000 millones. La proporción sigue siendo de seis a uno, la misma que hace un año.
Para cerrar esa distancia acumulada, unos 44.000 millones de dólares, haría falta mantener el ritmo actual durante más de 80 años. Una eternidad. Dicho de otro modo: 2026 marca un cambio de tendencia, no un vuelco de posiciones.
Lo que este giro dice del ciclo institucional de Ethereum
Hay que remontarse a julio de 2024 para medir la magnitud de lo que ocurre. Aquel mes, la SEC aprobó los primeros ETF al contado de ether después de un pulso regulatorio que Ethereum estuvo a punto de perder. Los fondos salieron al mercado con un hándicap importante: llegaban medio año tarde y con menos gestoras dispuestas a promocionarlos que sus primos de bitcoin.
Desde entonces el ecosistema ha vivido su propia montaña rusa. El desplome de precios de finales de 2024, la mejora técnica que abarató las comisiones en las capas 2 y, ya en 2025, la llegada de un marco regulatorio más claro en Europa con MiCA, que dio cobertura legal a las gestoras para ofrecer estos productos a clientes minoristas. Ese contexto es el que ahora empieza a traducirse en flujos.
Dicho esto, la lectura honesta exige señalar la contradicción. El liderazgo de Ethereum en 2026 es, en buena medida, el resultado de la debilidad temporal de Bitcoin, no de una superioridad estructural. La brecha de activos gestionados apenas se ha movido y la concentración del staking —el mecanismo por el que se bloquean ETH para validar la red a cambio de recompensas— en un puñado de proveedores sigue siendo un riesgo de fondo que ningún trimestre resuelve. Ni lo resolverá el siguiente.
Y ojo con las conclusiones rápidas. Los datos del cuarto trimestre, ya en marcha, aclararán si el giro se consolida o si fue un espejismo provocado por el mal arranque de año de los fondos de bitcoin. La prueba de fuego será comprobar si Ethereum mantiene su ritmo de captación frente a un Bitcoin ya recuperado. Solo entonces podrá hablarse de un cambio de ciclo y no de un buen trimestre.





