Una nueva especie de espinosáurido, Spinosaurus mirabilis, ha sido descrita en el Cretácico de Níger. El holotipo es un subadulto de unos ocho metros de longitud, y sus huesos no aparecieron junto a un litoral, sino enterrados en sedimentos de río. La descripción formal, firmada en 2026 por el equipo del paleontólogo Paul Sereno, amplía el género Spinosaurus con un segundo linaje y lo empuja tierra adentro: a entre 500 y 1.000 kilómetros de la costa marina más próxima de su tiempo.
Un depredador de ocho metros en una llanura fluvial del Cretácico
Los fósiles proceden de dos puntos separados por cientos de kilómetros. Uno está en Jenguebi, en el centro de Níger; el otro, en Iguidi, en el oeste del país. Ambos pertenecen a la Formación Farak, un paquete de rocas sedimentarias depositadas hace unos 95 millones de años, durante el Cenomaniense, la etapa del Cretácico en la que los niveles del mar alcanzaron máximos históricos.
El material recuperado incluye huesos del cráneo, elementos postcraneales y dientes. No es un esqueleto completo ni mucho menos: se trata de una asociación de restos que, según la descripción, reúne caracteres anatómicos suficientes como para justificar una especie nueva. Los autores identificaron varias autapomorfías, es decir, rasgos exclusivos que no aparecen en ninguna otra especie conocida del grupo.
Hay un rasgo especialmente llamativo en la cabeza. Sobre el hocico, S. mirabilis luce una cresta estrecha y curvada en forma de cimitarra, formada por los huesos prefrontal y nasal. Es un apéndice parecido al de su pariente egipcio, Spinosaurus aegyptiacus, pero con una geometría propia. A eso se suma otra diferencia: sus patas parecen proporcionalmente más largas que las del linaje del noreste africano, un detalle que algunos autores interpretan como una adaptación para moverse por aguas someras sin hundirse.
Dos yacimientos, un subadulto y una talla adulta aún sin confirmar

Reconstruir el animal no ha sido sencillo. El holotipo es un individuo subadulto, y el resto del material fósil también corresponde a ejemplares inmaduros. Eso significa que nadie ha medido todavía un S. mirabilis adulto, y que cualquier cifra sobre su talla máxima es una extrapolación. Las estimaciones publicadas hablan de entre diez y doce metros para un adulto, pero conviene tomarlas como hipótesis de trabajo y no como medición. Los ocho metros del holotipo, el dato firme, equivalen a dos coches familiares aparcados parachoques con parachoques.
La otra sorpresa es ecológica. Hasta ahora, los espinosáuridos africanos se asociaban a ambientes costeros: deltas, esteros, lagunas marinas. Los nuevos yacimientos cuentan otra cosa. Junto a los huesos del depredador aparecieron esqueletos parciales y bien articulados de dinosaurios de cuello largo, todos sepultados por sedimentos fluviales. El conjunto dibuja un paisaje de bosque interior atravesado por ríos, a una distancia del mar equivalente a la que hoy separa Madrid de Barcelona.
Cada hueso de este espinosáurido obliga a rehacer el mapa: el mismo grupo que cazaba en deltas cazaba también a cientos de kilómetros río adentro.
Lo que una cresta en forma de cimitarra cambia en el relato
La pregunta de fondo es qué significa encontrar un Spinosaurus en el interior. Hace dos décadas, el grupo se imaginaba como un animal casi anfibio, atado a las orillas y a las grandes presas de agua dulce y salada. Los sedimentos de la Formación Farak no niegan esa imagen, pero la matizan: sugieren que estos terópodos podían explotar los sistemas fluviales alejados de la costa, con una flexibilidad ecológica mayor de la que se les atribuía.
Ahí está, creo, el valor real del hallazgo. La descripción anatómica es detallada y las autapomorfías están bien argumentadas, pero el trabajo arrastra incertidumbres que conviene decir en voz alta. La primera, la talla: sin un adulto completo, el rango de diez a doce metros es un cálculo. La segunda, la correlación exacta entre los niveles fosilíferos de Jenguebi y de Iguidi. Y la tercera, la más interesante, si los rasgos de la cresta y de las extremidades bastan para separar dos especies o si estamos ante variación dentro de una misma línea evolutiva.
El contexto ayuda a situarlo. El Cenomaniense fue un mundo cálido, con el Atlántico aún abriéndose y buena parte de lo que hoy es el Sáhara cubierto de ríos y vegetación. Los espinosáuridos ocupaban allí un nicho parecido al de las garzas actuales: acechaban en aguas poco profundas, y capturaban peces grandes con una dentición cónica preparada para sujetar presas resbaladizas. Que uno de ellos viviera en el interior profundo encaja con ese guion. El siguiente paso será buscar más material, idealmente de un individuo adulto, en los mismos niveles de la Formación Farak.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Una nueva especie de dinosaurio espinosáurido, Spinosaurus mirabilis, a partir de restos craneales, postcraneales y dientes.
- Dónde: Formación Farak, en Jenguebi (centro de Níger) e Iguidi (oeste del país), en el norte de África.
- Institución responsable: Equipo internacional liderado por el paleontólogo Paul Sereno, con la descripción formal firmada en 2026.
- Cuándo: Descripción publicada en 2026; los fósiles proceden de sedimentos del Cenomaniense, hace unos 95 millones de años.
- Impacto a futuro: Amplía el género Spinosaurus a un segundo linaje y demuestra que estos depredadores ocuparon ambientes fluviales del interior, no solo costeros.





