El Dark Energy Spectroscopic Instrument (DESI) ha encontrado 546 galaxias con agujeros negros activos y sin bulbo central. Son algo más de una de cada cinco de las 2.435 galaxias con núcleos activos que el instrumento ha analizado en un nuevo trabajo, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. El resultado apunta a algo incómodo para el relato clásico: un agujero negro supermasivo no necesita que su galaxia se fusione con otra para crecer con normalidad.
Durante décadas la historia ha sido ordenada, casi limpia. Dos galaxias se acercan, se estiran por efecto de la gravedad y acaban fundiéndose. Del choque nace un bulbo, esa concentración de estrellas viejas en el centro, y el gas que cae hacia el corazón del sistema engorda al agujero negro hasta millones de veces la masa del Sol. Bulbo y agujero negro crecen a la vez. De ahí la relación entre la masa del agujero y la velocidad con la que se mueven las estrellas a su alrededor, la célebre relación M-sigma, una de las regularidades más citadas de la astrofísica.
Si las fusiones fueran la única vía, una galaxia sin bulbo no debería tener un agujero negro activo. O debería tenerlo raquítico, alimentado con cuentagotas.
Los datos dicen otra cosa. De las 2.435 galaxias con núcleos activos de la muestra, 546 carecen de bulbo apreciable y, aun así, sus agujeros negros se alimentan y crecen con una eficacia comparable a la de los que habitan galaxias con bulbo. El 22% de la muestra. Sin choque previo y sin escombros de otro disco estelar dando vueltas alrededor.
Me detengo en esa cifra porque un 22% puede sonar a excepción estadística y no lo es. Son 546 sistemas. Demasiados para despacharlos como rareza, y las rarezas, en astrofísica, casi siempre acaban siendo pistas.
Una de cada cinco galaxias activas no tiene bulbo
El bulbo de una galaxia espiral es su protuberancia central: miles de millones de estrellas viejas apretadas en una región que, en la Vía Láctea, mide unos 10.000 años luz de lado a lado y esconde a Sagitario A*, el agujero negro de 4,3 millones de masas solares que nos sirve de referencia. Es la parte que envejece antes y la que, según el guion clásico, debería delatar la biografía del agujero negro que la habita. En estas 546 galaxias no aparece. O es tan pequeña que apenas cuenta.
Si más de una de cada cinco galaxias activas vive sin bulbo, el bulbo deja de ser un requisito y pasa a ser, como mucho, una compañía frecuente.
Cómo se busca un agujero negro cuando el bulbo no está

DESI, el instrumento espectroscópico instalado en el telescopio Mayall, en Arizona, no fotografía galaxias: las descompone. Miles de fibras ópticas reparten cada noche la luz de miles de objetos y la separan en sus longitudes de onda. De ese espectro se extrae casi todo, desde qué estrellas dominan hasta a qué velocidad se mueven, además de las señales de un núcleo activo brillando en el centro.
Un agujero negro que se alimenta delata su presencia por la radiación que genera el gas antes de caer. Es luz de acreción, no de estrellas, y en un espectro se distingue con claridad. El problema está en el otro extremo. Comprobar que una galaxia no tiene bulbo exige medir cómo se reparte su luz, y para eso las imágenes de alta resolución siguen siendo mejores que un espectro. Ahí está, creo, la arista del trabajo: los detalles publicados no especifican con qué criterio se clasifica cada sistema como carente de bulbo ni cuánta incertidumbre arrastra esa etiqueta.
La escala ayuda a ver el peso del resultado. Un censo de 2.435 galaxias activas tiene vecinos suficientes como para que sus medias signifiquen algo. De ese censo, 546 casas aparecen sin la habitación central que la teoría consideraba obligatoria. No es un puñado de anécdotas: es un barrio entero.
Qué se tambalea y qué falta por confirmar
Con este resultado, la relación M-sigma no desaparece, pero pierde su lectura más rígida, la que convertía al bulbo en condición previa. En otras palabras: el bulbo no es un requisito para que el agujero negro engorde. Queda por saber de dónde sale ese gas, si de reservas propias que nunca se agotaron, de episodios menores de acreción o de inestabilidades internas del disco que arrastran materia hacia el centro sin choque previo entre galaxias.
Antes de dar el asunto por zanjado hay que descartar sesgos. El más evidente es de observación: si el criterio para decidir que no hay bulbo se apoya en la luz integrada, una inclinación desfavorable del disco podría camuflar un bulbo modesto. Conviene además comprobar si estos sistemas son estados estables o fases transitorias dentro de una vida más larga. La muestra es amplia, pero es una sola muestra, y la confirmación independiente sigue siendo el juez.
Queda una pregunta atractiva. Nuestra propia galaxia tiene bulbo y un agujero negro central que ahora mismo está tranquilo, con apenas un susurro de materia cayendo hacia él. Las 546 del catálogo hacen justo lo contrario: sin bulbo y con el núcleo bien despierto. Entender por qué unos engordan con la despensa llena y otros se apagan es el siguiente capítulo, y llegará con los próximos catálogos de DESI, que multiplican la muestra, y con las campañas de imagen de alta resolución que el Hubble y el James Webb ya pueden dedicar a esta lista.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: 546 de las 2.435 galaxias con núcleos activos observadas por DESI carecen de bulbo central y, aun así, albergan agujeros negros que se alimentan y crecen con una eficacia comparable a la de las galaxias que sí tienen bulbo.
- Dónde: Muestra de galaxias repartidas por el cielo observable, a partir de datos recogidos desde el telescopio Mayall, en Kitt Peak (Arizona, Estados Unidos).
- Institución responsable: Colaboración internacional del Dark Energy Spectroscopic Instrument (DESI); estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.
- Cuándo: Resultado publicado en octubre de 2026 en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.
- Impacto a futuro: Refuerza la idea de que los agujeros negros supermasivos pueden crecer sin fusiones de galaxias y obliga a revisar los modelos de coevolución entre bulbo y agujero negro.





