Blast, la capa 2 de Ethereum, echa el cierre. La red que en junio de 2024 llegó a custodiar 2.240 millones de dólares deja de operar tras perder el 98% de su actividad y con su token hundido un 99% desde su máximo histórico. El equipo ha fijado el 26 de octubre como fecha límite para que los usuarios retiren sus fondos a través de la aplicación habitual.
Los números del final son elocuentes. En su último día, Blast apenas generó 110 dólares en ingresos, una cifra que ni se acerca a lo que cuesta mantener en pie la infraestructura de la red. El valor total bloqueado, lo que el sector llama TVL (el dinero depositado en los contratos de una red), ha caído a 32,3 millones de dólares desde los 2.240 millones de junio de 2024, según los datos del agregador DefiLlama. Es un desplome de casi el 99%.
Qué ha pasado con Blast y por qué deja de ser rentable
El anuncio llegó el viernes a través de la cuenta oficial de la red. El mensaje era directo: la economía de operar la cadena ya no tiene sentido, porque los costes de mantener Blast superan los ingresos que genera la capa 2. En plata, que gastar sale más caro que lo que entra, y el equipo no ve una salida creíble. El fundador, Tieshun Roquerre, conocido en internet como Pacman y también responsable del marketplace de coleccionables digitales Blur, reconoció en X su decepción por no haber logrado una blockchain sostenible a largo plazo.
Blast nació con una propuesta llamativa: pagaba intereses sobre los depósitos de los usuarios y prometía recompensas en tokens. Ese dinero depositado se usaba, en parte, para financiar esas mismas recompensas. Un modelo que funcionó mientras llegaban fondos nuevos: los depósitos entraron en en semanas. Dos años después, la red apenas araña 110 dólares al día. El proyecto había recaudado además 20 millones de dólares de inversores, un colchón que no ha bastado para sostener el gasto operativo.
Los 51 millones que siguen atrapados y quién los controla
Queda dinero dentro. Alrededor de 51 millones de dólares transferidos desde Ethereum permanecen todavía en los contratos de Blast, según la web de análisis L2BEAT, que evalúa la seguridad y el riesgo de las capas 2. La mayor parte, 46,6 millones, es ether depositado a través de Lido, el principal servicio de staking líquido de Ethereum (el mecanismo por el que se bloquean ETH para validar la red a cambio de recompensas).
Ese detalle explica por qué las retiradas no son instantáneas. Para devolver el dinero, Blast tiene que sacar primero sus fondos de Lido, un proceso que tarda alrededor de una semana. Hasta que esa operación no concluya, el tiempo de espera para los retiros se mantiene en siete días. Una vez completada, bajará a 24 horas. Los usuarios pueden usar la aplicación normal hasta el 26 de octubre; después de esa fecha tendrán que interactuar directamente con los contratos de Blast en Ethereum.
Blast prometió intereses fáciles sobre los depósitos y acabó demostrando que una red sin usuarios que paguen no se sostiene por mucho que crezca su tesorería.
Y aquí aparece el riesgo que más incomoda. Según L2BEAT, cinco responsables controlan los contratos que custodian ese dinero. Cualquier grupo de tres puede modificarlos al instante o pausar las retiradas. El sistema antifraude de Blast, pensado para que cualquiera pudiera impugnar un registro falso, nunca llegó a funcionar del todo: su propia documentación advertía de que un proponente malicioso podía cerrar un estado inválido y provocar pérdidas. L2BEAT señala el riesgo del diseño, no un mal uso. Aun así, es el recordatorio de que no todas las capas 2 son iguales.

Un cierre que retrata la guerra de las capas 2
Blast no cae sola. Se suma a una serie de cierres registrados a lo largo de 2026, desde la blockchain Lisk hasta Botanix, una capa 2 construida sobre Bitcoin. Todas comparten un mismo patrón: depósitos que entran a toda velocidad durante la fase de incentivos y se evaporan cuando las recompensas se agotan. Sin usuarios que paguen por usar la red, los ingresos no cubren las facturas.
Conviene recordar el contexto. Cuando Ethereum activó en marzo de 2024 la actualización Dencun, abarató de golpe las comisiones de las capas 2 al introducir los blobs (espacios de datos temporales pensados para que los rollups envíen información barata a la red principal). Aquello fue una bendición para los usuarios, pero también una trampa competitiva: si cobrar comisiones es más fácil para todos, la única forma de diferenciarse es tener actividad real y un modelo de negocio que no dependa del farming de incentivos. La mayoría de las capas 2 no lo ha conseguido.
El cierre de Blast deja una lección incómoda. Una red que llegó a mover miles de millones puede apagarse en cuestión de meses cuando su economía no se sostiene. No es un fracaso de Ethereum, sino de un modelo concreto: el de las capas 2 que crecieron a golpe de intereses artificiales y no de uso genuino. Para el inversor de a pie, la moraleja es sencilla. Antes de depositar fondos en una capa 2 joven, conviene mirar quién controla los contratos y de dónde salen de verdad los ingresos. Con Blast camino del olvido, esa es probablemente la herencia más valiosa de su despedida.





