El fuego de hierba de Wildhorse, en el este de Idaho, parecía un incendio menor. Hasta que se convirtió en una nube pirocumulonimbus capaz de empujar el humo entre 10 y 15 kilómetros de altura. La campaña INSPYRE de la NASA lo cazó al vuelo.
No era la primera vez que un incendio fabricaba su propia tormenta. Sí una de las pocas en que la ciencia disponía de dos aviones y un equipo en tierra listos para medirla en directo.
El incendio que fabricó su propia tormenta
Una nube pirocumulonimbus (pyroCb, en la jerga de los especialistas) nace cuando un fuego muy intenso canaliza una chimenea de humo, calor y vapor de agua hacia las capas altas de la atmósfera. Lo que sigue es una tormenta completa: rayos, lluvia, y vientos que, en lugar de apagar las llamas, las avivan. Las más grandes empujan el humo entre 10 y 15 kilómetros de altura, la franja por la que cruzan los aviones comerciales, y algunas lo inyectan directamente en la estratosfera.
Ahí arriba ocurre lo extraordinario. Una vez en la estratosfera, el humo deja de lavarse con la lluvia, porque ya no hay lluvia que lo limpie. Puede cruzar de un continente a otro, dar la vuelta al planeta y permanecer meses en suspensión. La comparación que usa la NASA es la de una gran erupción volcánica, solo que sin volcán.
La comunidad científica no vio el fenómeno con claridad hasta el cambio de siglo. Fue entonces cuando los satélites empezaron a detectar humo a altitudes que hasta ese momento solo se atribuían a los volcanes. Desde entonces, los pyroCb son una de las fronteras más activas y menos comprendidas de la meteorología de incendios.
Cada vez que un incendio se convierte en tormenta, deja de ser un problema de superficie y pasa a ser un asunto de atmósfera global.
Dos aviones y un camión para perseguir una nube
INSPYRE —siglas de INjected Smoke and PYRocumulonimbus Experiment— es la primera campaña aérea diseñada específicamente para estudiar estas nubes. Durante seis semanas del verano de 2026, un equipo de la NASA se desplegó por el oeste de Norteamérica con una idea sencilla de enunciar y endiablada de ejecutar: estar en el lugar correcto en el minuto correcto.
Estas tormentas nacen de un incendio y pueden acabar alterando el balance de radiación de todo un hemisferio.
Para lograrlo movilizaron tres plataformas. Un jet Gulfstream del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR), con base cerca de Boulder (Colorado), convertido en laboratorio volante: sus asientos de pasajeros se sustituyeron por bastidores de instrumentos. Un avión ER-2 de la NASA, con 14 instrumentos a bordo, que volaba muy por encima para seguir la intensidad del fuego y las corrientes ascendentes. Y camiones con sensores en tierra, coordinados para observar el mismo evento desde abajo.

El problema es de reloj. Una pirocumulonimbus puede formarse en minutos y deshacerse igual de rápido, mientras llevar un avión hasta un incendio a cientos de kilómetros exige horas de preparación, vuelo y coordinación con el control aéreo. Cazar una es como querer fotografiar un relámpago con una cámara de placas: cuando disparas, el instante ya pasó.
El 26 de agosto de 2026 la suerte cambió. El Gulfstream regresaba de un incendio más al oeste cuando Sarah Woods, científica del NCAR que ejercía de vigía, recibió el aviso de que Wildhorse se había vuelto inesperadamente intenso. Nadie le había prestado atención hasta entonces: era, sobre el papel, un incendio de pasto.
—Sabíamos que había un incendio de hierba y todo el mundo pensaba que no había que preocuparse—, relató Dave Peterson, meteorólogo del Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos y coinvestigador principal de INSPYRE. —Y acabó siendo el evento principal.
Woods lo vio desde su asiento plegado detrás de los pilotos: una nube que parecía un gran cumulonimbo con un rastro de fuego bajo ella. Pidió al piloto que girara y el avión pasó las tres horas siguientes cruzando la columna y el reguero de humo que derivaba hacia Wyoming. Consiguieron medir la pluma de un pyroCb una hora después de que estallara.
Por qué importa el humo que alcanza la estratosfera
Lo que INSPYRE persigue no es solo describir la nube, sino entender qué la empuja. —Todavía no entendemos si están impulsadas por la energía del fuego, por su intensidad o por las condiciones atmosféricas que hay encima—, señaló Olga Kalashnikova, investigadora del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA y una de las científicas principales.
La campaña tiene, además, un fin muy terrenal. Neil Lareau, científico atmosférico de la Universidad de Nevada en Reno que dirigió las observaciones desde el suelo, espera que los resultados permitan emitir avisos parecidos a los de las tormentas severas. Un pronóstico podría advertir a los equipos de extinción de que una nube en desarrollo va a generar una corriente descendente y un giro brusco del viento, dándoles minutos para retirar al personal de la línea de fuego.
Eso sí, conviene ser prudente. INSPYRE es una campaña de campo, no un resultado cerrado: los datos de los dos aviones, de los satélites y de los camiones todavía deben combinarse y compararse con los modelos. Hablamos de mediciones, no de conclusiones. La pregunta de fondo —cuánto humo llega de verdad a la estratosfera y qué hace allí— sigue abierta.
El otro frente es climático. Los modelos numéricos de predicción casi nunca incluyen el efecto de los pyroCb ni de su inyección de humo, explicó Peterson. Las partículas que alcanzan la estratosfera pueden alterar cuánta energía solar absorbe la atmósfera y cuánta llega a la superficie. Medir esas partículas, esos gases y esa radiación es el primer paso para simularlo.
Ahora empieza la parte lenta. En el verano de 2026 el reto era encontrar las nubes y tomar los datos; a partir de aquí toca entender lo que se ha encontrado. Los resultados de INSPYRE alimentarán tanto los sistemas de alerta para bomberos como los grandes modelos del sistema Tierra. Los detalles completos de la campaña están recogidos en la página oficial de la NASA.
Queda una imagen para recordar: un incendio de pasto al que nadie hacía caso, capaz de fabricar en minutos su propia tormenta y de lanzar su humo a la altura de crucero de un avión comercial. La atmósfera, a veces, se organiza sola con una velocidad que todavía nos cuesta anticipar.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La campaña INSPYRE de la NASA ha medido en vuelo nubes pirocumulonimbus, tormentas generadas por incendios que inyectan humo en la estratosfera.
- Dónde: Oeste de Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), con el episodio clave registrado en el incendio de Wildhorse, en el este de Idaho.
- Institución responsable: NASA, con el NCAR, el Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos, el JPL y la Universidad de Nevada en Reno.
- Cuándo: Campaña de seis semanas en el verano de 2026; la medición del pyroCb de Wildhorse se produjo el 26 de agosto de 2026.
- Impacto a futuro: Mejorar los avisos de seguridad para bomberos y afinar los modelos climáticos que calculan cuánto humo y calor alcanza la estratosfera.





