Centros de datos desatan la tercera burbuja eléctrica: 22 GW solicitados, solo 3 GW llegarán en 2030

Red Eléctrica ha otorgado 6,33 GW de acceso a los centros de datos, el 34% de toda la capacidad concedida a la demanda. La patronal SpainDC sostiene que la mayor parte de esas peticiones no se materializará.

Los centros de datos han pedido 22 GW de conexión a la red eléctrica española. Solo 3 GW estarán operativos en 2030. Entre una cifra y otra cabe una burbuja.

Red Eléctrica concede a los centros de datos el 34% de la capacidad de la demanda

El mapa de capacidad de acceso de la demanda que Red Eléctrica ha actualizado esta semana confirma el diagnóstico. A los centros de datos les corresponden ya 6,33 GW de capacidad otorgada, el 34% de los 18,52 GW que el operador del sistema ha concedido al conjunto de la demanda. Un tercio de toda la capacidad asignada está en manos de un solo tipo de consumidor.

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El volumen de peticiones es todavía mayor. SpainDC, la patronal que agrupa a los promotores de centros de datos, eleva a 22 GW las solicitudes de conexión acumuladas en los últimos años. De ese total, la asociación calcula que solo 3 GW llegarán a conectarse antes de 2030. La distancia entre pedir y construir es de 19 GW. El resto, de momento, es aire.

La explicación está en cómo se presenta una solicitud. Un promotor diseña una instalación, localiza varios nudos donde podría engancharse y registra la petición en todos ellos. Con el criterio de First Come, First Served en vigor, la primera solicitud que entra se queda con la capacidad. Las demás se mantienen vivas como red de seguridad o se abandonan cuando ya no hacen falta. El resultado es un colchón de gigavatios que existe en los registros administrativos pero no en el calendario de inversión.

Ese colchón tiene coste para terceros. La capacidad reservada por proyectos que no se van a ejecutar queda fuera del alcance de otros consumidores: plantas industriales que quieren electrificar procesos, la tracción ferroviaria, nuevos desarrollos residenciales, o los electrolizadores de hidrógeno. Lo que la red soporta hoy no es consumo, es una acumulación de opciones. Y las opciones, a diferencia del consumo, no generan actividad.

El sistema no está saturado de electricidad, sino de reservas: gigavatios anotados en una lista de espera que nunca se conectarán.

El mismo proyecto en varios nudos deja sin capacidad a la industria

La duplicidad es la clave del mapa. Lo que Red Eléctrica registra son solicitudes, no proyectos terminados. Una misma instalación puede aparecer anotada en tres nudos distintos de la red de transporte sin que eso implique tres centros de datos. Solicitud y proyecto no son lo mismo, y de ahí sale la mayor parte de los 22 GW.

Sin inversión, sin permisos y sin clientes, una solicitud de conexión sigue ocupando el mismo hueco en la red que un proyecto listo para construir.

Incluso la capacidad ya concedida supera con holgura la demanda que el sector espera. Si se cumplen las previsiones de la patronal, los 6,33 GW otorgados equivalen al doble de lo que se conectará en los próximos cuatro años. Los promotores citan el coste eléctrico y la disponibilidad de suelo como los argumentos que explican el interés por España, pero el interés no equivale a inversión comprometida.

El Gobierno, a través del Ministerio para la Transición Ecológica, ha anunciado su intención de depurar esa lista. El objetivo declarado es retirar las solicitudes sin respaldo financiero ni técnico y devolver capacidad a proyectos con recorrido real. La revisión no tiene calendario público y afecta a un modelo de acceso que acumula tres ciclos de sobrepetición en quince años.

Tres burbujas en quince años: de la fotovoltaica a los centros de datos

El primer episodio llegó con la fotovoltaica. En 2007 se conectaron 4.000 MW con prima cuando el cupo previsto apenas rondaba los 400 MW. Años después, las solicitudes de esa tecnología superaron los 150 GW, y el apetito inversor no miraba hacia otro lado. Hoy hay cerca de 60 GW instalados y un excedente de generación en las horas centrales del día que ya presiona los precios del mercado mayorista. Buena parte de aquellos proyectos nunca se construyeron.

El segundo episodio fue el de las baterías. Entre la red de transporte y la de distribución se han solicitado casi 25 GW, de los que 10 GW cuentan ya con permiso del operador. En el otro extremo, la potencia realmente conectada se queda en 260 MW. El propio sector anticipa que la canibalización de ingresos empezará a notarse a partir de los tres o cuatro primeros gigavatios, lo que desincentivará buena parte de lo que hoy está en cola. La hibridación sigue el mismo camino: 47,5 GW solicitados y 14 GW autorizados.

La serie deja una conclusión incómoda para el diseño regulatorio. El problema no es que los centros de datos quieran conectarse, sino que el sistema no distingue entre un proyecto con suelo, permisos, financiación y clientes y una simple reserva de plaza. El criterio de llegada por orden de entrada premia la velocidad administrativa y castiga la madurez. Quien registra primero captura una capacidad que después se depura a posteriori, con costes de tramitación y retrasos para el resto. El modelo prima la reserva sobre la ejecución.

Corregirlo tampoco es sencillo. La demanda de los centros de datos responde a un proceso de electrificación que va más allá de la inteligencia artificial: cómputo, logística automatizada, industria intensiva en datos. Un endurecimiento excesivo de los requisitos podría frenar proyectos viables, mientras que un criterio demasiado laxo reproduciría la burbuja con otro apellido. Queda además una pregunta sin resolver: quién asume el coste de planificar la red sobre peticiones que quizá no maduren. La experiencia de la fotovoltaica y de las baterías apunta a que el ajuste suele llegar tarde y por la vía de los hechos. Primero el atasco. Después, la norma.

El calendario ofrece dos referencias para comprobar si esta vez se corrige a tiempo. La próxima actualización del mapa de acceso de la demanda permitirá ver si los 6,33 GW concedidos se mantienen o se depuran. Y el trámite de la revisión del modelo de acceso y conexión, aún sin fecha, indicará si España cambia las reglas o deja que el mercado desinfle la burbuja por sí solo. En 2030 se sabrá cuántos de los 22 GW eran proyectos y cuántos, simplemente, papel.


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