La inflación de la eurozona escala al 3,8% y España repunta al 5%, líder entre las grandes economías

La brecha con Alemania, Francia e Italia supera el punto porcentual y presiona la competitividad exportadora. El BCE decidirá en su reunión de finales de octubre con el desglose definitivo de precios todavía pendiente.

La inflación de la eurozona escaló al 3,8% en septiembre, su máximo de los últimos tres años. España, con un 5%, tira del carro por arriba y complica la vida al BCE.

La estimación rápida del índice armonizado de precios de consumo que difunde Eurostat deja la media de la moneda única en el 3,8%, por encima del registro del mes anterior y todavía lejos del objetivo del 2% que el banco central se había fijado. No es un repunte de una sola variable, pero la energía vuelve a aparecer en todas las explicaciones.

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El dato español es el que más ruido genera. El 5% coloca a España líder entre las grandes economías del euro, por delante de Alemania, Francia e Italia, según las cifras difundidas esta semana. El diferencial con la media europea supera el punto porcentual, una brecha que erosiona la competitividad de las exportaciones y que va a condicionar cualquier negociación salarial que se abra este otoño.

El finlandés Olli Rehn, miembro del Consejo de Gobierno del BCE, ha señalado que el encarecimiento de la energía acerca la inflación al escenario adverso que maneja el propio banco central, según recoge Forbes España. Su lectura no es aislada: varios consejeros llevan semanas insistiendo en que la última milla de la desinflación está siendo la más cara de recorrer.

Para las empresas, el titular importa menos que su traducción a la cuenta de resultados. Costes energéticos al alza, salarios que se renegocian con el IPC como referencia y un consumidor que ya dio señales de agotamiento en verano dibujan un cóctel que presiona los márgenes del comercio, la hostelería y el transporte por carretera. La energía vuelve a ser el epicentro de un problema que se creía cerrado.

Con un 3,8% de media y un 5% en España, el BCE ya no discute si bajará los tipos este año, sino cuánto le cuesta no volver a subirlos.

La próxima cita es la reunión del Consejo de Gobierno de finales de octubre. Hasta entonces, el mercado trabajará con la hipótesis de un endurecimiento adicional, aunque nadie en Fráncfort ha confirmado nada y el dato definitivo, con el desglose completo por componentes, no llegará hasta la segunda mitad de este mes.

El IPC de la eurozona en septiembre marca máximos de tres años

El 3,8% no es solo una cifra de portada. Es la constatación de que la recta final de la desinflación se ha atascado justo cuando parecía encarrilada. Tras meses de moderación, la tasa ha vuelto a acelerarse y coloca al banco central ante un dilema sin solución limpia: si sube los tipos, enfría una economía que ya crece poco; si no lo hace, asume el riesgo de que las expectativas de precios se desanclen.

Los analistas apuntan a la energía como principal vector del repunte. El encarecimiento de la electricidad y de los combustibles se traslada con retardo a los precios industriales y, de ahí, al consumidor final. Es el mismo mecanismo que ya se vio en la crisis energética de 2022, aunque entonces el punto de partida era otro y el margen de actuación del BCE también.

España, líder de las grandes economías con un 5% de inflación

Que España encabece la tabla no es una anomalía estadística. El 5% responde a una combinación de base energética, presión en los servicios y un mercado laboral que ha mantenido los salarios al alza más tiempo que sus vecinos. ¿Es una buena noticia? Para el empleo, sin duda. Para la competitividad exterior, bastante menos.

Un diferencial de más de un punto con la media del euro significa que producir en España se encarece más rápido que en Alemania o Francia. El turismo, que aún absorbe parte del golpe gracias al tirón de la demanda, y la alimentación son los dos frentes donde el consumidor lo nota antes. En el resto, el ajuste llega vía márgenes.

El BCE, entre el coste de la energía y el riesgo de asfixiar el consumo

Hay una tentación recurrente en Fráncfort: tratar cada repunte de precios como si fuera el de 2022. Las proyecciones del banco central ya contemplan un escenario adverso en el que la energía mantiene los precios altos más tiempo del previsto, y el dato de septiembre aproxima la economía real a ese cuadro. Eso no significa que la subida de tipos esté decidida, pero reduce mucho el espacio disponible para recortes.

El riesgo que nadie quiere nombrar es el contrario: endurecer la política monetaria con una economía que da muestras de fatiga. La inversión industrial europea lleva dos trimestres frenándose y el crédito nuevo a las empresas se ha encarecido. Subir tipos ahora sería una apuesta a que la energía se corrige sola y a que los salarios no recogen el testigo.

Mi lectura es que el BCE esperará al desglose definitivo y a los datos de octubre antes de mover ficha, y que si lo hace será con un argumento incómodo: no para frenar la demanda, sino para proteger su credibilidad. La fecha a marcar en el calendario es la reunión de finales de octubre. Ahí se sabrá si el 3,8% era un susto pasajero o el comienzo de otro ciclo de precios altos.


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