CaixaBank crea una Dirección de IA y Data: así quiere meter inteligencia artificial en todo el banco

La entidad crea una unidad transversal para gobernar los datos y coordinar los modelos de IA en todas sus áreas. El movimiento coincide con el aviso del sector sobre la presión que la automatización puede ejercer sobre los depósitos más baratos.

CaixaBank quiere que la inteligencia artificial deje de ser un piloto y pase a ser infraestructura. El banco ha constituido una nueva Dirección de IA y Data con un mandato explícito: integrar los modelos de datos y los algoritmos en todo el negocio, desde la evaluación de riesgos hasta la relación diaria con el cliente. La unidad, adelantada por Expansión y recogida también en la web corporativa de la entidad, no nace como un laboratorio aislado. Nace como una estructura de gobierno transversal.

La decisión tiene menos de épica tecnológica y más de reorganización interna. Meter IA en todo un banco no consiste en enchufar un chatbot a la aplicación, sino en decidir quién manda sobre los datos, cómo se auditan los modelos y qué área asume el riesgo cuando un algoritmo se equivoca. La nueva dirección concentra esas tres funciones bajo un solo mando. Es, en la práctica, un cambio de gobernanza disfrazado de cambio tecnológico.

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Una dirección para gobernar los datos de todo el grupo

CaixaBank no partía de cero. La entidad ya venía usando modelos de machine learning en la evaluación de solvencia, la detección de fraude y la segmentación comercial. Lo nuevo no es el uso, sino la escala y el mando único. Hasta ahora, esas capacidades vivían repartidas entre áreas de negocio, tecnología y riesgos, cada una con su propio criterio. La Dirección de IA y Data pasa a fijar un marco común. Ese detalle, que suena administrativo, es el que decide si la inteligencia artificial escala o se queda en islas.

El sector lleva tiempo avisando de que el cuello de botella no es el algoritmo, sino el dato. Los modelos solo son tan buenos como la información que los alimenta, y en banca esa información está fragmentada por producto, por canal y por normativa. Unificar el gobierno del dato es la parte ingrata del proceso. También la más determinante.

Hay una razón de fondo para que el banco mueva esa pieza ahora. Los datos de un cliente bancario no son homogéneos: conviven el historial de una nómina, el comportamiento de una tarjeta, las señales de una aplicación y las alertas de una oficina. Ponerlos en el mismo idioma exige una estructura que decida cómo se combinan y con qué límites. Eso es, exactamente, una dirección de datos.

La nueva unidad responde, además, a una presión de negocio concreta. En un negocio donde el margen de intermediación depende del precio del dinero, cada punto de eficiencia cuenta. Automatizar procesos, anticipar la morosidad o personalizar ofertas con datos deja de ser una mejora estética y pasa a sostener la cuenta de resultados.

El cuello de botella de la IA bancaria no es el algoritmo, sino quién gobierna el dato y quién responde cuando el modelo falla.

El flanco que la IA puede apretar: los depósitos baratos

CaixaBank IA data

El entusiasmo tiene su reverso. Finanzas.com ha advertido de que la inteligencia artificial puede tensionar una de las fuentes de financiación más baratas de CaixaBank: los depósitos. La lógica es incómoda para el sector. Si los modelos predictivos permiten a los clientes mover su dinero con más información y menos fricción, la banca pierde parte del colchón de pasivo estable y barato sobre el que ha construido buena parte de su negocio.

Es una hipótesis, no un resultado. Pero apunta a una contradicción que conviene tener presente: la misma tecnología que abarata la operativa puede encarecer la financiación. CaixaBank quiere las dos cosas a la vez, y no siempre van de la mano.

La banca española juega su próxima década en los datos

La banca española ha vivido dos grandes oleadas de reestructuración en las últimas dos décadas. La primera cerró miles de sucursales. La segunda vació las áreas administrativas de miles de empleados. La tercera, la que ahora empieza, no se mide en oficinas ni en plantilla, sino en quién controla el dato. Y ahí CaixaBank acaba de mover ficha.

Conviene ser prudente. Crear una dirección no garantiza que la IA funcione. No es un fenómeno aislado: la mayoría de los bancos apuesta por lo mismo. He visto suficientes anuncios de transformación digital que acabaron en una diapositiva y un comunicado. Lo que distingue a este movimiento es que toca la gobernanza, no solo el relato. Si la nueva unidad tiene presupuesto, mando sobre los datos y capacidad de vetar proyectos, contará. Si es un paraguas organizativo sin dientes, no.

El sector financiero no tiene un instante único en el que se sepa si esto funciona. Se intuirá en los indicadores de eficiencia de los próximos trimestres y, sobre todo, en la presentación de resultados del cierre de 2026, prevista para principios de 2027, cuando la entidad detalle hasta dónde llega el ahorro atribuible a los modelos. Hasta entonces, la pregunta que queda abierta es la interesante: no si CaixaBank usa inteligencia artificial, sino si la IA cambia la forma en que el banco gana dinero.


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