Si usas una aplicación como ChatGPT, Claude o Gemini en tu día a día, es posible que pienses que la empresa que la ha desarrollado se está haciendo de oro, pero la realidad no podría estar más lejos, al menos de momento. Y es que, según los datos del portal especializado IsAIProfitable, solo las tres grandes desarrolladoras de centros de datos y microprocesadores —Nvidia, Micron y AMD— siguen mejorando sus resultados en el corto plazo y mantienen previsiones positivas para los próximos años.
Según los datos de la web especializada, OpenAI ha perdido 39.000 millones de dólares, Anthropic unos 11.000 y DeepSeek unos 200 millones. Por su parte, Amazon ha gastado 370.000 millones en el desarrollo de esta tecnología y solo ha generado 26.000 millones; Alphabet ha gastado 350.000 millones y ha generado 30.000 millones; Microsoft ha gastado 304.000 millones y solo ha recibido 33.000 millones; y, finalmente, Meta ha gastado ya 275.000 millones mientras que ha ingresado «solo» 5.000 millones.
Y es que, mientras las desarrolladoras de software siguen buscando opciones para hacer de sus aplicaciones y modelos de lenguaje opciones más rentables (hasta el punto de que OpenAI ha permitido por primera vez la publicidad en ChatGPT), el problema es que las leyes de Europa y Estados Unidos prohíben que el contenido creado a través de estas herramientas —o incluso aplicaciones generativas de vídeo o audio— pueda registrarse como contenido original. Además, todavía hay dudas sobre si hay clientes suficientes para las versiones de pago o sobre si el mundo cuenta con la electricidad necesaria para los centros de datos contratados.
El hardware sigue siendo mejor inversión que las aplicaciones
En este panorama, vender hardware da una ventaja a Nvidia y compañía. Aunque sus clientes están buscando desarrollar sus propios chips para no depender únicamente de sus procesadores, estos siguen sin estar en el mercado. Por tanto, pueden vender el hardware o, en el caso de AMD y Micron, seguir recibiendo pedidos para construir nuevos centros de datos en Europa y Estados Unidos. Se suma también la compleja realidad de estos proyectos, que en algunas zonas son rechazados por los residentes cercanos por su consumo de agua y por la mala prensa que sigue teniendo la inteligencia artificial.

Además, OpenAI, cuyo ChatGPT sigue siendo la cara de estas plataformas, acaba de retrasar el lanzamiento al público de su nueva versión alegando motivos de seguridad. Si estas plataformas empiezan a retrasar lanzamientos o se ven obligadas a no presentar grandes avances durante 2027, pueden acabar por reventar la burbuja, como teme parte de los analistas.
Las salidas a bolsa en 2027
Parte del reto es que, además de Google y Microsoft, que ya cotizan en bolsa, las otras plataformas del sector de la IA también están planteándose dar el salto a la cotización pública. El caso más evidente es OpenAI, que ya había puesto fecha al movimiento en 2026, pero que acabó retrasando el salto al año que viene, periodo en el que cuenta con la asesoría de Goldman Sachs y Morgan Stanley, y que podría servir como un termómetro interesante para sus rivales.
Por otro lado, Anthropic, responsable de Claude, sigue adelante con su propia salida a Wall Street. También es cierto que han sido más cuidadosos a la hora de dar a conocer sus planes que sus rivales, manteniendo buena parte de su calendario en secreto y apostando por la discreción mientras se aclaran las dudas regulatorias en ambos lados del océano.

El caso de la china DeepSeek es muy diferente. La empresa cotizaría en los mercados asiáticos y ha puesto fecha en 2027; tras haber cerrado ya una ronda de financiación en el sector privado, la empresa cuenta con que los inversores y analistas consideren su modelo como una opción interesante frente a sus competidores norteamericanos.
Mientras tanto, Nvidia respira con calma
Pero Nvidia ha conseguido un modelo en el que puede crecer gracias a la IA sin depender exclusivamente de estas empresas. Sus chips y tarjetas gráficas siguen siendo clave tanto en el desarrollo de consolas de videojuegos como en la industria del cine de animación y efectos visuales, o en el desarrollo de sistemas de navegación y vehículos autónomos por parte de empresas automovilísticas con clientes como Mercedes-Benz, Volvo, Jaguar Land Rover y NIO.
Es suficiente para tener margen de maniobra en caso de que, en efecto, haya una burbuja en el sector. Es un recordatorio de que, si bien la empresa se ha hecho de oro en los últimos años, lleva mucho tiempo siendo clave para el sector tecnológico, incluso desde antes del auge de los chatbots.




