HackSpain Madrid: 250 builders, 36 horas y 5 tracks para cazar talento ‘tech’

El canal Itnig se cuela en HackSpain, en la Complutense, y graba lo que de verdad se cuece: 250 builders, cinco retos patrocinados por startups y una pugna abierta por fichar al mejor talento técnico antes de que se gradúe.

Doscientos cincuenta builders. Treinta y seis horas. Cinco retos. Y un premio de 5.000 euros para el equipo que resuelva mejor lo que las startups patrocinadoras todavía no han resuelto dentro de casa. El canal Itnig se ha metido en HackSpain, celebrado en la Universidad Complutense de Madrid, y ha vuelto con algo más que un resumen de fin de semana.

El vídeo dura once minutos y está lleno de gente joven codeando sin dormir. Pero la historia de fondo no va de código: va de contratación. Entre entrevistas a organizadores, mentores, participantes y jurado, Itnig retrata un mercado en el que las empresas han convertido el talento tecnológico en el recurso más disputado.

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Un hackathon de 250 builders en la Complutense

El evento reunió a más de 250 personas durante 36 horas, con jurado y premios en juego. Willy, uno de los organizadores, lo define en el vídeo con una idea sencilla: un hackathon es un lugar donde construir, con tiempo limitado, cosas que llamen la atención. Su expectativa, dice, es que gente buena se conozca y que de ahí salga algo impactante.

El perfil del asistente es reconocible. Estudiantes y recién titulados, muchos llegados de fuera de Madrid. Rubén, por ejemplo, se apuntó solo y encontró equipo en el mismo grupo de WhatsApp del evento; es de Barcelona y subraya la cantidad de talento repartido por España. Alejandro repite por segunda vez y viene con compañeros de clase. Lo que valora no es el premio, sino enfrentarse a problemas abiertos, sin enunciado cerrado, algo que según él acaba marcando la trayectoria profesional.

Cinco retos patrocinados y cinco formas de mirar el mercado

Los cinco tracks los diseñan startups, no la organización. Tekerr, con Martín Simón al frente, plantea un desafío deliberadamente abierto: automatizar una tarea que hoy se hace a mano en la industria, con poca guía y equipos de cuatro o cinco personas. Maisa propone procesos auditables y trazables en sectores regulados, con documentos que los participantes deben gestionar mientras ocurren imprevistos a lo largo del evento. Una empresa de tesorería quiere un scoring financiero para compañías, algo que en Estados Unidos es habitual y que aquí, sostiene, no existe: medir la salud financiera, la capacidad de crédito y de endeudamiento de una empresa, y además definir el algoritmo, construir el producto y saber venderlo. Prósper, por su parte, monta un agente de scheduling que compite, sube de nivel en un leaderboard y desbloquea premios por etapas.

Aquí hay muchísimo nivel. Me emociona el evento, pero sobre todo me emociona pensar que de aquí puede salir un futuro unicornio.

— Samuel, organizador de HackSpain, en el vídeo de Itnig

El quinto reto, quizá el más ambicioso, pregunta si la inteligencia artificial puede gestionar una crisis. La crisis es abierta: en España ha habido incendios, inundaciones y el apagón que el año pasado dejo a medio país a oscuras. Los equipos deben resolver seis problemas concretos: filtrar cien inputs para quedarse con los tres que importan, priorizarlos, repartir recursos limitados, decidir el siguiente paso en tiempo real, coordinar a bomberos, ciudadanos y equipos de emergencia, y responder a escenarios que nadie había previsto.

Fichar talento: el reto que no aparece en el leaderboard

Los responsables de cada track lo dicen sin rodeos. La empresa de tesorería espera encontrar perfiles que quieran sumarse a su equipo y un producto que pueda entrar de verdad en su portfolio. Prósper reconoce que la razón principal para organizar este tipo de retos es conocer a los builders que buscan, con el drive y la constancia que valoran. Tekerr confía en que algún equipo se vuelva completamente loco y construya mucho más de lo esperado.

Es el canal de contratación que explica el entusiasmo. En 36 horas, una startup ve trabajar a decenas de candidatos sobre su propio problema, sin entrevistas y sin pruebas técnicas de laboratorio.

La cuenta pendiente: pocas mujeres en la sala

No todo es celebración. Itnig apunta una ausencia incómoda: la mayoría de los asistentes son hombres, chicos jóvenes con mucho talento, y se pregunta en voz alta cómo cambiar esa composición. No es un dato medido, es la percepción recogida durante la visita, aunque coincide con una queja recurrente del sector. Samuel, organizador y parte del jurado, admite que subirse al escenario impone al principio y que después se relaja, y resume el ambiente con una idea: aquí hay nivel de sobra.

Un formato que se multiplica en el ecosistema español

Los hackathons dejaron de ser una actividad de campus para convertirse en herramienta de reclutamiento y de innovación abierta. En España, donde las startups compiten por una bolsa limitada de perfiles técnicos, los retos patrocinados funcionan como un embudo doble: la empresa recibe prototipos y, de paso, conoce a quien los construye. Madrid concentra buena parte de esa actividad y la Complutense se ha convertido en escenario habitual de este tipo de citas. El vídeo no ofrece cifras de cuántas contrataciones salieron del evento ni qué equipo se llevó los 5.000 euros, así que cualquier conclusión sobre su éxito real está todavía por escribir.

Qué significa esto para quien busca trabajo

La lectura práctica es doble. Para quien empieza, un hackathon es una de las vías más rápidas de entrar en el radar de una startup sin pasar por el filtro del currículum: el código que escribes durante el fin de semana pesa más que una línea del CV. Para quien contrata, el formato ofrece señal de alta calidad a bajo coste, aunque con un problema evidente de conversión: buena parte de los participantes son estudiantes que aún no pueden incorporarse, y las empresas patrocinadoras compiten entre sí por el mismo puñado de perfiles.

Hay además una pregunta incómoda que el vídeo deja flotando: 36 horas de trabajo intenso a cambio de un premio colectivo de 5.000 euros y la posibilidad de que tu solución acabe dentro del producto de otro. La parte bonita, la comunidad, la amistad y el aprendizaje, es real. La parte transaccional también.

No hay respuesta cerrada, y quizá por eso el reportaje funciona. ¿Cuántos de esos 250 builders volverán a casa con una oferta y cuántos solo con una camiseta y una noche sin dormir? Itnig deja la pregunta en el aire y las imágenes hablan por sí solas.


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