Apple reconoce el fracaso de las Vision Pro: dos años después, en ‘soporte vital’

Algunas tiendas de Apple apenas venden una unidad al mes y la compañía ha aparcado al menos tres proyectos para abaratar el dispositivo. Meta y sus gafas de 100 gramos marcan ahora el ritmo del sector.

El Apple Vision Pro llegó al mercado en 2024 como la apuesta más ambiciosa de la compañía en una década. Dos años después, hay tiendas que apenas venden una unidad al mes y el equipo que lo desarrolló acumula despidos.

Claves de la operación

  • Un producto sin comprador. Las gafas se venden a cuentagotas en buena parte de la red comercial de Apple, según el periodista Mark Gurman en su boletín de Bloomberg. El precio de partida, 3.699 euros, equivale a varios monitores de alta gama y un televisor para el salón.
  • Meta le ha tomado la delantera. Las nuevas Meta VR Glasses pesan 100 gramos frente a más de 600 de las gafas de Apple y cuestan 1.299 dólares. La receta: mover el chip a la batería externa.
  • El relevo no llegará antes de 2029. El proyecto N224, la siguiente generación que estudia la compañía, no vería la luz antes de finales de 2028 o principios de 2029, según Gurman. Antes, Apple priorizará unas gafas sin pantalla para competir con las Ray-Ban Meta.

Dos años de espera sin un solo recorte de precio

La tecnología nunca fue el problema. Las gafas de realidad mixta de Apple son, técnicamente, una pieza extraordinaria. El problema es otro: es un dispositivo pesado, con una batería que cuelga de un cable y conectada a una petaca, y con un precio por el que se compran varios monitores de despacho y un televisor tope de gama.

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Ese desajuste entre lo que cuesta y lo que aporta ha terminado pesando más que cualquier virtud técnica. Desde el lanzamiento en 2024, la única renovación se ha limitado a añadir algo más de potencia a un dispositivo que no ha conseguido cuajar entre el gran público.

Apple lo intentó por otras vías. El equipo trabajó en al menos tres conceptos para abaratar y aligerar el producto: el N107, que ofrecía las mismas prestaciones a un precio menor y con menos peso; el N100, que movía componentes a la petaca de la batería; y el N109, más ligero y con un procesador menos potente que el de un Mac. Ninguno llegó a buen puerto, y todos acabaron en el cajón. Lo que sí se ha remodelado es el propio equipo, que ha sufrido despidos en varias áreas clave para el desarrollo. El propio Gurman lo describe como un producto en soporte vital.

Meta demuestra que el problema no era la tecnología

La estocada definitiva ha llegado desde el otro lado del sector. Meta presentó hace unos días sus Meta VR Glasses, un dispositivo que mantiene la petaca unida por cable, pero que pesa 100 gramos frente a los más de 600 de las Vision Pro. El truco está en llevar el chip a la batería externa en lugar de integrarlo en las gafas, que solo cargan con pantallas, cámaras, sensores y altavoces.

Apple no ha fallado por falta de tecnología, sino por vender un producto de laboratorio a precio de producto de masas.

El resultado es un aparato que no da pereza ponerse. Las gafas de Meta permiten crear un escritorio virtual igual de amplio y de alta resolución, e incluso mejoran detalles como el teclado, que se refleja sobre una mesa en lugar de flotar en el aire. Y todo por 1.299 dólares, frente a los 3.699 euros de las Vision Pro.

Vision Pro fracaso

Lo que el traspié revela del modelo de innovación de Apple

La lectura de fondo tiene poco que ver con la realidad virtual y mucho con la gestión del riesgo. Apple ha cimentado su liderazgo en saltos de producto que crearon categoría —el iPod, el iPhone, el iPad—, y ese mismo instinto es el que empujó a las Vision Pro. La diferencia es que ahora cada apuesta fallida pesa más que en 2007, cuando el tropiezo de un producto no comprometía la cuenta de resultados de toda la compañía.

La propia dirección lo admite a medias. John Ternus, el nuevo consejero delegado, nunca vio con buenos ojos las gafas: las consideraba demasiado caras y pesadas. En público mantiene el optimismo y defiende que tienen un futuro brillante, pero los proyectos guardados en el cajón cuentan otra historia.

El fondo del asunto es que Apple no puede permitirse perder el tren de la realidad mixta. Que Meta no pare de lanzar dispositivos demuestra que hay negocio, aunque sea un negocio distinto al que la compañía imaginó. Por eso los ingenieros de Cupertino exploran ya alrededor de cuatro conceptos para su proyecto N224, algunos con un enfoque cercano al de las Meta VR Glasses y otros más ambiciosos, con un diseño todo en uno que elimine la petaca sin ganar peso.

En España, mientras tanto, el negocio de la realidad virtual se sostiene por otras vías. Estudios pequeños, como el que trabaja desde Jaén para adaptar experiencias de realidad virtual a sectores como la formación o la industria, mantienen la actividad sin depender de las grandes plataformas de consumo. Es la parte del segmento que crece incluso cuando el producto estrella pincha.

La próxima prueba de fuego para Apple no serán las gafas de realidad mixta, sino las que no llevan pantalla. La compañía concentrará esfuerzos en competir directamente con las Ray-Ban Meta, y ahí tendrá que lidiar con un problema que las Vision Pro no le planteaban: las suspicacias en torno a la seguridad y la privacidad de unas cámaras que van en la cara del usuario.

El N224 no llegará al mercado antes de finales de 2028 o principios de 2029. Hasta entonces, la pregunta que sobrevuela Cupertino es incómoda: si el consejero delegado nunca creyó en las gafas, por qué mantener vivo un producto que no vende.


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