La SEC ha movido ficha y el sector del staking lo ha notado enseguida. El personal de la División de Finanzas Corporativas del regulador estadounidense publicó el viernes una guía que determina que los tokens de liquid staking respaldados por ETH no son valores, siempre que funcionen como meros recibos. El texto despeja el terreno para Lido y Rocket Pool, los dos grandes proveedores de este servicio sobre Ethereum.
Merece la pena detenerse en el vocabulario, porque ahí está la clave. El staking consiste en bloquear monedas para ayudar a operar una red a cambio de recompensas. El liquid staking añade una capa más: el usuario recibe un token negociable, el recibo, que representa el ETH bloqueado y le permite moverlo o usarlo en otras aplicaciones mientras sus fondos siguen generando rendimiento. Ese recibo es justo lo que ahora la SEC mira con otros ojos.
La guía llega con el ether rondando los 2.685 dólares. Ethereum fue uno de los 16 commodities digitales que la SEC y la CFTC nombraron en una interpretación conjunta fechada el 17 de marzo, y ese detalle pesa: el criterio de recibo solo aplica cuando la moneda que hay detrás es un commodity digital, no un valor.
Qué dice exactamente la guía de la SEC sobre los recibos de staking
La División de Finanzas Corporativas publicó la orientación el viernes. En sus preguntas frecuentes, el personal define un token de recibo de staking como una ‘herramienta digital’ cuando la moneda que lo respalda es un commodity. El test de Howey, el estándar que la Corte Suprema fijó en 1946 para decidir qué es un valor, pregunta si los compradores esperan beneficios del trabajo de otros; aquí, según la agencia, no se cumple esa expectativa.
La condición que separa un recibo legítimo de un producto regulado está en los detalles. El token no puede alterar los derechos asociados al ETH bloqueado ni añadir recompensas extra. El proveedor tampoco puede prestar, prometer ni reutilizar las monedas depositadas. La clave está en el recibo.
Un recibo que solo representa ETH bloqueado no es un contrato de inversión; lo es cuando alguien promete un rendimiento sobre ese depósito.
De los 30 millones de Kraken al giro de 2025
Para entender la magnitud del cambio conviene mirar atrás. En febrero de 2023, Kraken pagó una multa de 30 millones de dólares y cerró su servicio de staking en Estados Unidos para resolver las acusaciones de la SEC. La agencia argumentó entonces que el exchange anunciaba rendimientos anuales de hasta el 21%, algo que encajaba en su idea de oferta de valores.
Gary Gensler, presidente de la SEC en aquel momento, lo dejó claro en una advertencia: los intermediarios cripto que ofrecen contratos de inversión a cambio de los tokens de los inversores deben proporcionar las divulgaciones y garantías que exigen las leyes de valores. Cuatro meses después, la agencia demandó a Coinbase y calificó su programa de staking como una oferta de valores no registrada. El regulador retiró ese caso en febrero de 2025.
Las declaraciones del personal en mayo y agosto de 2025 ya habían allanado el camino: tanto el staking a nivel de protocolo como el liquid staking no implicaban, según su lectura, una oferta de valores. La diferencia con el caso Kraken es precisa. El exchange anunciaba su propio porcentaje de retorno; un recibo puro no promete nada.

Por qué el giro abre la puerta a Lido y Rocket Pool, pero no es una garantía
No todo el mundo en en la SEC comparte el criterio. La comisionada Caroline Crenshaw señaló que la declaración sobre liquid staking de agosto de 2025 se apoyaba en suposiciones que quizá no correspondan con cómo funcionan los programas reales. Es la voz discrepante que conviene tener presente cuando se lee la guía como una victoria cerrada.
Hay un matiz más que rebaja el entusiasmo. Las propias preguntas frecuentes aclaran que no tienen fuerza legal, algo que pesa ahora que la CLARITY Act, el proyecto de ley para repartir la supervisión cripto entre la SEC y la CFTC, fracasó este mes en el Senado. Sin una norma que fije el marco, todo queda en manos de la interpretación de turno.
El texto también tocó las recompras de tokens, cuando un proyecto usa su propio dinero para recomprar sus tokens del mercado. En una red que ya funciona, anunciar una recompra no cuenta como una promesa que convierta el token en un valor. Ahí está el matiz. En una red que aún no está terminada, presentar esa recompra como vía para obtener rendimientos sí podría contar.
El punto débil es el de siempre. A diferencia de una ley, una orientación puede ser retirada por futuras administraciones. En marzo, analistas citados por medios del sector señalaron que los reguladores ya habían cumplido la mayoría de las propuestas del proyecto de ley. El problema es estructural: lo que hoy es válido puede no serlo en 2027 si cambia el signo político.
Para el inversor español que tiene ETH en Lido o Rocket Pool, la lectura práctica es que el sobrecoste regulatorio que arrastraba el liquid staking se reduce, no que desaparezca. El riesgo de que el criterio se revise sigue ahí. Y para el ecosistema queda una fecha pendiente en el calendario legislativo estadounidense: la próxima ventana para reactivar una ley que dé a este marco la solidez que una guía del personal no tiene.





