NASA prueba una propulsión CubeSat dual y no tóxica que hará el vuelo espacial más seguro

El demostrador combina un motor químico de alto empuje y propulsores electrospray alimentados por un único depósito de propelente no tóxico. Marshall ultima el envío a Vandenberg para un lanzamiento no antes del 1 de octubre.

La NASA completa las pruebas del CubeSat ASCENT, que unifica la propulsión química y la eléctrica en un solo tanque. El satélite, del tamaño de una caja de zapatos grande, ha superado en el Marshall Space Flight Center de Huntsville (Alabama) los ensayos ambientales y físicos que certifican que puede sobrevivir al vacío y a los ciclos térmicos de la órbita baja. El lanzamiento está manifestado para no antes del próximo 1 de octubre, a bordo de un Falcon 9 de SpaceX desde la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg, en California.

Tradicionalmente, una nave lleva dos sistemas de propulsión distintos. Uno químico, de alto empuje, para maniobras rápidas como entrar en órbita. Y otro eléctrico, de bajo empuje, para correcciones lentas y eficientes, como mantener la posición. Eso obliga a cargar varios depósitos y una fontanería pesada que ocupa espacio y suma kilos. La misión ASCENT —siglas de Advanced Spacecraft Energetic Non-Toxic— propone lo contrario: un único propelente no tóxico que alimenta ambos motores desde un depósito central. La propia agencia detalla el alcance de las pruebas en su nota oficial.

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El ahorro no es cosmético. En un CubeSat, donde cada centímetro se pelea, liberar masa y volumen significa más sitio para instrumentos científicos y la posibilidad de lanzarse en cohetes más pequeños y baratos. La arquitectura tiene dos consumidores: un motor de combustión de alto empuje y propulsores de electrospray de bajo empuje. Los dos beben del mismo tanque. Y su formato —los CubeSat estandarizados en unidades de 10 centímetros de lado— explica por qué cada gramo cuenta.

Detrás del demostrador hay un reparto de trabajo que cruza Estados Unidos. Marshall gestiona la misión; el MIT firma los propulsores de electrospray; la empresa Plasma Processes construye el módulo químico; y el Georgia Institute of Technology integra la plataforma. Nehemiah Williams, jefe de proyecto de la demostración, lo resume sin adornos: ‘Hay muchos cabos sueltos, y muchos desafíos pequeños y algunos grandes. Pero garantizar que la propulsión funcione con todos esos equipos distintos es lo que hace que la misión salga adelante’.

El acrónimo apunta también a la seguridad. Los propelentes de alta energía convencionales son volátiles y obligan a protocolos de manipulación estrictos, con instalaciones y personal preparados para cada carga. Un propelente no tóxico rebaja esa factura operativa, algo decisivo para satélites pequeños que rara vez disponen de infraestructura para químicos peligrosos.

Eso sí, el concepto solo vale si sobrevive al espacio.

Dos motores, un tanque y nueve meses de maniobras: la prueba de fuego del ASCENT no llegará en el laboratorio, sino a 523 kilómetros de altura.

Helio a presión, vacío y giro: así se prueba un satélite antes de volar

ASCENT propulsión

Durante los últimos meses, el equipo de Marshall ha sometido el hardware de vuelo a una batería de ensayos dentro del Small Spacecraft Servicing and Integration Lab. Primero, la estanqueidad: una prueba de fugas con helio presurizado en cámara de vacío para verificar que las juntas aguantan. Como el sistema alimenta dos tipos de propulsor desde un mismo tanque, una junta que falle no arruina un motor: compromete la misión entera.

Después llegó el ensayo térmico en vacío. El espacio es un entorno sin aire y con oscilaciones extremas de temperatura, así que la nave pasó por una cámara que reproduce esas condiciones para comprobar que la electrónica, los propulsores y los sistemas mecánicos responden cuando ya no hay vuelta atrás.

El tercer examen fue el giro. Igual que una rueda de coche, un satélite necesita estar equilibrado: la prueba mide sus propiedades másicas y su centro de gravedad. De ese dato depende que el CubeSat mantenga la actitud correcta, que sus antenas apunten a la Tierra y que sus paneles solares miren al Sol con la inclinación adecuada.

Con los ensayos cerrados, la misión entra en su recta final: comprobaciones de sistema, integración de los paneles solares y envío del hardware al sitio de lanzamiento. Una vez desplegado en una órbita de unos 523 kilómetros de altura —más alto que la Estación Espacial Internacional, que circula alrededor de los 400—, el CubeSat arrancará una misión de nueve meses.

Qué cambia si el ASCENT funciona (y qué falta por demostrar)

La propulsión de satélites pequeños vive atrapada en un compromiso incómodo: o llevas dos sistemas completos y renuncias a carga útil, o renuncias a maniobrar. Unificar ambos modos en un solo tanque ataca ese cuello de botella y encaja con una tendencia de fondo, la miniaturización de la tecnología espacial, que ha convertido a los CubeSat en plataformas serias para observación, comunicaciones y experimentación en órbita. Si el modelo dual funciona, el diseño de misiones pequeñas gana un grado de libertad que hoy no existe.

Conviene, eso sí, medir la euforia. Todo lo completado hasta ahora es validación en tierra: fugas, temperaturas, equilibrio. El comportamiento real de un motor de combustión y de un propulsor de electrospray alimentados por la misma línea, con las vibraciones del lanzamiento y los ciclos de encendido, no se sabrá hasta que la nave opere. Y la arquitectura integrada tiene una contrapartida obvia: concentra el riesgo. Esa es la apuesta y, a la vez, su punto débil.

El calendario es concreto. Tras el lanzamiento y el periodo inicial de comprobaciones, el equipo ejecutará maniobras químicas y eléctricas cortas. Si salen bien, el satélite pasará varios meses subiendo y bajando su órbita, alternando los motores de alto y bajo empuje. Ahí se sabrá si esta idea deja de ser un plano de laboratorio y se convierte en estándar.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: La NASA ha superado las pruebas ambientales y físicas del CubeSat ASCENT, un demostrador de propulsión dual no tóxica para satélites pequeños.
  • Dónde: Small Spacecraft Servicing and Integration Lab del Marshall Space Flight Center, en Huntsville (Alabama); el lanzamiento partirá de la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg (California).
  • Institución responsable: NASA Marshall, con el MIT (propulsores electrospray), Plasma Processes (módulo químico) y Georgia Tech (plataforma del satélite); programa SSDS del Research and Technology Mission Directorate.
  • Cuándo: Ensayos completados en septiembre de 2026; lanzamiento previsto no antes del 1 de octubre de 2026 y misión de nueve meses en órbita.
  • Impacto a futuro: Si el modo dual se valida en vuelo, los satélites pequeños ganarán masa útil y podrán lanzarse en cohetes más baratos con menos riesgo químico en tierra.

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