Riot Platforms ha pagado 200 millones de dólares a Coinbase para recuperar los 5.821 bitcoins que tenía entregados como garantía. Al precio citado en el reporte, unos 84.800 dólares por moneda, ese lote vale cerca de 494 millones: más de la mitad de todo el bitcoin que la minera declaraba a mediados de año.
La operación se cerró el 21 de septiembre, siete meses antes del vencimiento del préstamo, y aparece recogida en un formulario 8-K, el documento que las empresas cotizadas en Estados Unidos presentan ante la base de datos pública de la SEC cuando ocurre algo relevante para sus inversores. Ese escrito confirma que Coinbase ya no tiene derechos sobre los activos que respaldaban el crédito. Riot tampoco ha tenido que pagar ninguna comisión por cancelarlo antes de tiempo.
Queda la pregunta que ningún papel responde: qué hará la compañía con esas monedas. Ni si las mantendrá en su balance, ni si las venderá para financiar su otra pata de negocio, ni si las usará como aval en una operación futura. Su próximo informe trimestral debería despejar la duda.
Cómo funcionaba el préstamo de 200 millones con Coinbase
El crédito tenía un interés fijo del 6,15% y vencía en abril de 2027. Riot lo ha liquidado con intereses incluidos y sin penalización. Detrás de la decisión hay un mecanismo que conviene entender: los préstamos con garantía cripto no se firman con un número fijo de monedas, sino con un valor. Si el bitcoin cae, cada moneda cubre menos y el deudor tiene que aportar más.
Eso es exactamente lo que pasó en febrero. Riot añadió 1.825 bitcoins a la garantía y esta pasó de 3.977 monedas al cierre de 2025 a 5.802. Cuando el precio sube, el sistema permite lo contrario: pedir que te devuelvan parte del colchón sin amortizar un dólar de la deuda, aunque es la entidad financiera la que tiene la última palabra sobre el cálculo. El detalle importa.
Además de bitcoin, la compañía había dejado en custodia USDC (una stablecoin, es decir, un token digital diseñado para valer siempre un dólar) y efectivo. El 8-K no detalla qué proporción correspondía a cada activo ni de dónde salieron los 200 millones: si de caja propia, de otra financiación o de una mezcla de ambas.
Recuperar el control de 5.821 bitcoins no es lo mismo que apuntarse 494 millones de beneficio: la diferencia entre ambas cosas se llama precio, y cambia cada día.
Qué gana Riot con el pago: liquidez y margen de decisión
Los números de junio dan la escala. La minera declaraba 11.380 bitcoins en su balance, de los cuales solo 5.559 estaban libres para moverse; el resto respaldaba el préstamo. Si el saldo total no ha cambiado desde entonces, recuperar 5.821 monedas casi duplica el bitcoin que puede utilizar cuando quiera.
El valor de la garantía también se movió con el mercado. Al cierre del segundo trimestre equivalía a 340,7 millones de dólares. Con el precio citado en el 8-K, ronda los 494 millones. Ojo con la lectura fácil: esa diferencia refleja cómo cotiza el bitcoin, no una venta cerrada por la compañía.

Una minera que vende bitcoin para pagar centros de datos
La minería de bitcoin consiste en poner ordenadores a resolver cálculos que aseguran la red; a cambio, el protocolo entrega monedas nuevas. Los movimientos de tesorería de 2026 cuentan una historia que va en otra dirección. En el primer trimestre Riot vendió 3.778 bitcoins por 289,5 millones mientras minaba 1.473. En el segundo, el saldo cayó de 15.680 a 11.380 pese a haber extraído 1.587. Lleva varios trimestres vendiendo más de lo que produce.
El destino de parte de ese dinero está a la vista. En agosto firmó un contrato de arrendamiento a 20 años por 9.100 millones de dólares para dar 191 megavatios de capacidad de computación en su campus de Rockdale, en Texas. Riot describe al inquilino como un laboratorio líder de inteligencia artificial fronteriza, sin dar su nombre. Morgan Stanley ha aportado un préstamo puente de 573 millones para la primera fase, según los resultados del segundo trimestre.
En bolsa, la reacción fue tibia. Las acciones de RIOT cerraron el viernes en 23 dólares, con una caída diaria del 2% y un retroceso del 3% en cinco sesiones, aunque acumulan una subida cercana al 82% en lo que va de año.
El patrón que se repite: de la mina al centro de datos
Riot no es la primera minera que reordena su tesorería al ritmo del mercado. En el ciclo bajista de 2022, compañías como Core Scientific tuvieron que acogerse al capítulo 11 de la ley de quiebras estadounidense después de acumular deuda y vender bitcoin a precios de derribo. La lección de aquel episodio fue clara: apalancarse con el activo que uno mismo produce es rentable mientras el precio sube y letal cuando se gira.
El otro precedente reciente es el halving, la reducción a la mitad de las monedas que recibe cada minero, que se aplica cada cuatro años y que en abril de 2024 recortó los ingresos por bloque. Con menos recompensa y costes eléctricos al alza, la rentabilidad de minar se estrecha. De ahí que buena parte del sector esté reconvirtiendo su ventaja real, que no es el bitcoin, sino la energía y el suelo.
Ahí está el negocio que compra el mercado: los mineros llevan años peleando por conexiones eléctricas y terrenos que ahora necesita la inteligencia artificial. Eso explica que RIOT suba un 82% en el año mientras su producción de bitcoin baja.
El riesgo es la otra cara. La expansión se financia con deuda y con un inquilino cuyo nombre no se conoce, y depende de un sector, el de la IA, que también podría enfriarse. Si Riot necesita capital adicional, vender las 5.821 monedas liberadas es la vía más rápida que tiene sobre la mesa. Que hoy no haya anunciado que las venderá no significa que no lo haga en octubre.
La próxima cita está en el informe trimestral que la compañía publica en su web oficial: ahí se verá si los bitcoins siguen en sus libros, cómo quedó el saldo total después del pago y si el arrendamiento de Rockdale avanza. Hasta entonces, lo único confirmado es una decisión financiera concreta, ejecutada antes de tiempo y sin penalización, que devuelve a Riot el control de una parte notable de su tesorería en bitcoin.





