La regulación de stablecoins de Estados Unidos ya tiene borrador sobre la mesa: reservas uno a uno y redención en dos días hábiles.
La Reserva Federal abrió el 24 de septiembre el periodo de comentarios sobre dos propuestas que traducen a letra pequeña la GENIUS Act, la ley federal que desde 2025 fija el marco de los emisores de stablecoins de pago. El plazo será de 60 días y empezará a contar cuando los textos se publiquen en el Federal Register, el boletín oficial del Gobierno estadounidense.
Suena a trámite burocrático. No lo es. El texto toca el nervio del ecosistema de Solana, donde USDC es, con diferencia, la stablecoin más utilizada y ejerce de moneda base para buena parte de su DeFi y de sus pagos.
Qué exige la Fed: reservas uno a uno, redención en dos días y cargos de capital
Las dos propuestas se reparten el trabajo. La primera desarrolla los estándares prudenciales que la ley exige a los emisores supervisados por el propio consejo de la Reserva Federal. La segunda define el proceso por el que un banco con licencia estatal integrado en el sistema pedirá permiso para crear una filial emisora de stablecoins.
El corazón del primer texto son las reservas. Cada stablecoin tendrá que estar respaldada uno a uno por activos admisibles, una lista cerrada:
- Dólares en efectivo.
- Saldos depositados en la propia Reserva Federal.
- Depósitos asegurados por la banca comercial.
- Letras del Tesoro con vencimiento inferior a 93 días.
- Determinados acuerdos de recompra respaldados por deuda pública.
El borrador obliga además a publicar una política de reembolso que garantice la redención en un máximo de dos días hábiles, con excepciones tasadas, y fija requisitos para los custodios que guarden esas reservas. Cualquiera que haya intentado sacar dinero de una plataforma un domingo entiende por qué el detalle importa.
Un respaldo uno a uno convierte una promesa comercial en una obligación verificable, y eso cambia el coste real de emitir dinero digital.
La propuesta no se queda en el respaldo. Añade exigencias de capital para absorber pérdidas: un cargo del 2% por el riesgo de crédito de los depósitos no asegurados y de las recompras con colateral insuficiente, y otro de entre el 1% y el 2% sobre el saldo de stablecoins en circulación por riesgo operativo, según el tamaño del emisor y según el memorando del personal del regulador.
En paralelo, la segunda propuesta separa el permiso para operar una filial emisora de los estándares que se le aplicarán después. El banco solicitante tendrá que presentar un plan de negocio, información financiera, documentación sobre su estructura de capital y las certificaciones correspondientes. El regulador quiere ver la foto completa antes de entregar la llave.
Dónde aprieta a USDC y a la liquidez de Solana

En Solana, el dinero estable no es un accesorio. USDC es el activo con el que se hace mercado en Jupiter, el agregador de intercambios más usado de la red; el colateral habitual en protocolos de préstamo como Kamino; y el medio de pago de los corredores que conectan carteras digitales con comercios. La mayoría de las stablecoins que circulan en la red se apoya, directa o indirectamente, en su liquidez.
Cualquier cambio en las reglas de emisión llega, por tanto, a los cimientos. Si el emisor debe inmovilizar más capital y más colchón en activos concretos, su margen para expandir la oferta se estrecha. Menos oferta circulante suele traducirse en menos liquidez para el resto: prestar se encarece y las operaciones grandes mueven más el precio.
Circle, la empresa que emite USDC, no figura entre los emisores supervisados directamente por el consejo de la Fed. Eso no la deja fuera del tablero. Los grandes emisores tienden a alinearse con el estándar más exigente para conservar socios bancarios, clientes institucionales y acceso ordenado a los mercados de deuda donde colocan sus reservas.
Hay una segunda vía de presión, más silenciosa. Si los bancos tradicionales logran el permiso para emitir sus propias stablecoins, competirán por el mismo dinero digital desde dentro del sistema que ahora escribe las reglas. Para los emisores nativos no habrá atajos.
El precedente de MiCA, el susto de marzo de 2023 y la letra pequeña que falta
Este debate ya se vivió en Europa. MiCA, el reglamento europeo de criptoactivos aplicado desde 2024, obligó a los emisores de stablecoins a custodiar sus reservas en entidades de la Unión Europea y limitó el uso de monedas ancladas a divisas extranjeras en pagos. El resultado fue un reajuste de catálogos en varias plataformas: la norma no elimina el producto, pero decide quién puede sostenerlo.
En Solana hay otro precedente grabado a fuego. En marzo de 2023, la quiebra del Silicon Valley Bank dejó atrapados alrededor de 3.300 millones de dólares de las reservas de USDC. La moneda perdió su anclaje con el dólar durante unas horas y la red descubrió su punto débil: parte de su liquidez dependía del balance de un banco regional. El respaldo uno a uno con activos admisibles nace, en buena medida, para que eso no vuelva a repetirse.
Dicho eso, el borrador tiene letras pequeñas. La redención en dos días admite ‘excepciones tasadas’ que no se detallan del todo, y las exigencias de capital se dirigen a los emisores que supervisa la propia Fed, no a todo el mercado. La duda razonable es si el resto de reguladores federales caminará en la misma dirección o si quedará un mapa a varias velocidades.
El calendario marca los próximos pasos: 60 días de comentarios desde la publicación en el Federal Register, un plazo que se irá previsiblemente a finales de 2026, y normas finales que difícilmente llegarán antes de 2027. Hasta entonces, la liquidez de Solana seguirá funcionando bajo la promesa de que un dólar es un dólar.




