El espectro 6G ya tiene cifra en Europa: hasta 15.000 millones de euros por las futuras subastas de frecuencias. La propuesta la ha llevado Grecia al resto de socios comunitarios y busca convertir ese dinero en recurso propio de la UE mucho antes de que la tecnología exista comercialmente.
Claves de la operación
- Entre 12.000 y 15.000 millones de euros en juego. Es la horquilla inicial que maneja la propuesta griega para los ingresos derivados de las futuras asignaciones nacionales de frecuencias 6G.
- La European Spectrum Union como vehículo común. El objetivo es que una parte de lo recaudado en cada país financie inversión tecnológica compartida y reduzca la presión sobre las contribuciones nacionales.
- El precedente heleno de 2020 marca la senda. Grecia destinó el 25% de los ingresos de su subasta 5G al Phaistos Fund, un fondo para invertir en empresas y aplicaciones ligadas a esa tecnología.
El pulso por convertir el espectro en recurso propio de Bruselas
La propuesta está firmada por Kyriakos Pierrakakis, presidente del Eurogrupo y ministro griego de Finanzas, y maneja una escala que Bruselas no puede ignorar. La Comisión busca nuevos recursos propios para un Marco Financiero Plurianual cercano a los 2 billones de euros que cubriría el periodo 2028-2034. Sostener las políticas actuales y responder a las nuevas prioridades en competitividad, innovación y defensa exige dinero que no salga solo de las capitales nacionales.
Conviene distinguir la red de las frecuencias que necesita para operar. El 6G requerirá espacio dentro del espectro radioeléctrico, un recurso finito que los Estados gestionan bajo el marco europeo y sobre el que conceden derechos de uso a los operadores. Esos derechos se adjudican por subasta y su concesión genera ingresos públicos antes de que se instale la primera antena.
El calendario juega a favor de la propuesta. Las concesiones de espectro para el 6G no llegarán antes de finales de la década en la mayoría de los mercados, lo que deja margen para negociar el marco común en paralelo al próximo presupuesto comunitario. Si los Veintisiete no cierran el diseño antes de las primeras subastas, cada país habrá adjudicado ya sus bandas con sus propias reglas y el margen para un fondo común se estrechará.
Por qué los ingresos del 6G llegan antes que la propia tecnología
Ahí está el atractivo para las administraciones. Una tecnología sin despliegue comercial puede empezar a producir consecuencias económicas mucho antes de llegar a los bolsillos. Con el 5G ocurrió algo parecido: las pujas por las bandas se resolvieron años antes de que la cobertura fuera masiva y los Estados contabilizaron ingresos sin desplegar toda su red prometida.
Grecia ya probó el mecanismo. En 2020 destinó el 25% de los ingresos públicos obtenidos con la adjudicación de derechos de frecuencias 5G al Phaistos Fund, concebido para invertir en empresas y aplicaciones vinculadas a esa tecnología. Pierrakakis utiliza ahora aquella experiencia como referencia, aunque trasladarla al conjunto de la UE supone otro nivel de complejidad.
El 6G no ha llegado a ningún teléfono, y su espectro ya se negocia como si fuera una fuente de ingresos consolidada.
Habría que coordinar calendarios y condiciones entre mercados nacionales, decidir qué parte de la recaudación tendría un destino común y, sobre todo, conseguir que los 27 acepten ceder soberanía sobre un recurso que hasta ahora gestionan de forma individual. Ningún Estado ha cedido nunca la llave de sus subastas de frecuencias, y ese es el verdadero escollo de la propuesta.

Lo que España y los operadores se juegan en la próxima década
En España el espectro será sensible para Telefónica, Orange y Vodafone. Las bandas que se liberen para el 6G condicionarán la inversión de los operadores en los próximos años, en un mercado donde la mayoría de las telecos mantiene ritmos distintos de despliegue del 5G según la comunidad autónoma. Cualquier intento de centralizar en Bruselas una parte de los ingresos de esas subastas chocará con el criterio del regulador español y con las cuentas de las compañías del IBEX 35.
La comparación con el precedente heleno no es gratuita. El Phaistos Fund griego fue una apuesta por reinvertir en el propio ecosistema tecnológico lo que el espectro había recaudado. Ese modelo, aplicado al conjunto europeo, dejaría en manos comunitarias una parte del negocio que hasta ahora las autoridades nacionales usaban para cuadrar sus presupuestos. Para los operadores, el riesgo es doble: pagar más y financiar redes ajenas.
El documento griego no garantiza ingresos, ni mucho menos esos 15.000 millones. Introduce, eso sí, una posibilidad con recorrido: tratar el valor del espectro como algo más que una herramienta para ordenar el despliegue de redes. El debate real llegará con las próximas negociaciones del presupuesto comunitario y con el calendario de concesiones que cada país prepare de aquí a 2030. Ahí se verá si Europa vende la idea o si cada Estado decide seguir subastando por su cuenta.




