Un objeto del tamaño de una ballena jorobada excavó un nuevo cráter lunar en algún momento entre abril y mayo de 2024. Nadie lo vio caer. Lo que existe es la secuencia del antes y el después: el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA fotografía la superficie de la Luna cada mes, y en ese seguimiento rutinario apareció, de pronto, un agujero que antes no estaba allí.
La imagen se ha publicado hoy, 23 de septiembre de 2026, como Astronomy Picture of the Day de la NASA, con las dos instantáneas del mismo terreno enfrentadas, tal y como recoge la ficha oficial del APOD. El cráter lleva el nombre de McGetchin, el científico lunar de la era Apolo al que se ha querido homenajear, y su diámetro equivale al ancho de dos campos de fútbol. El impacto lo firmó una roca de entre 10 y 20 metros.
Un impacto que la Luna solo sufre una vez cada 132 años
Esa es la cifra que da la NASA, y la que convierte el hallazgo en algo más que una anécdota: los cráteres de este tamaño aparecen una vez cada 132 años en toda la superficie lunar. El último episodio comparable habría ocurrido a finales del siglo XIX, cuando ningún telescopio orbitaba la Luna ni nadie fotografiaba su suelo con regularidad. En 2024 sí había alguien mirando.
Aquella roca llegó a velocidad orbital, sin atmósfera que la desintegrara antes de tocar suelo. Ahí está la diferencia con la Tierra. Un objeto de 10 o 20 metros que se dirigiera hacia nuestro planeta tendría muchas probabilidades de romperse en el aire y dejar apenas una estela luminosa, como ya ha ocurrido con otras rocas de tamaño similar. En la Luna no hay filtro: el proyectil llega íntegro y, en un instante, desplaza más material del que cabría imaginar.
Cómo se caza un cráter que nadie vio formarse

El mérito es del programa de monitorización mensual del LRO. La sonda fotografía la misma franja de terreno con la misma cámara y desde el mismo ángulo, así que cualquier cambio salta a la vista al comparar dos pasadas. En este caso, la comparación dejó al descubierto un cráter brillante donde antes había una superficie uniforme. La ventana del impacto —abril o mayo de 2024— es tan ancha porque el paso de la sonda no es diario: con una cadencia semanal, la fecha sería mucho más precisa.
La segunda pista llegó del calor. La imagen térmica reveló una gran mancha fría alrededor del cráter, que seguía caliente. La explicación es contraintuitiva: el golpe removió el regolito, la capa de polvo y sedimento suelto que cubre la Luna, y lo dejó menos compacto. Ese material esponjoso retiene peor el calor que el terreno intacto, de modo que la zona removida se enfría antes. El efecto se extiende mucho más allá del agujero visible.
El cráter se aprecia a simple vista, pero el verdadero hallazgo es todo el terreno removido alrededor, que todavía se enfría más rápido que el resto.
Lo que el polvo removido enseña sobre el terreno que pisarán las próximas misiones
Un impacto así funciona como un experimento natural con condiciones conocidas. Se sabe, con un margen razonable, de qué tamaño era el proyectil y en qué ventana de semanas golpeó. Se puede medir el cráter y, sobre todo, cuánto terreno se alteró alrededor. Ese paquete completo, con causa estimada, efecto medido y testigos del antes y el después, es difícil de reunir para un evento único: los modelos que calculan cómo se redistribuye el regolito a lo largo de siglos acaban de recibir un caso real con el que compararse.
La cautela, eso sí, es obligatoria. El tamaño del objeto no se ha medido: se deduce del diámetro del cráter, y esa conversión depende de la velocidad y del ángulo de entrada, dos variables que nadie registró. La fecha tampoco es exacta, solo una horquilla de varias semanas. Falta además una confirmación independiente, porque no existe una red sísmica permanente en la Luna desde que los instrumentos del programa Apolo dejaron de transmitir a finales de los años setenta. El golpe quedó documentado por las imágenes y por nada más.
Hay una escala que ayuda a dimensionarlo. El regolito lunar se ha formado durante miles de millones de años a base de micrometeoritos y radiación solar. Es un polvo fino, anguloso y abrasivo, más parecido a la arena que sale de una cantera que a la arena de playa, porque nunca ha pasado por el agua ni por el viento. Cuando algo grande lo golpea, no se limita a abrir un hueco: levanta una corona de material suelto alrededor que altera la manera en que ese suelo responde al calor durante mucho tiempo.
La lección se extiende más allá de la geología lunar. Sin atmósfera que la proteja, la superficie lunar conserva durante muchísimo tiempo la huella de lo que la golpea. Cada cráter nuevo es una marca en un cronómetro: conociendo cuántos impactos de cierto tamaño se producen por siglo, se puede estimar la edad de terrenos enteros a partir de la densidad de agujeros que los cubren. Un dato real sobre la frecuencia de estos sucesos vale mucho para calibrar ese reloj.
Lo que viene es más seguimiento. El LRO mantiene su calendario mensual, así que este cráter seguirá fotografiándose y su firma térmica se irá apagando hasta fundirse con el fondo. La próxima vez que aparezca un agujero nuevo en la comparación de dos pasadas, el procedimiento ya estará rodado. Quien quiera seguir estas imágenes tiene cita diaria: el archivo de Astronomy Picture of the Day se está mudando desde su dirección histórica al portal de ciencia de la NASA. Reconozco que, cada vez que aparece una historia así, miro el cielo con algo más de gratitud.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: un cráter lunar de formación reciente, con el ancho de dos campos de fútbol, excavado por un objeto de entre 10 y 20 metros.
- Dónde: en la superficie de la Luna, en la franja que el Lunar Reconnaissance Orbiter revisa cada mes.
- Institución responsable: NASA, con el Goddard Space Flight Center y la empresa Intuitive Machines; difusión a través de Astronomy Picture of the Day.
- Cuándo: el impacto se produjo entre abril y mayo de 2024; las imágenes del antes y el después se difundieron el 23 de septiembre de 2026.
- Impacto a futuro: ofrece un caso real para modelizar cómo los impactos remueven el regolito y cómo evoluciona la superficie lunar.





