El plan renove aerotermia de Iberdrola sube del 70% al 85%. La energética eleva hasta 6.000 euros las ayudas para cambiar una caldera de gas o de gasóleo por una bomba de calor, añade financiación a 24 meses sin intereses y fija el 1 de diciembre de 2026 como fecha límite para contratar la instalación.
La oferta no es nueva; el porcentaje, sí. La compañía aplicaba un 70% de descuento en su campaña anterior y ahora lo lleva quince puntos más arriba. El movimiento llega a menos de once semanas de que el plan renove aerotermia caduque y en plena precampaña de calefacción, cuando las comercializadoras pelean por el cliente residencial antes de los primeros fríos. Conviene no confundir el porcentaje con el coste total: el ahorro final depende de tres tramos distintos y de la zona climática en la que esté la vivienda.
Los tres tramos del descuento: 1.400 euros directos, hasta 3.600 en CAE y 1.000 en saldo
El desglose importa más que el titular. De los 6.000 euros de ayuda máxima, 5.000 corresponden a una rebaja sobre el precio de la instalación: 1.400 euros de descuento directo y hasta 3.600 euros a través de los Certificados de Ahorro Energético, el mecanismo con el que el Ministerio para la Transición Ecológica retribuye los ahorros energéticos verificados. El millar restante llega como saldo en Mi Iberdrola, canjeable en la factura eléctrica, no como dinero en cuenta.
Ahí aparece la primera grieta. Los 3.600 euros de CAE solo se alcanzan en las zonas climáticas más frías. En zonas medias la cifra cae a 2.160 euros y en las cálidas se queda en 1.440 euros, según los datos que maneja la compañía. Un propietario en una zona cálida —buena parte del sur peninsular o Canarias— no verá nunca el máximo que promete el folleto comercial.
La energética entrega además, y sin coste, los certificados energéticos anterior y posterior a la instalación. Es la documentación que exige Hacienda para acceder a las deducciones del IRPF por actuaciones de mejora de eficiencia energética, que según los cálculos de la propia compañía pueden alcanzar 9.000 euros en viviendas unifamiliares y 3.000 euros en pisos.
El 85% suena a descuento total, pero el ahorro real depende del código postal, del tipo de radiador y de la declaración de la renta del propietario.
El certificado no es un adorno administrativo. Sin esa documentación no hay deducción posible y el cliente se queda con la rebaja comercial pero pierde el tramo fiscal. El trámite lo asume la compañía, aunque su calendario va atado a la propia ejecución de la obra.
Los dos ejemplos que publica la eléctrica resumen el mecanismo. Un piso de 90 metros cuadrados puede quedarse en 2.800 euros una vez aplicados descuentos, bonificaciones, y deducciones, frente a un presupuesto inicial cercano a 12.000 euros. Una vivienda adosada de 150 metros cuadrados bajaría a 2.300 euros desde 13.200 euros. La paradoja es evidente: la casa grande acaba pagando menos que el piso pequeño, porque el tramo fiscal de 9.000 euros está reservado a las unifamiliares. El importe que reste se puede financiar a 24 meses sin intereses.
Un ahorro del 70% que exige suelo radiante

La aerotermia funciona con una bomba de calor que extrae energía del aire mediante un ciclo termodinámico y cubre calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria. Iberdrola cifra el recorte de consumo en hasta un 70% frente a una caldera de combustión, pero ese dato solo se sostiene cuando la vivienda dispone de suelo radiante. Si el sistema trabaja sobre radiadores convencionales, la horquilla baja al 40%.
Hay una diferencia que no es menor. Buena parte del parque residencial español calienta sus casas con radiadores, de modo que el ahorro que verá la mayoría de los hogares es el del 40%, no el del 70%. La cifra máxima exige una reforma adicional cuyo coste no aparece en las estimaciones que maneja la compañía y que puede elevar el desembolso muy por encima del ejemplo publicado. La bomba de calor y el suelo radiante no son el mismo producto, aunque el folleto los presente juntos.
El calendario tampoco es neutro. La oferta caduca el 1 de diciembre, justo cuando la demanda de calefacción se dispara. Quien firme en el último tramo tendrá difícil ver la instalación terminada antes de los primeros fríos, porque la disponibilidad de instaladores certificados suele ser el cuello de botella real del sector, por encima del precio del equipo.
El movimiento presiona al resto del mercado. La aerotermia ha dejado de ser un producto de nicho para convertirse en una palanca de captación: en un negocio de suministro con márgenes estrechos, quien coloca una bomba de calor gana un cliente eléctrico durante años y le resta combustible fósil a la competencia. Los programas equivalentes se han vuelto moneda común entre las grandes comercializadoras, y la presión para igualar el porcentaje llegará antes de que acabe el año.
Aerotermia, CAE y captación de clientes: la letra pequeña del descuento de Iberdrola
El 85% no es filantropía. Quien instala una bomba de calor incrementa su consumo eléctrico, reduce el de gas y queda vinculado a una comercializadora durante años. El saldo de 1.000 euros en Mi Iberdrola refuerza esa lógica, porque solo se canjea en la factura de la luz y no se puede retirar en efectivo. La ayuda es, en la práctica, una herramienta de fidelización con una vida útil de una década.
Hay un segundo riesgo menos visible. La parte más abultada del descuento se apoya en los Certificados de Ahorro Energético, un instrumento de mercado cuyo valor depende de la demanda de los sujetos obligados. Si el precio del CAE se estrecha, los 3.600 euros que hoy se anuncian serán difícilmente replicables en la próxima campaña. La oferta está expuesta al regulador tanto como al precio del gas que pretende desplazar.
La aerotermia deja de ser un producto de nicho cuando el descuento roza el coste total, y eso es lo que ha ocurrido con la campaña de este otoño.
El contexto tampoco invita a la euforia. El parque residencial español lleva más de una década sustituyendo calderas al ritmo que marcan los incentivos públicos, y la electrificación de la calefacción sigue siendo una de las asignaturas pendientes de la descarbonización doméstica. Los planes renove han sido el instrumento recurrente, con resultados desiguales según la coyuntura del gas. Ahora que el precio del gas se ha normalizado, el argumento de venta ya no es el ahorro inmediato sino la previsibilidad de la factura a diez años.
Queda una pregunta abierta que ninguna campaña responde: cuántos hogares están dispuestos a afrontar una obra de este calibre cuando el invierno ya está encima. El 1 de diciembre marcará el primer dato. La evolución del precio de los CAE y el movimiento del resto de comercializadoras dirán si el 85% fue un golpe comercial aislado o el nuevo suelo del mercado.





