Cercanías de Euskadi estrena Lottu entre Bilbao y Orduña y Adif moviliza 1.000 millones hasta 2030

El estreno llega casi dos años después de que el Ejecutivo autonómico asumiera la gestión de las Cercanías, el 1 de enero de 2025. El cambio de imagen convivirá durante años con la rotulación de Renfe y dependerá de la llegada escalonada de once trenes de la serie 447.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La primera unidad rotulada con Lottu, la nueva marca de Cercanías Euskadi, rueda desde hoy en pruebas por la C-3 entre Bilbao y Orduña y se incorporará al servicio en unas semanas.
  • ¿Quién está detrás? El Departamento de Movilidad del Gobierno vasco, que asumió la gestión el 1 de enero de 2025, y Adif, responsable de vías, andenes y estaciones.
  • ¿Qué impacto tiene? Once trenes de la serie 447 con acceso a nivel de andén para los 20.000 usuarios diarios de la línea más transitada de Euskadi, dentro de un plan de 1.000 millones hasta 2030.

La primera unidad de Lottu, nueva marca de Cercanías Euskadi, rueda desde hoy en pruebas entre Bilbao y Orduña por la C-3.

El estreno simbólico llega casi dos años después de que el Gobierno vasco asumiera la gestión de las Cercanías ferroviarias, el 1 de enero de 2025, y casi un año después de que la ciudadanía eligiera el nombre en una encuesta pública: Lottu, ‘unir’ en euskera. La consejera de Movilidad, Susana García Chueca, presentó este lunes la rotulación coincidiendo con la visita del secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, a las obras de la estación de Basauri.

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Los trenes que hoy circulan con la imagen de Renfe no se van a serigrafiar. El Ejecutivo autonómico ha adquirido una primera tanda de once unidades de la serie 447 —la mayoría de las actuales son del modelo 446— y las irá incorporando a la C-3 conforme las reciba. Después llegará el resto de la red vizcaína. Durante varios años convivirán, por tanto, la imagen antigua y la nueva.

El salto técnico no es cosmético. Las 447 son más silenciosas, transmiten menos vibraciones y sitúan el suelo del vagón a la altura del andén, lo que resuelve el principal obstáculo para las personas con movilidad reducida. Colectivos de viajeros llevaban años denunciando la escalerilla que había que salvar en los apeaderos de la C-3, la línea más utilizada de Euskadi con unos 20.000 usuarios diarios.

A lo largo del verano el Gobierno vasco trasladó desde la red de Gipuzkoa algunas unidades adaptadas para ofrecer accesibilidad universal en determinadas horas. El objetivo declarado es que, cuando estén operativos los once convoyes, todos los trenes de de la ruta sean accesibles.

El tren nuevo resuelve la escalerilla, pero no el andén: sin las obras de Adif, media revolución se queda en el aire.

La otra mitad depende del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias. El Adif invierte casi 30 millones en remodelar la estación de Basauri y tiene en marcha los talleres y el lavadero de Ollargan, que dan servicio a la C-3. Santano habló de una ‘revolución silenciosa’ en los núcleos de Cercanías de Euskadi y cifró en 1.000 millones la inversión prevista hasta 2030: 600 se quedarán en Bizkaia y permitirán transformar Zorroza, Olabeaga y los andenes de la propia C-3.

El reparto de tareas marca el ritmo. Los trenes son competencia autonómica desde la transferencia; la vía y los apeaderos siguen en manos del Estado a través de Adif. De ahí que la consejera reconociera que ‘queda mucho trabajo por hacer’ y que la implantación de la marca se quiera vincular a una mejora progresiva del servicio, no a un cambio de pegatina.

El esquema recuerda al de otros traspasos ferroviarios. En Euskadi ya existe Euskotren, la marca propia del Gobierno vasco para su red de vía estrecha; ahora le toca el turno a las Cercanías de vía ancha. En Cataluña, Ferrocarrils de la Generalitat opera desde hace años líneas transferidas con identidad propia.

Lo que observamos es un pulso de competencias más que un cambio de logo. El Ejecutivo autonómico presume de gestión propia y Adif conserva la llave de las estaciones, que es donde el viajero nota de verdad el servicio. La C-3 es el mejor escaparate posible y también el más exigente: cualquier retraso en los andenes se leerá como un fracaso de la marca recién nacida.

El calendario aprieta. Las once unidades 447 llegarán de forma escalonada y la entrada en servicio comercial está prevista en cuestión de semanas, sin fecha cerrada sobre el papel. Queda faena.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El impacto para el viajero se mide en dos planos. En el bolsillo, poco cambia: el billete de Cercanías mantiene tarifas y abonos. En la experiencia diaria, sí: accesibilidad universal, menos ruido y menos vibración en una línea que mueve 20.000 personas al día, la cifra más alta de toda la red vasca. La zona cero es Bizkaia y, muy especialmente, el corredor Bilbao-Orduña, con Basauri como obra estrella gracias a esos casi 30 millones de Adif. El dato que resume la operación son los 1.000 millones comprometidos hasta 2030, de los que 600 se quedarán en territorio vizcaíno. El pulso entre agentes es evidente: el Gobierno vasco controla el material rodante y la imagen, Adif controla los andenes, y el usuario solo percibe el resultado de la suma. Como precedente sirve el propio traspaso, ejecutado el 1 de enero de 2025, que ya dejó claro que una transferencia de gestión no equivale a una transferencia de infraestructura. El punto débil es ese: si los apeaderos de la C-3 no se adaptan al ritmo al que llegan los 447, la accesibilidad universal quedará coja durante años y la marca nueva arrastrará la factura de la vieja.

El estreno comercial de los once 447 marcará el reloj. Hasta entonces, Lottu es una promesa rotulada en un tren que aún circula en pruebas.


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