EE.UU. y China amplían las exenciones arancelarias y abren un canal de diálogo sobre IA antes de la cumbre Trump-Xi

El acuerdo alcanzado en Nueva York entre Bessent y He Lifeng desvía la presión arancelaria hacia los bienes no sensibles. Para la industria europea, la tregua abre una ventana de precios más estables en chips y componentes, pero no resuelve el control de las tierras raras.

He seguido el diálogo EEUU China IA durante las últimas 48 horas y el giro es más técnico que político. La reunión del domingo en la sede de JPMorgan, en Nueva York, no desmonta la guerra comercial: la desplaza hacia el terreno de los bienes que ninguna de las dos potencias quiere ver encarecidos.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino He Lifeng cerraron allí un principio de acuerdo con dos patas. La primera consiste en excluir los bienes considerados «no sensibles» de futuras rondas de exenciones arancelarias. La segunda, más novedosa, crea un canal formal de conversación sobre inteligencia artificial. Ambos elementos debían preparar la cumbre entre Trump y Xi prevista para esta misma semana, según han recogido Nikkei Asia y Al Jazeera.

Publicidad

Conviene fijarse en el lenguaje. Nadie ha hablado de retirada de aranceles, ni de desescalada, ni de un acuerdo comercial amplio. Se habla de carve-outs: compartimentos estancos en los que las dos administraciones se comprometen a no añadir nuevos gravámenes. Es una arquitectura de gestión del conflicto, no de resolución.

Las tres piezas del acuerdo y lo que aún no se ha publicado

De lo comunicado por la delegación estadounidense se pueden aislar tres elementos con consecuencias muy distintas para la cadena de suministro global.

  • Exención de bienes no sensibles. Ni el comunicado ni las filtraciones detallan qué partidas entran en la lista, y esa ambigüedad es deliberada: permite anunciar una tregua sin renunciar a ningún instrumento.
  • Canal de notificación en IA. Washington y Pekín aceptan por primera vez un marco bilateral para discutir usos y riesgos de la inteligencia artificial, cuatro años después de que arrancaran los controles sobre semiconductores y herramientas de litografía.
  • La cumbre de la semana. El encuentro entre Trump y Xi es el verdadero plazo; lo acordado en Nueva York se lee como preparación, no como resultado.

Lo que me interesa de este diseño es su asimetría. Washington obtiene un mecanismo para vigilar los usos militares de la IA china; Pekín gana aire para sus exportadores manufactureros sin ceder un ápice en los minerales críticos que domina. Nadie ha soltado su arma.

Bessent describió el encuentro como «muy exitoso» y subrayó que sienta las bases de la cumbre de esta semana. — Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, declaraciones a la prensa en la sede de JPMorgan, Nueva York, 20 de septiembre de 2026

Son funcionarios estadounidenses quienes han puesto adjetivos y titulares al acuerdo. La parte china no ha difundido una valoración equivalente, y ese silencio también comunica: Pekín prefiere no comprometerse ante su opinión pública interna hasta comprobar qué concede la Casa Blanca en la reunión de alto nivel.

Lo que este pacto tiene del acuerdo de 2020 y en qué se diferencia

exenciones arancelarias China

La comparación con la fase uno firmada en enero de 2020 resulta inevitable, aunque el paralelismo engaña. Aquel texto se apoyaba en compras cifradas de productos agrícolas y energéticos y en un mecanismo de solución de disputas que nunca se activó. El de ahora no promete volúmenes: promete procedimiento. Es un acuerdo de capa regulatoria, y ahí reside su fuerza y su fragilidad.

Ambas capitales necesitan esta tregua por motivos internos. Pekín arrastra un exceso de capacidad industrial que busca salida exterior; Washington quiere llegar a la cumbre con un resultado presentable ante su electorado manufacturero. Coinciden en el corto plazo y discrepan en casi todo lo demás.

El riesgo que los datos no resuelven es la reversibilidad. Nada impide que una de las partes declare «sensible» un producto al día siguiente de publicarse la lista, ni que el canal de IA quede vacío de contenido si la cumbre no produce gestos verificables. El decoupling tecnológico no ha terminado: ha cambiado de formato.

🌐 El efecto dominó en Occidente

Para las bolsas europeas, la señal llega como una rebaja de la prima de riesgo geopolítico. Si la lista de bienes excluidos incorpora componentes electrónicos y maquinaria, las importaciones intermedias de la eurozona dejan de encarecerse por vía arancelaria y la presión sobre el IPC industrial se modera.

  • Inflación en España: el efecto es indirecto y llega por precios de importación y coste del flete. Una tregua prolongada refuerza la tendencia desinflacionista con la que ya trabaja el BCE.
  • Empresas europeas expuestas: automoción, química y bienes de equipo con producción en China y ventas en Estados Unidos ganan previsibilidad a doce meses, aunque siguen expuestas a los controles de semiconductores.
  • Euríbor y BCE: menos ruido comercial equivale a menos volatilidad en las expectativas de tipos. Si la desinflación de bienes importados se consolida, el mercado volverá a descontar recortes adicionales en 2027.
  • Relocalización: cada exención frena el nearshoring y las estrategias China+1 que empujaban a Vietnam y México, y retrasa decisiones de inversión de multinacionales europeas otro trimestre.

La clave para el lector español está en un documento que todavía no existe: la lista de bienes no sensibles. Su publicación, o su ausencia, dirá si esto es una tregua real o una pausa táctica antes de la siguiente ronda.


Publicidad